00:00
00:00
Español con Juan es un podcast en español para aprender español. Si tienes un nivel intermedio o intermedio alto de español, nuestro podcast te puede ayudar a mejorar tu nivel de comprensión y a aprender gramática y vocabulario en contexto, de una forma natural, escuchando los comentarios y las divertidas historias de Juan. Puedes leer la transcripción de cada episodio en nuestra página web, 1001 reasons to learn Spanish. Hola, chicos, ¿qué tal? ¿Qué tal?

Bienvenidos, bienvenidos a un nuevo episodio de Español con Juan. Hoy, hoy quería hablar de un tema que a me interesa mucho. Se trata de la cuestión de cuál es cuáles son los límites del humor, es decir, ¿tiene tiene límites del humor? ¿Se pueden hacer chistes sobre cualquier tema? ¿O hay temas, situaciones, grupos, ideas de de las que es mejor no bromear?

Para para evitar ofender o herir los sentimientos de de otras personas. Este es un este es un debate que aparece de forma recurrente en los medios de comunicación, cada vez que alguien dice algo o hace algo que algunos colectivos pueden considerar ofensivo. Normalmente, se trata de un humorista, pero también puede ser un cantante, un actor, un periodista. Estos días, en en España hay una polémica en torno a la portada de una revista que se llama Mongolia. Se trata de una revista que hace un humor muy satírico, con viñetas o chistes sobre temas sobre temas muy tabúes 000 delicados, como por ejemplo la religión o la monarquía, y a menudo además lo hace con un lenguaje que podríamos llamar vulgar, y con con dibujos y viñetas que muchos que muchas personas consideran de de muy mal gusto.

En uno de los últimos números de esta revista, Mongolia ha publicado una portada que ha causado el enfado de muchos católicos, que la han considerado un ataque a sus sentimientos religiosos. Se trata de una imagen en la que se ve a la Virgen María y a san José al lado del niño Jesús, que acaba de nacer. Sin embargo, el niño Jesús viene representado como un excremento. Algunas asociaciones religiosas han presentado una denuncia y piden el cierre de la revista Mongolia, porque consideran que esta publicación insulta y ofende de forma regular los sentimientos religiosos de muchos españoles. No es la primera vez que algo así sucede, y y supongo que tampoco será la última.

En los últimos años ha habido numerosas controversias desde este tipo. Así, a a bote pronto, a bote pronto, es decir, de forma improvisada sobre la marcha, a bote pronto recuerdo el caso de un cómico que, fingiendo que estaba resfriado, se limpió la nariz en en una bandera española, en en un programa de televisión. Otro otro caso sonado fue el de un humorista que publicó un tuit, en Twitter, obviamente, en el que en el que se mencionaba a una chica con el con el síndrome de Down realizando un acto sexual. Otro otro caso muy polémico fue el de un famoso cómico que hizo algunos chistes sobre gitanos, que fueron considerados racistas. Y hay bastantes hay bastantes casos más de de este tipo, pero en fin, tampoco quiero hacer ahora la lista demasiado larga.

Yo creo que ya ya os hacéis una idea del tipo de chistes a los que me estoy refiriendo. Supongo que casos como esto, de los que un artista es criticado por su falta de sensibilidad hacia determinadas personas o colectivos, es algo que sucede en todos los países. Sin ir más lejos sin ir más lejos en la ceremonia de los Oscar de de dos mil veintidós, tuvo lugar un caso muy sonado también, que tuvo repercusiones en todo el mundo. ¿Os acordáis os acordáis de lo que pasó? Will Will Smith, el el actor, se levantó de su asiento y le dio una bofetada al al cómico que estaba presentando la ceremonia, Chris Rock, por un chiste que este había hecho sobre la calvicie de de su mujer.

Cada vez que algo así sucede, cada vez que un artista realiza un comentario, compone una canción, hace una película, cuenta un chiste o lo que sea y y dice algo que algunas personas consideran ofensivo o de mal gusto, salta salta de nuevo la polémica. ¿Cuáles son cuáles son los límites del humor? Los límites del humor. ¿Se pueden hacer bromas sobre cualquier tema? ¿Se puede decir todo lo que a uno le salga de las narices?

¿Todo lo que a uno se le pase por la cabeza? Aunque algunas personas se sientan heridas, ofendidas, insultadas. ¿Tenía derecho Chris Rock a hacer aquel chiste sobre sobre los problemas de alopecia de de Jada, la mujer de la mujer de Will Smith? ¿Tenía derecho Will Smith a sentirse ofendido y responder del del modo en el que lo hizo agrediendo al cómico para reparar el honor el el honor de de su esposa? El tema el tema de los límites del humor es algo que a me me interesa mucho.

Quizás porque yo a menudo uso el humor en muchos de mis materiales para enseñar español. En mis libros, en mis vídeos y y en ese podcast también, siempre o a menudo, intento darle un toque humorístico a a todo lo que hago. Es algo es algo que me sale de forma natural. A a me resulta muy difícil hablar en serio. Si si me seguís desde hace algún tiempo supongo que os habréis dado cuenta de que estoy siempre buscando el modo de introducir una broma, de contar un chiste, de hacer un juego de palabras.

Pero pero el humor que yo hago es es un humor muy blanco. Es un humor muy sencillo, muy básico. Yo creo que incluso bastante infantil, pueril, es decir, un humor propio de niños pequeños. Me gusta mucho usar el lenguaje corporal, los gestos de la cara, la expresividad de los ojos. Y cuento historias que son, pues, sí, muy tontas, muy tontas, muy simples, muy pueriles.

Historia donde hay muchos malentendidos o confusiones sin ninguna importancia, y donde los personajes meten la pata una y otra vez. En general, como digo, yo creo yo creo que el humor que yo uso es muy blanco, muy muy infantil. Yo sería algo así como el Mister Bing el Mister Bing de los profes de español. Eso sí, normalmente intento reírme de mismo, no de otros. No me gusta usar el humor para reírme de otros, para burlarme de alguien, o para para humillar a a otras personas, ¿no?

Eso eso para no es humor, eso es crueldad y no tiene no tiene nada que ver con el sentido del humor. Usar el humor para hacer daño, para para ridiculizar a otros, para humillar, es lo que hacen, por ejemplo, los matones en los colegios, ¿no? Los niños, los adolescentes que que se ríen o 0 se burlan de de de los niños que llevan gafas, del gordito del que tiene algún problema del lenguaje y no puede articular bien las palabras. En fin, yo yo creo que todos hemos tenido experiencias de ese tipo. Y lo que pasa es que algunos de esos matones de patio de colegio no crecen, no no maduran y continúan usando el humor para hacer daño a otros ya de grandes cuando cuando son adultos.

Eso no es humor, eso eso para es para no es humor. Yo no uso el humor para hacer sentir incómodo para, perdón, para hacer sentir incómodas a otras personas o para o para ofender. Yo no me lo paso bien humillando o insultando a otras personas. Me gusta usar el humor para crear un ambiente agradable, para que todos nos lo pasemos bien, para que todos nos riamos. Supongo que, bueno, supongo que los chistes que yo hago son los lo que se llaman normalmente chistes de padre, ¿no?

Chistes de padre. Es decir, chistes antiguos con un sentido del humor un poco trasnochado, muy anticuado, propio quizás de los años setenta u ochenta, cuando yo era joven, y que quizás hacían reír antes, pero ahora tal vez ya no tanto. Me imagino que el humor que yo hago es un un humor boomer, ¿no? ¿No? Como se dice ahora.

Al fin y al cabo, yo yo soy un boomer, ¿no? Y es normal que en todo en todo lo que hago, YYY por ende también en mi humor, se refleje la la edad que tengo. El sentido el sentido del humor, como todo, pues, cambia, evoluciona. La mayoría de los humoristas que tenían tanto éxito hace cincuenta o sesenta años, hoy en día no nos hacen reír. Además, además, antes se se se hacían chistes sobre temas que en la actualidad, en general, ya no se hacen.

Como como los chistes sobre homosexuales, por ejemplo, o las bromas sobre personas con defectos físicos. De todas formas, de todas formas, no no me importa, No me importa demasiado que mi chiste sea que mi chiste sea un poco boomer, porque porque la mayoría de la gente que me sigue en las redes sociales son tan boomers o 0 más que yo, YYYA esta gente, a esta gente les gusta mi humor y les hacen reír los chistes tontos que yo cuento. Así que, bueno, para para para está bien así, para está bien. Pero volviendo al tema del que hablaba antes sobre los límites del humor, la verdad es que hay chistes o bromas que son muy fuertes y que entiendo que pueden ofender a algunas personas o a determinados colectivos. Burlarse de los sentimientos religiosos de la gente, ridiculizar los símbolos de la nación como la bandera, la monarquía, burlarse burlarse de las víctimas del terrorismo o hacer chistes de pederastas, de pedófilos, de mujeres maltratadas o 0 de víctimas de una violación, son temas que, entiendo, pueden ofender y crear malestar.

Entonces, la pregunta que yo me planteo y que mucha gente se plantea es, ¿hay que poner límites al humor? ¿Hay temas de los que es mejor no hacer chistes o cosas que no deberían decirse? Hay que hay que respetar la libertad de expresión del humorista que hace burla de un atentado terrorista, por ejemplo, o de un símbolo religioso sagrado para para los creyentes de una determinada religión. ¿Hay que tolerar las bromas sobre mujeres violadas, sobre niños que han sido abusados sexualmente? ¿Dónde está dónde está el límite?

¿Dónde hasta hasta dónde se puede llegar? ¿Quién decide? ¿Quién decide lo que se puede decir y lo que no se puede decir? ¿Quién decide sobre qué nos podemos reír y sobre qué no nos podemos reír? He estado leyendo y reflexionando mucho sobre este tema y, en fin, me parece me parece que no es nada fácil, no es nada fácil dar una respuesta clara y definitiva que vaya bien en todos los casos.

Ni ni siquiera ni siquiera los humoristas se ponen de acuerdo sobre cuáles son los límites del humor y cómo decidir hasta dónde se puede llegar. Hay hay varias consideraciones a tener en cuenta. Por un lado, algunos piensan que el límite del humor debería ser el mal gusto, es decir, se puede hacer humor, pero sin caer en el mal gusto, en lo vulgar, en lo ofensivo. El problema es que resulta muy difícil o imposible definir qué es el mal gusto de una manera objetiva. Lo que para una persona puede ser mal gusto o vulgar, para otra persona puede ser algo perfectamente normal.

De hecho, como decía antes, el humor cambia a lo largo del tiempo y en cada período, en cada período histórico es diferente lo que se considera de buen o de mal gusto. Chistes que hace cuarenta años nos parecían normales, hoy nos parecen casposos, anticuados y de mal gusto, y viceversa, chistes que hoy en día son normales, hace cuarenta y cinco años serían vistos como ofensivos. Todavía recuerdo la polémica que hubo cuando se estrenó la película La vida de Bryan, de los Multi Python. ¿Os os acordáis? Muchos católicos se enfadaron muchísimo con con esta película y la acusaban de hereje o de blasfema porque, según ellos, ridiculizaba la figura de Jesucristo.

Hoy en día creo creo que es una película que se ve con absoluta normalidad, Y hay hay muchísimos otros ejemplos similares, ¿no? Entonces, el mal gusto no no se puede usar como un criterio para poner límites estrictos a a lo que se puede decir o no. Porque el el mal gusto es algo muy personal, muy muy subjetivo. Simplemente, no se puede no se puede decir lo que es de buen o de mal gusto de forma objetiva, no podemos hacer una ley basándose en el mal gusto. Piensa, por ejemplo, en un en un helado.

¿Cuál cuál es el mejor gusto de un helado? ¿Chocolate, fresa, nata, vainilla, café, pistacho? No se no se puede establecer de forma objetiva el mejor sabor para un helado, ¿es algo personal? Cada uno se toma el helado con el sabor que más le gusta y nada más, pero no no se puede obligar a todo el mundo a comer el mismo tipo de helado con con un sabor particular. Eso sería sería absurdo, ¿no?

Pues lo mismo pasa con el humor. Cada uno consume el tipo de humor que más le gusta, y nadie y nadie tiene derecho a decir que un helado es objetivamente de mal gusto. Quizás sea de de mal gusto para ti, pero pero no para todo el mundo. O sea, el mal gusto no puede ser un criterio objetivo para establecer los límites de del humor. No creo que se pueda hacer una ley basada en el mal gusto.

Otro criterio, otro criterio que se suele usar para poner límites al humor es si si un determinado chiste es ofensivo o no. Desde este punto de vista, si alguien considera que, de alguna manera, un chiste ofende sus sentimientos, sus creencias, su identidad, sus ideas, entonces habría que prohibirlo. Pero claro, esto es muy peligroso. Si cada vez que alguien dice que algo le ofende, lo prohibimos, ¿entonces no habría libertad de expresión? Aquí aquí se plantea la duda de qué es más importante, ¿La libertad de expresión o el derecho a sentirse ofendido?

A mí, como he dicho antes, no me gusta nada usar el humor para humillar a otras personas, para molestar, para herir los sentimientos de nadie. Hacer humor con la intención de burlarse de alguien de forma cruel, para no es humor. Sin embargo, lo que no podemos hacer es prohibir todo lo que puede ofender a otras personas. Si el criterio si el criterio de lo que es permisible o no depende solo de si causa ofensa a alguien, no habría libertad de expresión, porque cada vez que alguien dice algo que a no me gusta, yo podría decir que me ofende, que ofende mis sentimientos, y y que eso no se puede decir, que no se puede tolerar. La la libertad de expresión correría mucho peligro si se acepta como criterio de lo que se puede o 0 no se puede decir el que el que alguien se sienta ofendido o no.

Eso eso sería muy peligroso, la libertad de expresión tiene que estar por encima, por encima del derecho a sentirte ofendido. tienes todo el derecho del mundo a sentirte ofendido y a manifestar tus sentimientos, pero, cuidado, la libertad de expresión, el derecho a decir lo que a uno le la gana, tiene que estar por encima. Tiene tiene que prevalecer. Y si alguien dice algo que te ofende o 0 te molesta, pues, sencillamente te aguantas, te aguantas, porque es es su derecho, está usando su derecho a expresarse libremente. Otro criterio que también se suele usar para intentar establecer un límite al humor es si el chiste va de abajo arriba o de arriba abajo.

Me explico. Lo que estas personas quieren decir es que se puede hacer humor solo de abajo hacia arriba, es decir, que las personas que están abajo en la sociedad, las personas desfavorecidas, las personas que tienen menos protección, los no privilegiados, pueden burlarse y hacer humor sobre personas o instituciones que tienen poder, que son privilegiados, que están arriba. Pero no se deberían aceptar chistes de arriba hacia abajo, es decir, que las personas las personas que tienen una situación de privilegio en la sociedad no podrían no podrían bromear o hacer no podrían bromear o hacer chistes sobre personas o grupos que que están en una situación de debilidad, como por ejemplo los homosexuales, las mujeres maltratadas, las víctimas de abuso sexual, personas con problemas físicos o mentales, minorías étnicas, en fin, que no se debería usar el humor para reírnos de personas que están en una situación de desamparo, en un estado de necesidad, porque eso sería muy cruel. Desde este punto de vista, solo se podría hacer humor de personas e instituciones que tienen el poder, como el ejército, la iglesia, los ricos, los banqueros, etcétera. Yo, a este criterio, este criterio no lo tengo nada claro, la verdad.

En primer lugar, no estoy muy seguro de que se pueda establecer claramente quién tiene poder o quién es privilegiado en una sociedad. Y en segundo lugar, decir que no se deben hacer bromas sobre ciertas personas o ciertos colectivos, ¿no no es no es una manera de mantenerlos infantilizados? ¿No estamos sobreprotegiendo a estas personas? ¿Es realmente necesario tratar a estas personas de forma diferente? ¿No sería mucho mejor tratar a todo el mundo igual y hacer chistes y bromas de todo el mundo?

Quizás. Esa sería una forma una forma mejor de integrar a la gente en la sociedad, ¿no? Yo, claro, no no soy un especialista en el tema del humor ni ni en el ni en el tema del humor ni en nada, yo no soy un especialista de nada. Pero después de darle mucho al coco, después de darle muchas vueltas a la cabeza, Creo que realmente no no se pueden establecer límites objetivos y precisos a a al humor. No se puede no se puede delimitar, no se puede delimitar lo que se puede decir o lo que no se puede decir de forma absoluta.

La libertad de expresión está por encima de todas las consideraciones que se quieran hacer. El único límite que se me ocurre que se pueda que se puede poner es las la incitación la incitación al odio, a la violencia. Si usas el humor para promover el odio o 0 la violencia hacia determinadas personas, entonces, sí, eso eso me parece lógico y natural que esté prohibido por la ley. Pero aparte de este tipo de situaciones, no creo que se pueda poner límite a la creatividad de un humorista con la ley en la mano. No creo no creo que la forma de regular el humor sea con la ley, llevando a los humoristas a juicio o metiéndolos en la cárcel.

No me parece no me parece que ese sea el camino. Obviamente, siempre que se hace humor, se corre el riesgo de que alguien se sienta ofendido, Pero eso es algo inevitable, algo algo que tenemos que asumir y nada más. Hay que hay que aguantarse, hay que aguantarse. Si algo te ofende o te molesta, pues te tienes que aguantar. Te tienes que te tienes que aguantar, lo tienes que aceptar, porque el derecho a la libertad el derecho a la libertad de expresión está por encima de tu derecho a sentirte ofendido.

Además, crear situaciones, crear situaciones que que pueden ser ofensivas en un momento dado, es normal. Para para que el mundo avance, para que surjan nuevas ideas, para que haya progreso, es es necesario hacer cosas nuevas, o decir cosas que que nadie antes se atrevía a decir. Para que una sociedad avance, a veces hay que romper tabúes, cambiar los límites de lo que se puede hacer y de lo que no, de lo que no se puede hacer. Y y para algunas personas eso puede ser ofensivo. A veces, para que el mundo se mueva, para hacer algo innovador, hay que ofender.

En los años cincuenta, o en los años sesenta, por ejemplo, causaba escándalo la música rock, el movimiento de caderas de Elvis Presley, los los bailes modernos, los bailes modernos, con con aquellos movimientos salvajes de los cuerpos. Estaba estaban mal vistos por ciertas personas. Llevar el pelo largo era algo sucio, las minifaldas eran indecentes. Pero no no no hay que irse tan lejos, no no hay que irse tan lejos. Hace tan solo unos unos pocos años, ver una pareja homosexual besándose o abrazándose era algo tabú.

Algo que que no que no se podía hacer en público, y mucho menos en una película o en una obra de teatro. Ver un beso homosexual entre dos hombres es algo que, en su momento, ofendía, y y me imagino, hay personas que se siguen ofendiendo por eso. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos? ¿Prohibimos los besos homosexuales en el cine o en la tele?

Porque a algunas personas eso les ofende. Eso no tiene no tiene mucho sentido, ¿no? En fin, el el mundo se mueve gracias a personas que hacen cosas nuevas, que innovan, que rompen moldes y que, a veces, a menudo, causan escándalo, ofenden, molestan. Es un riesgo es un riesgo que que hay que aceptar. Dicho esto dicho esto, y aunque aunque parezca una contradicción, que me gustaría matizar algo que creo que es muy importante.

Hay temas sobre los que es muy difícil hacer chistes, porque para mucha gente son temas muy sensibles, que les afectan de forma muy personal por determinadas razones. Eso es verdad, eso es verdad. Estas estas personas tienen derecho a decir que esos chistes no les hacen ni pizca de gracia, que que se sienten ofendidos YYY tienen derecho a pedir que se respeten sus sentimientos. Pero eso no significa que desde un punto de vista legal haya que prohibir hacer humor sobre esos temas o meter a los humoristas en la cárcel por contar un chiste que ofende a algunas personas o algunos colectivos. Eso, creo yo, sería un error.

Yo, en en principio, creo que se puede hacer humor sobre cualquier tema. No hay no hay ningún tema sobre el que no se puedan hacer chistes, pero hay que saber hacerlo bien, eso sí. Porque si no se hace bien, se corre el riesgo de que mucha gente lo vea como algo vulgar, de de mal gusto y ofensivo, como una como una burla cruel y una falta de respeto hacia esos sentimientos. Y eso, aunque no se pueda evitar con la legislación en la mano, perdón, aunque no se pueda evitar con la con la legislación en la mano, aunque no se puedan hacer leyes para evitarlo, tampoco es deseable. A personalmente, no me parece correcto, no me parece correcto que se use el humor para burlarse cruelmente de de de alguien.

Yo creo, y esto es solo mi punto de vista personal, que para hacer humor con cierto tipo de temas muy delicados y sensibles, hay que hacerlo de forma muy inteligente, y no todo el mundo es capaz de hacerlo. Los buenos humoristas, los buenos humoristas son capaces de de de hacer humor en torno a temas tabúes de los que nadie se atreve a hablar, como como si estuvieran caminando por la hoja de un cuchillo, ¿entendéis? El humorista, el buen humorista es capaz de hacer chistes que se acercan peligrosamente al mal gusto, pero sin caer en él. Es sin caer en el mal gusto, sin caer en lo vulgar. Al menos para una para una buena para una buena parte de del público, claro, ¿no?

No se puede no se puede generalizar. Hagas lo que hagas o digas lo que digas, siempre siempre habrá alguien que se que se sienta ofendido. Pero en fin, lo que es verdad, lo que es verdad es que hay humoristas que son capaces de hacer humor de forma muy inteligente en torno a temas muy sensibles. Ahí es donde está la genialidad del buen humorista. Un buen un buen humorista, un humorista inteligente es capaz de crear un ambiente, un contexto, un contexto, por ejemplo, en un teatro o en un espectáculo cómico, en el que la gente acepte como divertido y se ría con algo que en la vida real sería horrible o 0, simplemente, no aceptable.

Eso es lo que sucede, por ejemplo, cuando hacemos humor negro y nos reímos de la muerte, del sufrimiento, del dolor. Enrique Gervé, por ejemplo, Enrique Gervé, el famoso cómico inglés que supongo que conocéis, que yo creo que es un es un auténtico genio del humor, hace chistes muy muy atrevidos, muy osados en su en sus espectáculos. Él él toca él toca temas muy peliagudos, como la pedofilia, la religión, la biblia, las personas transexuales, las violaciones, las personas con obesidad. Pero pero a mi modo de ver, lo hace normalmente de una forma muy inteligente, sin caer en lo chabacano, sin caer en el mal gusto. De manera que, para la gente que está viendo el espectáculo, no resulta ofensivo en absoluto.

Pero pero claro, no es lo mismo, no es lo mismo que un humorista profesional haga chistes en un teatro, en un espectáculo cómico, que que te pongas a hacer esos mismos chistes en la cena de Navidad con tus abuelos o en una reunión con tu jefe y con tus compañeros de trabajo. No es lo mismo. ¿Entendéis? El contexto el contexto es fundamental. El chiste puede ser el mismo, pero en un caso hace reír, y en el otro puede puede resultar muy ofensivo, de mal gusto y y fuera de lugar.

Hay que tener en cuenta siempre, siempre el contexto. El contexto es fundamental. Muchos de los problemas que ha habido con algunos chistes deben, creo yo, a que se sacan de contexto. Se sacan de contexto. No es lo mismo escuchar un chiste en un espectáculo cómico en un teatro, que escucharlo en en el telediario o leerlo en la página de un periódico o en Twitter.

Algunos de los cómicos que se han metido en problemas recientemente es porque han contado un chiste en el lugar equivocado, con el público equivocado y en el momento equivocado. El mismo chiste con otro tipo de público en otro momento y en otro lugar, posiblemente no habría causado ningún revuelo. Recuerdo un caso reciente en España de un cómico que hizo un chiste muy desafortunado sobre tener sexo con una chica con con síndrome de Down. Este humorista se encontró se encontró con una reacción muy fuerte en las redes sociales, y y acabó acabó en los tribunales, porque un padre con una con una niña con esta enfermedad presentó una denuncia. Como dije antes, yo no creo que deba haber ninguna ley para limitar el sentido del humor, para decir qué chistes se pueden hacer 000 no se pueden hacer.

La libertad de expresión debe estar por encima. Pero al mismo tiempo, al mismo tiempo, el humorista tiene que ser responsable de lo que hace, y darse cuenta de que, por ejemplo, Twitter, quizás, no sea el mejor lugar para hacer para hacer un chiste de este tipo. El contexto, como digo, es fundamental, y los buenos humoristas lo que hacen es que consiguen crear un contexto para que sus chistes para que sus chistes sean aceptados, al menos por una gran parte del público. Obviamente, como como digo, siempre siempre habrá personas a las que este tipo de chiste no les haga ni pizca de gracia en ningún contexto y de ninguna manera, pero eso es algo que es inevitable. Hagas lo que hagas o digas lo que digas, siempre habrá gente a la que no le guste lo que haces, eso es normal.

En resumidas cuentas, en mi opinión, se puede hacer humor de todo, pero hay que hacerlo bien, hay que hacerlo de forma muy inteligente. Ponerse a decir burradas para provocar para provocar determinadas reacciones no es humor. No es humor, sencillamente, porque esas burradas no tienen gracia, no hacen reír. Se ven como algo cruel incluso. Al menos, no hacen reír a la mayoría de la gente porque son crueles y buscan hacer daño.

Por otro lado, también es verdad que hay personas que no tienen sentido del humor, o que no no entienden determinados tipos de humor, eso eso también es verdad. Hay gente, por ejemplo, que no entienden la ironía, el sarcasmo, y que se toman las cosas literalmente al pie de la letra. Por ejemplo, recuerdo el caso de un vídeo mío en YouTube, en el que decía que yo tenía setenta y tres años, pero que parecía más joven porque comía muy bien y hacía ejercicio. Obviamente era era una broma y la mayoría y la mayoría de la gente lo entendió así, Pero recuerdo que hubo alguien que escribió un comentario diciendo, eso es mentira, eso es mentira, no tienes setenta y tres años, me has decepcionado Juan, no deberías mentir. Entonces, esta persona, la persona que escribió este comentario deduzco que no entiende la diferencia entre una broma y una mentira.

Es decir, es decir, que creo que no todo el mundo es capaz de entender determinados tipos de humor, Ya ya sea porque son personas de una cierta edad, quizás muy jóvenes o quizás muy mayores, o son de una cultura en el que el sentido del humor es muy diferente al que uso yo, o simplemente son personas muy serias, que se lo toman todo en serio y no no saben distinguir la realidad de la ficción. Sinceramente, no sé, no exactamente cuál es la explicación, pero está claro que hay personas a las que les cuesta más entender algunos chistes, algún tipo particular de humor, y se toman las cosas demasiado en serio o demasiado literalmente. Y claro, estas personas son más propensas a sentirse ofendidas. Entonces, como dije antes, el que un chiste pueda ofender, perdón, el que un chiste pueda resultar ofensivo para algunas personas no significa que ese tipo de chistes no se pueda hacer. A veces lo que ocurre es que simplemente hay personas que no están acostumbradas a escuchar ese tipo de humor.

Es importante aprender a entender la ironía, la sátira, el sarcasmo, el humor negro, el humor absurdo, los juegos de palabras, los dobles sentidos. Es importante entender cuál es la intención, la intención del que hace el chiste. El contexto y la intención del chiste son fundamentales. A veces a veces pasa que haces un chiste con ironía y la gente lo interpreta de forma literal. Es decir, la la ironía consiste básicamente en decir lo lo contrario de lo que se piensa, ¿vale?

Por ejemplo, si está lloviendo y hace mucho frío, alguien puede decir, qué buen día hace. Eso es un comentario irónico, lo que es lo que se quiere decir es lo contrario, que el día es terrible. Pues, vale, resulta que hay gente que, por por los motivos que sea, no es capaz de entender los mensajes irónicos, y lo interpreta todo de forma literal. Eso, claro, lleva a malentendidos, a a sentirse a veces ofendido por por el comentario de otra persona, a a reaccionar con agresividad. Entonces, cuando cuando escuchamos un ticte, perdón, cuando escuchamos un chiste, hay que hay que ser capaz de entender la intención del que cuenta el chiste y el contexto en el que se cuenta.

Eso eso es muy importante. En fin, como veis es un es un tema muy complejo, Es un tema muy complejo en el que entran muchas variables, hay muchos factores a considerar, muchas cosas a tener en cuenta. Pero me apetecía tocarlo aquí en el podcast porque, como digo, para el humor es es muy importante en la vida y en y en mi trabajo. Ya veis que yo lo uso a menudo en mis historias, en mis vídeos. A veces con más éxito y a veces con menos éxito.

A veces los chistes que cuento son muy malos, lo sé. Y a veces no están mal, A veces no están mal, ¿verdad? Esto me recuerda, esto me recuerda, por cierto, que todavía todavía no he contado el chiste del perro gorilero. El chiste más divertido de la historia, por lo menos el chiste que a más me ha hecho reír, el chiste del perro gorilero. Hasta aquí el episodio de hoy.

Muchísimas gracias por escuchar hasta el final. Si quieres leer la transcripción de este episodio o de los episodios anteriores de nuestro podcast, visita nuestra página web, 1000 an 1 reasons to learn spanish. Allí encontrarás también ejercicios y muchos recursos para aprender español. Hasta pronto.

Podcast: Español con Juan
Episode: Límites del humor