Dicho así dicho así, efectivamente, parece un poco raro parece un poco raro que haya una monarquía en en España, ¿no? De hecho, aunque al principio el rey Juan Carlos primero era era una incógnita y y nadie sabía muy bien quién era, qué pensaba realmente y qué intenciones tenía, Lo cierto es que pronto se hizo muy popular y y se ganó el respeto de la mayoría de la gente. Incluso los partidos políticos republicanos más importantes, como el partido socialista y el partido comunista de España, tan republicanos ellos, terminaron por reconocerlo como jefe del estado. ¿Cómo fue esto posible? ¿Por qué por qué aceptaron los españoles al rey?
¿Por qué incluso los socialistas y los comunistas estaban de acuerdo en que Juan Carlos primero fuese el rey de Estado el dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis, se alzaron en armas contra el gobierno republicano, el gobierno de la Segunda República, que era el gobierno legítimo, el gobierno que había sido elegido en las urnas por todos los españoles. Este golpe de estado de mil novecientos treinta y seis tuvo éxito en algunas zonas de España, pero en otras fracasó. La consecuencia fue una cruenta guerra civil de tres años, desde mil novecientos treinta y seis a mil novecientos treinta y nueve, en la que se enfrentaron, por un lado, los partidarios de la República y, por otro, los partidarios de un sistema de un sistema autoritario de estilo fascista como la Italia o 0 la Alemania de aquella época. Lo que pasó ya es ya es historia. Los militares sublevados ganaron la guerra civil y Franco fue nombrado generalísimo, generalísimo de todos los ejércitos y caudillo de España por la gracia de dios.
Daba comienzo así una una dictadura que duraría casi cuarenta años. Los perdedores, los perdedores de la guerra civil, los rojos, los republicanos, tuvieron que exiliarse en el extranjero y los que se quedaron en España sufrieron una una feroz represión durante la posguerra. Entonces, seguramente, teniendo en cuenta todos estos hechos históricos, lo más lógico, lo más democrático, lo más normal hubiera sido que, claro, tras la muerte del dictador se restableciera la república, que al fin y al cabo era el sistema de gobierno legalmente establecido en España antes de la dictadura franquista. ¿Por qué entonces, tras la muerte de Franco y la vuelta de la democracia a España, se optó se optó por restablecer la monarquía en lugar de la república? Esto es algo que llama mucho la atención a algunas personas, especialmente cuando se piensa que el rey Juan Carlos primero había sido nombrado por Franco como su sucesor, su heredero político, para que mantuviera en pie el régimen después de su muerte.
¿Por qué tras la muerte de Franco en mil novecientos setenta y cinco y la vuelta a la democracia no se volvió a restablecer la República? Que era el sistema legítimo que había en España antes de la dictadura. Bueno, pues como como todo en la vida, como todo en la vida, las cosas para entenderlas hay que ponerlas en contexto. Hay que ponerse hay que ponerse en la piel de la gente que vivió aquella época. Como como mi tía la mayor, por ejemplo, mi tía la mayor, que había había sido enfermera durante la guerra civil y la posguerra, y no quería no quería ni oír hablar de la república.
La sola mención, la sola mención de la palabra república, a ella le ponía la piel de gallina, le daban le daba de escalofríos, le daba de escalofríos si escuchaba esa palabra en boca de alguien. Me acuerdo me acuerdo de un día me acuerdo de un día que mi tía y yo volvíamos del mercado, debía de ser el año mil novecientos setenta y siete, creo, y volvíamos los dos cargados con bolsas de la compra cuando, de pronto, pasó a nuestro lado un coche de color rojo que iba haciendo propaganda del partido comunista. Los del coche llevaban dos dos banderas enormes, ondeando al viento por fuera de cada una de las ventanillas. Una bandera roja comunista con la hoz y el martillo por fuera de la ventanilla izquierda y otra tricolor, la bandera de la república, por fuera de la ventanilla derecha. Por los altavoces, además, sonaba a todo volumen el himno de riego, el el himno de de la España republicana.
A mi tía a mi tía le cambió el color de la cara y se puso blanca se puso blanca como el papel. Se quedó mirando la escena con los ojos desencajados como si como si estuviera viendo al mismo diablo. Para colmo para colmo. Uno de los tíos, uno de los tíos que iban dentro del coche, un chico joven de pelo largo, un un melenudo, un melenudo con barba que que se parecía un poco a a Carlos Marx, al darse cuenta de de cómo de cómo los miraba mi tía, asomó la cabeza por la ventanilla sonriendo y y, saludando con el puño cerrado, nos gritó salud y república. Durante unos segundos, mi tía y yo nos quedamos allí parados en en mitad de la acera, sin movernos, como dos pasmarotes, con las bolsas de la compra en las manos y mirando embobados a a aquel coche que se iba alejando lentamente calle abajo con sus banderas donde ando al viento y del que salía aquella música que que yo hasta entonces no había escuchado jamás, una música que a mí me parecía antigua y nueva al mismo tiempo.
Seguramente, aunque entonces yo todavía no lo sabía, porque esa era la música de de los que habían perdido la guerra civil y y había estado prohibida durante durante todos los años del franquismo. Por eso yo no lo había escuchado nunca. Mi tía y yo nos quedamos allí parados de pie en mitad de la acera hasta que el vehículo giró a la izquierda, se metió en una en una bocacalle estrecha YYY lo perdimos de vista. Los himnos poco a poco también se fueron apagando en la distancia. Yo yo me había quedado muy sorprendido porque era la primera vez que que veía algo así y todavía no entendía qué significaba.
Mi tía, la mayor, en cambio, se había quedado petrificada, muerta de miedo. Probablemente, porque ella sí, ella sí que sabía lo que significa lo que significaban esas banderas y esa música. De repente, me cogió de la mano y me dio un fuerte tirón para para que empezara a moverme otra vez. Y me dio un fuerte tirón para para que empezara a moverme otra vez. Vamos vamos, niño, ¿qué haces ahí parado?
¿No no no no ves la hora que es? A pesar de a pesar de su edad y y del peso de las bolsas de la compra que llevaba, mi tía se puso se puso a caminar de prisa en dirección a la casa, iba iba a paso ligero, tirando de mí con con fuerza para para que no me quedase atrás. Vamos vamos date prisa date prisa que que todavía tengo que poner el arroz. Yo todavía no no lo sabía, pero a mi tía la mayor le producía urticaria ver cualquier símbolo del bando que había perdido la guerra civil, era algo así como una reacción alérgica o como un reflejo condicionado. Era era ver una bandera tricolor de la República o escuchar el himno de riego o 0 alguna canción republicana y se echaba a temblar.
Abría los ojos de de par en par, se ponía blanca como el papel y casi casi le salían sarpullidos en la piel. De hecho, ahora que caigo, ahora que caigo, recuerdo que cuando mi tía entraba en mi habitación, en mi dormitorio, y y veía que había dejado todo por medio, la ropa sucia tirada por el suelo, los libros encima de la cama, todos los juguetes fuera de su sitio, me decía, pero pero ¿qué es esto, niño? Qué desorden, esto parece una república. Tienes la habitación tienes la habitación que que que parece una república. Hasta que no pongas todo en orden no sales a la calle.
Yo, entonces, claro, no me daba cuenta, pero ahora, con la perspectiva que dan los años, entiendo entiendo la mentalidad de mi tía y de otras muchas personas de la época que que asociaban que asociaban la república al caos y y al desorden, que que al ver la habitación desordenada desordenada de un niño de diez u once años a mi tía solo se le ocurriera decir que aquello parecía una república, dice mucho de cómo veían las cosas y cómo interpretaban la historia de España una buena parte de los españoles de aquella época, porque mi tía no era la única que pensaba así, obviamente. Tras tras haber vivido los convulsos años de la Segunda de la Segunda República, la guerra civil y cuarenta años de dictadura en en los que los vencedores habían inculcado en la población la idea de que la República había sido un período caótico, anticristiano, inmoral, ateo, plagado de crímenes y revoluciones sangrientas, en el que los enemigos de dios y de España habían tomado el poder, era normal, era normal que mucha gente, como mi tía, sintiese escalofríos ante la sola mención de la palabra república. La propaganda franquista se había encargado de de lavar el cerebro de la población durante más de cuarenta años a través del del dominio absoluto de la educación, de la censura y de un fuerte control sobre los medios de comunicación, la radio, la televisión, la prensa escrita, etcétera.
Recuerdo que en mi casa había algún libro de de historia de España que mis primos mayores se habían dejado olvidado de cuando ellos iban a la escuela, en los años cincuenta y sesenta, más o menos. De niño recuerdo haber leído en alguno de esos libros que la República había sido un período terrible, violento, inmoral, donde donde solo reinaba el desorden más a más absoluto y que fue Franco el que, con la ayuda de dios, salvó a España del comunismo y restableció la paz entre los españoles. Recuerdo que mi tía, la mayor, hablaba a veces de aquellos años con sus amigas, Yo, que apenas tenía entonces unos diez años, la escuchaba embobado y me me parecía que que hablaba de un tiempo antiquísimo, casi prehistórico. Supongo que esa es la sensación que tiene un niño de hoy en día de hoy en día cuando oye hablar a los viejos como yo de los años setenta o de los años ochenta. Recuerdo que siempre que salía en la conversación el tema de la república, mi tía solía contar la misma anécdota.
Yo me me la sabía casi de memoria. Los los viejos de antes eran así, repetían la las mismas cosas una y otra vez. Mi tía, la mayor, solía contar que que el catorce de abril de mil novecientos treinta y uno ella iba sola por la por la calle Reyes Católicos en el centro de Granada y que de pronto empezaron a pasar un montón de coches y de camionetas con banderas tricolores, la en la parte de atrás de las camionetas iban un un montón de obreros con con el puño cerrado dando saltos, cantando el himno de riego y gritando libertad, libertad, libertad. A mi tía le le llamó la atención que entre los obreros hubiese también algunas mujeres. Ella era una señorita católica y decente, y las señoritas católicas y decentes no se mezclaban con los obreros en la parte de atrás de una sucia camioneta.
Luego luego apareció una multitud, apareció una multitud que inundó la calle y las aceras, venían corriendo hacia donde estaba ella. Eran obreros, pero también vio a muchas mujeres, gente en bicicleta, niños, e incluso algunos tullidos que llegaban arrastrando las piernas como buenamente podían. Iban todos riendo y gritando como salvajes, decía mi tía, como salvajes, arrasando con todo y con todos los que encontraban a a su paso en dirección a la plaza del ayuntamiento. Contaba mi tía que pasaban a su lado con tanta violencia que se tuvo que echar a un lado para que no la tirasen al suelo. Iban todos gritando viva la república muerte al rey.
Yo yo yo estaba sola, yo estaba sola y todavía era casi una niña, me asusté mucho, no entendía qué estaba pasando, parecía que se habían vuelto todos locos. Ella ella siempre ella siempre contaba que que había entrado en un en un portal para refugiarse y que allí un señor con sombrero se le acercó por detrás y le dijo en voz baja al oído, señorita, señorita, váyase usted a su casa inmediatamente. Cuando estos empiezan a pedir libertad, lo que quieren es el caos, el desorden y hacer lo que les dé la gana sin respeto a la autoridad. Una señorita como usted, una señorita como usted no debería estar aquí. Mi tía mi tía entonces se asustó aún más, claro, se asustó se asustó aún más y y se fue se fue de allí a paso ligero, casi corriendo.
Ella ella decía que desde aquel día desde aquel día, el catorce de abril de mil novecientos treinta y uno, para ella la día, el catorce de abril de mil novecientos treinta y uno, para ella la palabra república estaba asociada a desorden, caos, peligro y violencia. Yo yo entonces todavía no lo sabía, pero luego aprendí luego aprendí que aquel día, el catorce de abril de mil novecientos treinta y uno, fue el día en el que se proclamó la Segunda República. La escena que había vivido mi tía en Granada y que tanto miedo le había causado tuvo lugar también en otras muchas ciudades de España. Aquel mismo día, tan solo unas horas después de que los partidos monárquicos que lo apoyaban sufrieran una gran derrota en las elecciones municipales, el rey Alfonso trece decidió que era mejor dejar España, al menos durante un tiempo. En cuanto se supo en cuanto se supo que el rey había abandonado el país, los partidarios de la república se echaron a la calle en numerosas ciudades para exigir el cambio de régimen.
Esa esa misma tarde noche del catorce de abril, mientras el rey partía al exilio, en Madrid se proclamaba oficialmente la república. Todo se había desarrollado de una forma rápida y trepidante, casi dramática, había había sido una cuestión de horas. España se había acostado una noche siendo monárquica y se había levantado a la mañana siguiente siendo republicana. Más tarde me enteré de que lo que lo que mi tía había vivido con miedo, con ansiedad, como un peligro, como una amenaza. Otros, sin embargo, lo habían vivido como una fiesta, con con alegría, como una liberación, como un sueño que finalmente se cumplía.
España era, por fin, una república. A diferencia de mi tía, muchos españoles habían vivido aquel catorce de abril de mil novecientos treinta y uno con mucha esperanza, con la esperanza de que en el futuro España fuese un país más libre, más justo y más alegre. Sin embargo, los años siguientes, los años de la Segunda República no no sirvieron para tranquilizar mucho a mi tía, la verdad. Los diferentes gobiernos de la República intentaron intentaron llevar a cabo reformas importantes del país que buscaban la modernización de España a nivel político, económico y social, pero pero nadie parecía estar contento con estos cambios. Para la izquierda más radical, estas reformas se quedaban cortas, es decir, eran insuficientes y llegaban demasiado tarde.
Los socialistas más radicales, los comunistas y los anarquistas reclamaban cambios más profundos y rápidos, lo que en muchas ocasiones dio lugar a desórdenes callejeros y huelgas violentas o, como en el caso de Asturias, intentonas revolucionarias que acabarían en un baño de sangre. Cada vez eran más frecuentes los enfrentamientos armados entre militantes de extrema derecha y de extrema izquierda, así como la quema de iglesias y conventos, y los asesinatos de destacados políticos, como el diputado conservador Joaquín Calvo Sotelo. Los sectores más derechistas de la población, por su parte, acusaban a los gobiernos de la República de tolerar estos desórdenes o, incluso, de ser sus cómplices, y tenían miedo de que se acabase por romper la unidad de España como nación o que terminase triunfando una revolución comunista. Además, veían muchas de las reformas de los gobiernos republicanos como un ataque a la iglesia católica, a la moral y a los valores más tradicionales. La gente de derechas vivía siempre con la amenaza de que hubiera una revolución comunista o 0 de que el caos y la anarquía se apoderasen completamente del país.
La gente de izquierdas, por su parte, temía que el ejército diera un golpe de estado y y mucha gente se preguntaba no si los militares darían un golpe, sino cuándo darían el golpe. De hecho, una buena parte del ejército, animado por la derecha más más radical, se sentía responsable del destino de España y y muchos militares pensaban que era su deber intervenir por por la fuerza si consideraban que los políticos ponían la patria en peligro o no eran capaces de mantener el orden. Lo que al final, como sabemos, terminó sucediendo. El dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis se produjo el levantamiento armado de una parte del ejército contra la República y empezó una guerra civil que duraría tres años y desembocaría en la dictadura del general Franco. Pero de todo eso ya hablaremos otro día.
Por el momento por el momento solo quería recordar algo que me parece importante a las personas que se preguntan por qué por qué España es actualmente una monarquía. A la muerte de Franco, a la muerte de Franco, muchos españoles pensaban que la forma del estado debería volver a ser la república. Al fin y al cabo, esa ese era el sistema el sistema de gobierno legítimo contra el que se habían levantado los militares en mil novecientos treinta y seis. Además, muchos recordaban los años de la Segunda República como un tiempo en el que se habían intentado hacer leyes más justas para aliviar las condiciones tan miserables en las que vivían los trabajadores y los campesinos y mejorar la educación y la salud del pueblo, dar el voto a las mujeres, legalizar el divorcio, separar la iglesia del estado, en fin. Lo que se buscaba era modernizar el país y sacarlo del atraso al que había estado sometido desde hacía siglos por la monarquía, la iglesia y las clases altas, que se negaban a ceder sus privilegios.
Sin embargo, también es verdad que había mucha gente conservadora tradicional, católica, como mi tía, la mayor, que no querían ni oír hablar de la república YYY asociaban esta forma de gobierno al caos, al desorden, a la inmoralidad, al ateísmo, a los ataques a la religión, a la revolución comunista y a la violencia política. Quizás era porque habían vivido los los convulsos años de la República de de forma traumática, como un período caótico lleno de violencia política o tal vez tal vez porque el franquismo les les había lavado el cerebro durante cuarenta años, exagerando y tergiversando lo que en realidad había pasado durante la Segunda República, pero el caso es que mucha gente no estaba dispuesta a tolerar que la muerte de Franco, cuarenta años después del fin de la guerra civil, seguía habiendo dos Españas, una España de derechas, conservadora, religiosa y tradicional, y una España de izquierdas progresista, anticlerical y revolucionaria. Estas eran las dos Españas que se habían enfrentado en la Guerra Civil, que durante tres años, de mil novecientos treinta y seis a mil novecientos treinta y nueve, asoló el país y provocó miles de muertos y represaliados. Ahora, en mil novecientos setenta y cinco, con el dictador desaparecido, el fantasma de un nuevo enfrentamiento armado entre españoles volvía a aparecer y muchos temían que se produjera un nuevo baño de sangre.
Tras la muerte de Franco, eso era lo que había que evitar a toda costa, un nuevo enfrentamiento armado. Eso era lo más urgente en aquellos momentos. Fue en en este contexto que la mayoría de los partidos políticos españoles, incluso los más republicanos del partido socialista y el partido comunista de España incluidos, aceptaron aceptaron que la forma de gobierno en España fuera, al menos de momento, la monarquía. Lo fundamental lo fundamental era que hubiera democracia, que volvieran los exiliados, que se amnistiaran y se dejaran en libertad a los presos políticos que había en las cárceles, que se legalizaran, que se legalizaran todos los partidos, que hubiera elecciones para elegir al gobierno. En suma, lo lo verdaderamente lo verdaderamente importante era que hubiese democracia.
Si si la forma de gobierno era la República o la monarquía, eso por el momento era secundario. Los españoles de aquella época, especialmente los partidarios de la República, entendieron que no valía la pena discutir de si era mejor la república o la monarquía y arriesgarse a un nuevo enfrentamiento entre españoles. Los partidos los partidos republicanos continuaron siendo republicanos sobre el papel, pero entendieron que en aquellos momentos no valía la pena empecinarse en ese tema cuando había otras cosas más importantes y más urgentes por hacer, como cómo escribir una constitución democrática, por ejemplo. De hecho de hecho, los los barbudos que mi tía y yo vimos aquel día ondeando la bandera republicana por las calles de Granada no volvieron a verse. Los partidos de izquierda dieron órdenes a sus militantes de no exhibir la bandera tricolor y aceptar, en cambio, como única bandera de España, la bandera roja y amarilla, la bandera monárquica.
La la bandera tricolor traía malos recuerdos a muchos españoles y podía verse como como una provocación por parte del ejército. El el debate sobre la sobre la forma del estado se se aplazaba así temporalmente. Más adelante, cuando la situación política fuese más estable, ya intentarían establecer de nuevo la República en España. Además, Juan Carlos primero, aunque había sido nombrado por Franco como su sucesor y, de hecho, de hecho, elogiaba la figura de Franco, había dicho que quería ser el rey de todos los españoles, de todos los españoles. ¿Sería verdad?
¿Sería de verdad Juan Carlos primero el rey de todos los españoles, incluidos incluidos los españoles republicanos, aquellos que perdieron la guerra civil? Bueno, de eso de eso hablaremos otro día. Por ahora lo dejamos aquí, ahora tengo que tengo que ir a lavar los platos, pasar la aspiradora y poner un poco de orden poner un poco de orden en la casa que está todo por medio, está está todo hecho un desastre y, ¿cómo diría cómo diría mi pobre tía si estuviera aquí y la pudiera ver, tengo la casa tengo una casa que parece una república. Un saludo y hasta pronto. Hasta aquí el episodio de hoy, muchísimas gracias por escuchar hasta el final.
Si quieres leer la transcripción de este episodio o de los episodios anteriores de nuestro podcast, visita nuestra página web, 1000 anuant reasons to learn spanish. Allí encontrarás también ejercicios y muchos recursos para aprender español. Hasta pronto.