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Presta atención, te voy a contar una historia. La protagonista de nuestra historia estaba casada. Era feliz en su matrimonio, aunque la verdad es que su marido era el mismo demonio. Tenía el hombre un poco de mal genio, mal carácter. De lo que ella realmente se quejaba era de que él nunca fue tierno.
No lo fue cuando se conocieron en el pueblo y estuvieron de novios tres años. Tampoco lo fue el día de su boda, ni en la noche de bodas en la que los dos perdieron la virginidad. Se casaron el dieciséis de julio de mil novecientos treinta y cinco, justo un año antes de que estallara la guerra civil española, que después acabaría con la victoria del general Francisco Franco y que provocaría que España se convirtiera en un país en blanco y negro durante más de treinta años gobernado por un dictador. Fue una boda muy humilde y sencilla. El ramo de flores de la novia era un pequeño ramito de violetas, su flor favorita.
Una flor que descubrió cuando era pequeña caminando con su abuela Carmen. Era lo que más echaba de menos de no vivir en el pueblo, poder recoger ramitos de violeta en el campo. En las calles asfaltadas de Madrid no hay flores, solo mierdas de perro. Como dice ella, la culpa no es de los animalitos, son los dueños, que son unos cerdos. Ya han pasado más de treinta años desde la boda de nuestra protagonista y su marido, el del mal genio y poco tierno.
Estamos en mil novecientos setenta y cuatro y el franquismo está en las últimas, dando sus últimos coletazos. Poco a poco, el país se va sintonizando en color, coge el color del resto de países del centro y sur de Europa. Pero nuestra protagonista no está demasiado preocupada por la situación política o social del país, aunque todo el mundo hable de esto. Ella tiene otra cosa en la cabeza, no puede parar de pensar en el gran secreto que tiene desde hace más de tres años. Un secreto que le da un cálido sentimiento cerca del pecho cuando lo piensa, pero también un secreto que, de ser descubierto, le traería vergüenza y miradas de desaprobación por cualquiera que la conoce.
Y es que desde hace ya más de tres años recibe cartas de un extraño, cartas llenas de poesía que la han devuelto la alegría. Un extraño. Ella no hace más que preguntarse quién puede ser el que la escribe versos, quién la manda flores por primavera, ¿quién cada nueve de noviembre, día de la Virgen Almudena? Como siempre, la manda un ramito de violetas, su flor favorita, y como siempre, sin tarjeta. A veces nuestra protagonista sueña y se imagina cómo será aquel hombre que tanto la estima.
Ella se imagina un hombre más bien de pelo cano, sonrisa abierta y ternura en las manos. Se imagina que se parece a su actor favorito, Rock Hudson, protagonista de también su película favorita, Gigante. Ella necesitaba ponerle cara a su admirador, a ese extraño que la amaba como nunca la habían amado. Por supuesto, sabía que era imposible que el actor fuera ese extraño. Ella solo usaba su imagen como forma de representación.
A pesar de esto, el dos de octubre de mil novecientos ochenta y cinco, cuando escuchó en la televisión que Rock Hudson había muerto debido a las complicaciones derivadas del SIDA, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, empezó a llorar y no pudo parar en varios días. Su marido no entendía nada. Pero, mujer, ¿puedes por favor decirme qué te pasa? Nada, nada, son cosas de mujeres, déjalo. Por supuesto, después de la muerte del famoso actor hollywoodense, nuestra protagonista continúa recibiendo cartas con versos preciosos, flores por primavera y un ramito de violetas cada nueve de noviembre, pero todavía no sabe quién sufre en silencio por ella.
Se pregunta una y otra vez mirando por la ventana quién puede ser su amor secreto. Pasaban los años y vivía así, día a día, con la ilusión de ser querida, y cada tarde, al volver su esposo, cansado del trabajo, la mira de reojo, sin que ella se dé cuenta. Él no dice nada porque lo sabe todo, sabe que ella es feliz así, de cualquier modo, porque él es quien la escribe versos, él su amante, su amor secreto, y ella, que no sabe nada, mira a su marido y luego calla. Pues aquí ha acabado nuestra historia. Quizás has pensado que era una historia un poco rara, un poco extraña.
En realidad está basada en una canción de la cantautora española Cecilia. Ya te hablé de ella en el episodio número setenta y nueve titulado Mi querida España. La canción de Cecilia, en la que se basa esta historia, se llama Un ramito de violetas, publicada en mil novecientos setenta y cuatro. La canción está basada, a su vez, en un cuento que la cantante escribió siendo adolescente. Probablemente te has dado cuenta de que he usado el pronombre la de forma incorrecta cuando he dicho, ¿quién puede ser el que la escribe versos?
¿Quién la manda flores? ¿Quién la manda un ramito de violetas? Y es que Cecilia era laista, usaba la en lugar de le como pronombre de objeto indirecto cuando se refería a una mujer. El laísmo es común en algunas zonas de España, especialmente en la región de Madrid. Cuando era pequeño y escuchaba la canción, siempre me llamaba mucho la atención eso, me sonaba raro, y es por eso que he querido conservar el laísmo de la canción tal y como se escribió.
Por cierto, este tema se ha versionado hasta en dieciséis ocasiones por diferentes artistas. Es una canción tremendamente melancólica y triste. Ella me da mucha pena, me provoca mucha tristeza. Anhela, desea, ser querida por un marido tierno, pero lo único que recibe son cartas de un extraño al que nunca conocerá. Él también me da mucha pena, nunca fue capaz de mostrarse tal y como era a su mujer, un hombre tierno en realidad, cariñoso, que le escribía los versos más bonitos a la mujer de su vida.
¿Por qué? ¿Por qué nunca fue capaz? La verdad es que ese mismo por qué ha estado presente en mi mente muchas veces, también en mi vida. Ese por qué, por qué no puedo decir esto, por qué no puedo hacer esto, la respuesta era siempre la misma, porque eres un chico, eres un hombre César. Se supone que los hombres no dicen eso, no hacen eso, no actúan así, no es masculino.
Imagino que para el protagonista de nuestra historia fue incluso más complicado criado en los años veinte y habiendo vivido la mayoría de su adultez en la toxicidad de una dictadura política. Durante la dictadura franquista, se esperaba que los hombres cumplieran con ciertos roles y comportamientos que eran considerados masculinos, según las normas sociales de la época. Estos roles se basaban en valores tradicionales y conservadores, que enfatizaban la masculinidad, la virilidad y el patriotismo. Se esperaba que los hombres fueran fuertes, valientes, trabajadores y leales al régimen. La figura del hombre ideal estaba ligada a la idea de que los hombres debían ser proveedores y protectores de la familia.
Como ves, un marido romántico y tierno que te escribía poesías no cabía en esta definición. Afortunadamente, la sociedad ha evolucionado y cada vez hay más espacio para que los hombres expresen sus emociones de manera auténtica y sin temor a ser juzgados. No solo hay una forma de ser hombre y existen lo que se llaman nuevas masculinidades. Sin embargo, es innegable que existen todavía muchas diferencias entre cómo se comportan hombres y mujeres, y que algunas de ellas tienen consecuencias negativas para la sociedad. Hoy vamos a hablar de lo que significa ser hombre y de masculinidad, pero primero es necesario hacer la diferencia entre hombre desde la perspectiva del sexo y de la del género.
Muchas veces, estos dos conceptos se usan de forma errónea. El sexo se refiere a las características biológicas que diferencian a los seres humanos en hombres y mujeres, como los cromosomas, las hormonas y las características físicas. Aunque tradicionalmente se ha hablado del sexo en términos binarios, hombre, mujer, la verdad es que también existen las personas intersexuales. Según las Naciones Unidas, alrededor del uno coma siete por ciento de personas lo son. Las personas intersexuales nacen con características sexuales, incluyendo genitales y patrones cromosómicos, que no se ajustan a las nociones binarias típicas de los cuerpos masculinos o femeninos.
Por otro lado, tenemos el género, que se refiere a las expectativas, roles y comportamientos que una sociedad considera apropiados para hombres y mujeres. Es, en gran parte, una construcción social y cultural que puede variar de una cultura a otra, y de un momento histórico a otro, aunque esto no quiere decir que la biología no esté implicada. Un ejemplo muy claro de la formación de roles es el uso del color azul para los niños y del rosa para las niñas, o el uso de los vestidos y el pelo largo en niñas. Te recomiendo que busques en Google una imagen del presidente Franklin Roosevelt con pelo largo y llevando un vestido blanco, siendo niño. En esa época era habitual este estilo tanto en niños como en niñas.
En resumen, el sexo se refiere a las características biológicas, mientras que el género se refiere a las expectativas y roles sociales que una sociedad atribuye a hombres y mujeres. Y en cuanto al género, es importante decir que también hay personas no binarias que no se identifican exclusivamente como hombre o mujer. En otras palabras, su identidad de género no se ajusta a la idea tradicional de género binario, masculino o femenino. Como curiosidad, te diré cuál es la distribución de géneros de las personas que escuchan este podcast en Spotify. Un cuarenta y siete por ciento son mujeres, un cuarenta y nueve por ciento son hombres y un dos por ciento son personas no binarias.
Mira, yo recuerdo diferentes momentos de mi vida donde aprendí algo, algún dato importante de lo que significa ser hombre, Cosas que me llamaron especialmente la atención. Primero en secundaria, cuando estudiábamos la esperanza de vida en España, uno de los países más longevos del mundo, por cierto. En dos mil veintiuno la esperanza de vida en hombres era de ochenta años y la de mujeres en ochenta y seis. Son seis años de diferencia, no es moco de pavo, no es una diferencia sin importancia. Otro de estos momentos fue en Londres, en mi etapa en la universidad en dos mil trece.
Vivía en el este de la ciudad, en Shortge, un barrio alternativo. Un día, la pared que había enfrente de mi residencia de estudiantes apareció pintada con un grafiti gigante que decía every Tom Dick and Harry, una expresión que podríamos traducir como cualquier hijo de vecino o cualquier persona. Este grafiti se trataba de una campaña de la Charity Calm, con el objetivo de concienciar sobre el hecho de que en Reino Unido cada día tres hombres menores de treinta y cinco años se quitan la vida. Numerosos estudios nos dicen que los hombres tienen tasas de suicidio más altas que las mujeres en la mayoría de los países. En España, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, aunque los expertos indican que ellas lo intentan más.
El último de estos momentos fue hace poco, cuando leí que en España el noventa y tres por ciento de las personas en prisión son hombres. Cuando leo estos datos que te acabo de decir pienso, qué fastidio ser hombre, pero sobre todo me cuestiono por qué, cuál es la razón para que esto sea así. Vamos a intentar responder a estas tres preguntas, y te tengo que decir que ninguna de estas tres preguntas tienen respuestas absolutamente concluyentes. Pero vamos a intentar sacar algo de claridad. ¿Por qué los hombres tenemos una menor esperanza de vida respecto a las mujeres?
La respuesta se debe a una combinación de factores biológicos de comportamiento y sociales. Algunas posibles razones incluyen que los hombres tienen una mayor predisposición genética a determinadas enfermedades, tienen mayores niveles de estrés y tienden a participar en comportamientos de riesgo como el consumo de alcohol y el tabaquismo con más frecuencia que las mujeres. Además, los hombres a menudo buscan atención médica con menos frecuencia que las mujeres. ¿Y por qué la tasa de suicidio superior? Pues, aunque es un fenómeno multifactorial, en el que influyen muchas variables, los factores genéticos y, de nuevo, sociales tienen mucho peso.
Por último, ¿por qué hay más hombres en las prisiones? ¿Por qué los hombres cometen más delitos y crímenes que las mujeres? Las teorías de la criminología sugieren que las mujeres delinquen menos, cometen menos delitos, porque están sometidas a más controles sociales, mientras que los hombres tienden a caer en comportamientos más arriesgados y delictivos debido a su falta de control. Algunos estudios indican que los roles de género influyen en el comportamiento delictivo. Sin embargo, la criminalidad es un fenómeno complejo y, de nuevo, plurifactorial, por lo que ninguna teoría puede explicarla completamente.
Algunos factores biológicos continúan siendo investigados como posibles explicaciones para ciertos comportamientos masculinos. Bien, habiendo respondido a estas tres preguntas, podemos decir que siempre llevan a la misma conclusión. Hay una posible explicación biológica relacionada con el sexo y otra social relacionada con el género y los roles de género que provoca. En el pasado, algunos estudios e investigaciones han intentado explicar los roles de género exclusivamente a través de la biología. Un ejemplo de esto es la hipótesis del cerebro sexualmente dimórfico, que propone que los cerebros masculinos y femeninos están biológicamente programados para tener diferentes habilidades cognitivas y emocionales.
Sin embargo, hoy en día la mayoría de los estudios sugieren que los roles de género son el resultado de una compleja interacción entre la biología, la cultura y el ambiente. Si pensamos en la biología, y específicamente en la biología de los hombres, es posible que lo primero que nos venga a la cabeza para explicar estas diferencias sea la testosterona, una hormona producida en los testículos de los hombres y en los ovarios de las mujeres, aunque en cantidades mucho menores en el caso de ellas. Uno de los mitos más inexactos y extendidos sobre esta hormona es que la testosterona causa comportamientos agresivos. Aunque a veces se asocia con comportamientos agresivos, esto no es necesariamente cierto. En el libro Testosterona, una biografía no autorizada, sus autoras ponen en cuestión las creencias populares y científicas de esta hormona como la conexión directa con la violencia.
A lo largo de la historia, gobiernos de todo el mundo han usado esta hormona para justificar barbaridades hechas en las guerras, dando una justificación biológica a determinados comportamientos humanos, diciendo que había soldados con niveles excesivos de testosterona y que por eso actuaban de esa forma. Entonces, ¿los niveles de testosterona de un hombre determinan lo violento que puede ser? Pues los estudios que han pasado los mayores estándares de calidad muestran que mayores dosis de esta hormona no están necesariamente vinculados a un aumento de la hostilidad, ira o agresividad en los hombres. Sí que es cierto que si administramos grandes cantidades de andrógenos, es decir, todas las hormonas masculinas, en ese caso los niveles de agresión aumentan. Pero esto solo se consigue si se aumentan a niveles farmacológicos, es decir, un individuo, una persona por su cuenta y de forma natural no puede experimentar ese aumento y, por tanto, no puede llegar a producirse un mayor nivel de agresión de forma natural.
Las actuales hipótesis dicen que la testosterona no provoca violencia ni la favorece, sino que amplifica las tendencias sociales que ya existen hacia cualquier comportamiento que sea necesario para mantener el estado cuando se lo cuestione. Es decir, es una hormona que está relacionada con la competitividad de los individuos en la necesidad de mejorar el estatus. Sin embargo, esta relación entre más testosterona y ser más competitivo no es determinista, no significa que todos los hombres con niveles elevados de testosterona sean necesariamente más competitivos que aquellos con niveles bajos de testosterona? La relación entre la testosterona y la competitividad puede ser influenciada por otros factores individuales, como la personalidad, el ambiente y las experiencias de vida, así como por las expectativas culturales y sociales. Naturalmente, las hormonas no son el único aspecto de la biología que puede provocar el distinto comportamiento de hombres y mujeres.
La verdad es que cuando empecé el episodio pensaba que iba a encontrar respuestas más concluyentes a todo lo que me preguntaba, pero la realidad es que la ciencia todavía no ha encontrado respuestas exactas sobre la relación entre biología y cultura. Sabemos que el sexo es puramente biológico, pero con el género, esas expectativas que se tienen basándose en el sexo de una persona, todavía no hay respuestas concluyentes. Sabemos seguro que es en una gran parte una construcción social, pero no podemos negar la biología. Y es a esa parte social, cultural, a la que podemos prestar atención. En mis tres grandes preguntas, por qué los hombres viven menos, por qué se quitan la vida con más frecuencia y por qué cometen más crímenes, en las tres preguntas había algo en común, los factores sociales y culturales que dan forma a roles de género que pueden ser muy negativos.
Y como habrás notado, he hablado principalmente de los hombres en este episodio y de las consecuencias negativas para nosotros de perpetuar estos roles. Sin embargo, las mujeres son igualmente afectadas por estos. En España, la violencia de género es el tercer delito por el que hay más hombres en prisión. Esta violencia es la que los hombres ejercen sobre las mujeres que son o han sido sus parejas sentimentales. De igual forma, los roles de género asociados a las mujeres también son un lastre, un peso para ellas, y tienen igualmente un efecto negativo en la sociedad.
Por otra parte, el hecho de reconocer la biología en el género no entra en conflicto con el objetivo de tener sociedades igualitarias, objetivo del feminismo, donde las personas se puedan liberar de los roles de género y de las desigualdades en el poder establecidas desde hace mucho tiempo. Cuando hablo de liberarse de roles de género, no hablo de que todos los hombres del mundo deberían empezar a pintarse las uñas y a usar maquillaje, por supuesto que deberían hacerlo si quieren. Hablo de que desde que llegamos al mundo sentimos la presión de actuar, decir, opinar, comportarnos de una determinada forma, y que si no lo hacemos vamos a poder recibir miradas o comentarios de desaprobación, reforzando estos roles. Como el ejemplo del protagonista que te he contado de la historia al principio del episodio. El pobre hombre no era capaz de reconocer que era él el que escribía esos versos que emocionaban a su mujer, Pues qué pena que él nunca pudiera expresar cómo se sentía ni que su mujer pudiera saberlo.
Liberarnos de roles de género es beneficioso para todas las personas y puede mejorar la salud y el bienestar, la economía y la sociedad en general. Todos tenemos el poder de trabajar en esto, creando un mundo más justo y equitativo, un mundo más libre. Bueno, hoy me ha quedado un episodio un poco más largo de lo habitual, y es que cuando intentaba responder a una pregunta, me salían otros temas de los que también quería hablar. Como muchas veces digo, quiero que recuerdes que el objetivo más importante del podcast es que mejores tu español. Hablo de muchos temas diferentes en el podcast y, aunque intento hacerlo lo mejor posible, documentándome, investigando y ofreciendo varios puntos de vista, es inevitable tener un filtro personal.
Creo que es un tema muy interesante del que se habla mucho, y desde mi punto de vista muy importante a nivel personal y también a nivel social. Estudiante, nos escuchamos en el próximo episodio. Un abrazo muy grande.