Vamos a hablar de los siete pecados capitales. Es posible que sea útil para ti leer la transcripción mientras escuchas el episodio, La puedes encontrar gratis en la web www punto Spanish Languagecoach punto com. Y algo que sí que te recomiendo hacer es usar las flashcards de vocabulario disponibles en la misma página web, ¿Por qué? Porque practicando con ellas serás capaz de aumentar tu vocabulario en contexto y eso provocará que sientas mucha más comodidad comunicándote. Y por cierto, no te olvides de darle al botón de seguir o suscribirte para no perderte ningún episodio.
Antes de meternos de lleno en la historia de los siete pecados capitales, creo que tengo que definir qué es exactamente un pecado, por si alguien no ha oído hablar de esta palabra antes. Un pecado, en términos religiosos, es cualquier acto, pensamiento o voluntad que va en contra de la voluntad y las leyes de dios. Es una transgresión a la moral y las y las normas establecidas por una religión. En el cristianismo, el el pecado se considera una ofensa contra dios y, además, se cree que todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa, una naturaleza pecadora, debido al pecado original. El pecado original en la doctrina cristiana se refiere al estado de pecado en el que nace toda persona debido a la desobediencia de Adán y Eva, seguro que esos nombres te suenan, en el jardín del Edén.
Estos primeros seres humanos desobedecieron a dios al comer del fruto prohibido, no le hicieron caso, y ese acto introdujo no solamente el pecado, sino también la muerte en el mundo. Como consecuencia, como he como he dicho, se cree que todos los seres humanos heredan ese pecado al nacer, y es por eso que si tu familia es cristiana, normalmente cuando eres un bebé te bautizan. Durante el bautismo, que es un sacramento, se utiliza agua bendita que echan sobre tu cabeza como un símbolo de purificación y renovación. Se cree que con el bautismo una persona es liberada del pecado original. En España normalmente este sacramento se toma cuando somos bebés, y como casi todo en España, tiene también un carácter festivo, de fiesta, ya sabes que a los españoles nos encanta la fiesta.
Vamos a la iglesia, bautizamos al bebé con la ayuda del padrino y de la madrina, y luego nos vamos de comida a celebrarlo. Yo soy padrino por partida doble, por cierto, dos veces, soy padrino de mi prima y de mi hermana. Y bueno, ahora sí hablemos del origen de la historia de estos siete pecados, capitales. A lo largo del tiempo, varios pensadores y líderes religiosos trabajaron en listas de vicios y pecados, y es en el tercer siglo después de Cristo donde Evagrio Póntico, un monje cristiano, escribe una lista de ocho pensamientos o vicios principales. Sin embargo, fue el papa Gregorio primero, en el siglo sexto, quien revisó y consolidó esta lista en los siete pecados capitales que conocemos hoy.
Y luego te contaré cuál es el octavo pecado que se eliminó, por decirlo de algún modo, de la lista inicial. Y es cierto que aunque los siete pecados capitales vienen de la religión cristiana, y yo los he estudiado muchas veces en el colegio, en la asignatura de religión católica, lo cierto es que otras religiones también tienen sus propias interpretaciones del juicio y la virtud de esos pecados. Por ejemplo, el budismo tiene las tres raíces del mal, pasión, aversión e ignorancia, que sirven como una brújula moral. Una brújula es ese instrumento que nos ayuda a guiarnos, nos dice dónde están los diferentes puntos cardinales, norte, sur, este y oeste. Una brújula es el Google Maps de antes, por decirlo de algún modo.
También el islam, además de los cinco pilares del islam, existen advertencias contra comportamientos similares a los pecados capitales. Así que parece que hay o había una necesidad universal por intentar identificar, señalar o incluso castigar comportamientos que consideramos negativos. Todos los seres humanos, independientemente de si tenemos fe por una u otra religión, luchamos con dilemas morales similares, tenemos también una brújula moral. Y es evidente que, en el caso de los siete pecados, no solo tenían el propósito de guiar a las personas hacia la salvación, sino también de mantener un orden y estructura en la sociedad. Estas normas de las que vamos a hablar hoy, aunque religiosas en origen, tenían implicaciones en cómo se estructuraban y funcionaban las sociedades medievales, por ejemplo.
Y, por cierto, otra pregunta que tenía antes de preparar este episodio era, ¿por qué se les llamaba pecados capitales? ¿Por qué capitales? Al parecer, se les llama capitales porque son considerados los principales pecados o las cabezas de todos los demás pecados más pequeños. La palabra capital deriva del latín caput, que significa cabeza. Así que estos pecados son vistos como las causas de otros pecados más específicos o menores, es decir, lideran o inician otros pecados, llevando al individuo hacia malos hábitos o comportamientos que alejan, ponen lejos al ser humano de la virtud y lo acercan, lo ponen cerca del mal.
Y ahora sí, me gustaría analizar un poco más cada uno de los siete pecados capitales. Tengo que decir que mi idea de este episodio es no solo hablar de lo que significa cada pecado, pero también reconsiderarlo. Mira, yo soy alguien al que le encantan los límites. En la última empresa en la que trabajé nos hicieron un test de personalidad y uno de los rasgos que más destacaban de la mía era que apreciaba los límites y las normas, me gustaba respetarlas y que los demás lo hicieran también. Así que, como comprenderás, en principio los pecados capitales o sus similares en otras religiones me pueden parecer una buenísima idea.
Sin embargo, hoy quiero reconsiderarlos y ver la otra cara de la moneda, intentar ver si en lugar de ser tan virtuosos, podemos ser un poco más pecadores y obtener beneficios no solo a nivel individual, sino también a nivel colectivo. Como siempre, lo más complicado en esta vida será encontrar el equilibrio, así que vamos a explorarlos uno a uno. El primero es la soberbia, y el adjetivo correspondiente sería soberbio o soberbia. La soberbia es considerada el pecado del exceso de confianza, del exceso de seguridad en uno mismo, o la sobrestimación de uno mismo en comparación con otras personas. Es decir, una persona soberbia es alguien que mira por encima del hombro, ¿ok?
Muy buena expresión, mirar por encima del hombro a los demás, los mira con un aire de superioridad, se cree superior. El desafío aquí está en celebrar nuestras victorias sin minimizar o ignorar las de los demás, y aunque es evidente que hay personas soberbias en el mundo, creo que el mal más común es el contrario, el de no tener suficiente seguridad, el de mirar todo lo que no hemos conseguido todavía y sentirnos mal por ello, en lugar de ver dónde estamos y el camino que hemos recorrido ya, y celebrarnos. Yo no tengo dudas de que un mundo con personas más seguras, que no soberbias, sería un mundo mejor, especialmente porque creo que uno de los rasgos de las personas seguras, de verdad, es que no se sienten amenazadas por los demás e incitan a la cooperación en lugar de a la competencia. Pero claro, es que no es tan fácil sentirse seguro de uno mismo, nos bombardean con frases, imágenes y vídeos para hacernos sentir más inseguros. El otro día, anoté todos los impactos que recibía en menos de veinticuatro horas y que me hacían sentir un poco mal, inseguro, y hablo de anuncios en Internet especialmente.
Te resumo, cinco anuncios para la pérdida de pelo, tres anuncios sobre las arrugas en la cara y otros procedimientos estéticos, uno de disfunción eréctil y otro de agrandamiento de pene. Ah, y también varios de hombres que se grababan desde su Ferrari o desde su mansión diciéndome, en pocas palabras, que yo no era millonario como ellos porque era un estúpido y que debería seguir sus recomendaciones para ser un macho alfa con mucho dinero y muchas novias modelo. En fin, antes he mencionado que había un octavo pecado que se había caído de la lista inicial, y este era la vanidad. Puesto que la vanidad puede considerarse una forma de soberbia, se decidió en algún momento dejar de usarlo como un pecado original más. Pecado número dos, la avaricia.
Una persona avariciosa tiene un deseo o motivación de poseer, de tener más de lo que realmente necesita. Y es verdad que visto así no parece algo positivo, sin embargo, el deseo de aspirar a más puede ser un motor para el progreso, la innovación y el desarrollo personal y profesional. Con equilibrio y ética, y esto es fundamental, puede llevar a la creación de riqueza y oportunidades no solo para el individuo, sino también para la sociedad general. ¿Por qué? A ver, ¿no es la acumulación de capital una de las bases del capitalismo?
¿Y no es el capitalismo uno de los sistemas más exitosos, aunque con muchas imperfecciones? Y como todo en esto, es difícil encontrar el equilibrio. Yo soy un firme defensor del capitalismo, pero no del capitalismo liberal, que vende la idea de que los gobiernos no tienen que intervenir y que tenemos que dejar al mercado actuar libremente. Como hemos dicho, es un sistema imperfecto. En teoría económica, a estas imperfecciones se les llama fallos de mercado, y en esos fallos es necesario que los gobiernos intervengan para especialmente no dejar en una situación de precariedad a los que ya son vulnerables.
Para que este sistema funcione también necesitamos a personas que tengan una motivación extra por acumular riqueza, llámalo avaricia si quieres, que, como hemos dicho, tendrá un beneficio colectivo, ya que el capitalismo contempla la retribución de riqueza de alguna forma, como el pago de impuestos progresivos, donde cuanto más dinero ganas, más pagas. Vamos con el tercer pecado capital, lujuria, la lujuria, en latín luxuria, y probablemente lo haya pronunciado mal, abundancia, exuberancia, es normalmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de de naturaleza sexual o un deseo sexual desordenado e incontrolable. Es posible que conozcas el cuadro Jardín de las Delicias de Gerónimo Bosch, o como le llamamos en español, El Bosco. Creo que ahora el cuadro está en Madrid, de hecho. En él se muestran escenas de placeres terrenales con figuras humanas en situaciones extravagantes.
Una interpretación del cuadro es que refleja los peligros de la lujuria, mostrando cómo el deseo de os controlado puede llevar a situaciones caóticas. Es como un cuadro que nos advierte de los excesos, nos dice cuidado, por ahí no vayas. Y está claro que si una persona tiene pensamientos excesivos e incontrolables de naturaleza sexual, es probable que tenga un problema y necesite ayude, ayuda. Pero el estigma de la lujuria no ha estado relacionado tradicionalmente con eso, sino más bien con cualquier forma de deseo o atracción sexual fuera de ciertos límites definidos por la sociedad o la religión. Durante siglos, este pecado ha sido usado para controlar y regular la sexualidad de las personas, muchas veces reprimiendo deseos naturales y sanos.
Experimentar atracción y deseo es parte de la condición humana, y puede ser una fuerza positiva que lleva a la conexión, la intimidad y el entendimiento entre las personas, o bueno, con uno mismo también. Por supuesto, como con cualquier otro sentimiento o emoción, el equilibrio es clave. Y vamos ahora con la ira, ese sentimiento de enfado muy grande y violento. Yo hoy mismo, mientras terminaba de preparar este episodio en la cafetería donde suelo trabajar, he vivido, he presenciado un momento muy representativo de este sentimiento. Estaba trabajando escuchando música relajante con mis auriculares con con cancelación de ruido en las orejas, pero aún así he empezado a escuchar gritos de dos voces diferentes.
He levantado la mirada de la pantalla de mi ordenador portátil para presenciar una escena un poco esperpéntica, la verdad. Dos personas, un hombre y una mujer, desde dos mesas separadas se estaban gritando cosas bastante feas. No conozco el contexto, no sé lo que ha pasado, pero han entrado en bucle de decirse f off, que fino soy, el uno al otro, ef off, que te jodan, no, que te jodan a ti, así una y otra vez, en bucle, hasta que los camareros han puesto orden y les han pedido que se tranquilizaran. El hombre ha terminado marchándose. Estaba claro que estas dos personas estaban consumidas por la ira en esos momentos, por todas las barbaridades que salían de sus bocas y también por sus ojos, encendidos con enfado.
La ira es una de esas emociones complejas que puede ser bastante destructiva y con la que puedes acabar montando una escena como mis compañeros de cafetería o haciendo cosas peores como ejercer la violencia. Pero, ¿es siempre mala? Porque la ira puede ser el catalizador, algo que active o acelere cambios sociales. Tenemos muchos ejemplos en el pasado, desde la ira colectiva del pueblo por sus monarcas avariciosos, con avaricia del peor tipo, hasta movimientos sociales más recientes. Como siempre, se trata de usar ese impulso que te da la ira para hacer algo constructivo y no destructivo.
Vamos ahora con la gula o la glotonería. Una persona glotona o con gula es alguien al que le gusta comer, en exceso en ocasiones. Pero apreciar la comida y la bebida puede ser una forma de celebrar la cultura, la tradición y la comunidad. En muchas culturas compartir una comida es una forma de conexión y unidad, y creo que es fundamental informarnos, saber un poco de nutrición, conocer lo que comemos, pero al mismo tiempo tampoco ser demasiado duros con nosotros mismos si cometemos algunos excesos, especialmente porque muchas personas caen en conductas compensatorias, lo que puede ser un riesgo. Penúltimo pecado, la envidia o los celos.
Alguien envidioso es alguien que quiere lo que otra persona tiene, y no solo hablamos de cosas materiales, también podemos envidiar un rasgo de personalidad, por ejemplo. Yo envidio mucho a las personas que saben decir no de forma asertiva, a los que no evitan el conflicto y a los políglotas, a los políglotas también los envidio. Pero ¿qué pasa si en lugar de dejarnos consumir por la envidia la usamos como motivación? Recordando que cada uno tiene su propio viaje, ritmo y camino. La envidia, en pequeñas dosis, puede inspirar y motivar, de hecho, en español se usa mucho el término de envidia sana.
Y ahora sí, el último pecado capital, la pereza. Una persona perezosa está metida en la inacción y la falta de productividad. Pero la pereza es más que no querer levantarse del sofá. En un mundo que valora la constante productividad, a veces nos olvidamos de la importancia del descanso y nos sentimos mal por estar perezosos o inactivos de vez en cuando. Hay que buscar el equilibrio entre el descanso y la acción, porque la pereza puede ser en realidad una forma de autoconservación y recuperación que nos ayude a estar mejor con nosotros mismos y con también con los demás, ¿no?
¿Y tú qué piensas de todo esto que te he contado, estudiante? No hay duda de que históricamente los siete pecados capitales, o sus equivalentes en otras religiones, han sido presentados como ejemplos de comportamientos que deben ser evitados, cosas que no hay que hacer o incluso sentir. Sin embargo, cada uno de estos pecados puede tener una doble cara que, en ciertas circunstancias, puede ser positiva para el individuo y la sociedad. La represión de emociones y deseos, en lugar de permitirnos comprenderlos y gestionarlos, puede resultar en consecuencias bastante negativas, y es que no se nos puede olvidar que somos humanos y que probablemente todas estas emociones tienen una función también. En lugar de reprimir estos comportamientos y emociones, debemos aprender a equilibrarlos, a canalizarlos de manera positiva y constructiva, y ahí está la parte complicada, claro.
Espero que hayas disfrutado del episodio y que hayas aprendido alguna cosa nueva que no sabías. Mi pequeña petición de siempre, si te gusta el podcast, corre la voz, compártelo, recomiéndalo y valóralo en la app desde donde lo escuchas. Millones de gracias, yo te espero con ganas e ilusión en el próximo episodio. Un abrazo grande.