En la web también verás que puedes unirte a la lista de espera de mis cursos online, español ágil para estudiantes de nivel intermedio, español pro para estudiantes más avanzados, y uno nuevo, español claro, para estudiantes con un nivel principiante alto o un nivel intermedio bajo. Este nuevo curso lo he hecho con el inglés, que si escuchas el podcast de Spanish for Falls Beginners, ya sabes perfectamente quién es, y si no lo sabes, pues el inglés es mi pareja, no voy a dejarte con la intriga. Si te interesa alguno de cursos, a partir del nueve de enero podrás inscribirte. Hasta entonces te recomiendo dejar tu email en la lista de espera. Y como sabes estudiante, la Navidad también es un buen momento para reflexionar sobre el año que acaba.
Yo solo puedo darte las gracias como cada año que termina, gracias por estar ahí, por recomendar mi contenido educativo a otras personas, por tus comentarios, los leo absolutamente todos, por las recomendaciones, por confiar en mis cursos online para mejorar tu español y, en definitiva, por apoyar mi trabajo de una forma u otra. No quiero ser repetitivo ni pesado, pero sí que tengo la necesidad de expresar mi gratitud, porque creo que los que nos dedicamos a esto tenemos la gran suerte de sentirnos tremendamente apreciados. Al menos, así me siento yo, muy, muy apreciado. Te deseo unas felices fiestas, estudiante, y una buena entrada al año dos mil veinticuatro. Ahora te dejo con el episodio de hoy.
Esta es la época de ver películas románticas navideñas. ¿Quién no ha visto alguna vez en estas fechas títulos como Love actually o The Holiday? También hay títulos de películas con un poquito menos de presupuesto y un guion e historia un poco más cuestionables, todas disponibles en Netflix, cuyas portadas son dos personas vestidas con colores rojos y verdes, para recordarte que es una comedia romántica navideña, claro. Títulos como Navidad en el camino, Soltero en Navidad, Operación Navidad o Un príncipe de Navidad, del año dos mil diecisiete, donde una periodista se enamora de un príncipe mientras cubre una historia en un país europeo ficticio. Y ficticia también es la historia que te traigo hoy, o quizás no lo sea, hace tanto tiempo que ya no me acuerdo.
El título de mi historia es abandono antes de navidad. Todo empezó un veintiuno de diciembre de dos mil trece, hoy justo hace diez años, o quizás debería mejor decir que todo acaba ese día. Veintiuno de diciembre de dos mil trece. La ciudad de Londres ya está vestida de Navidad. Las luces del centro de la ciudad brillan y se juntan con los flashes de las cámaras de fotos y teléfonos móviles de los turistas.
Las tiendas están a rebosar de gente, hay muchísimas personas. Llama la atención especialmente la cola de personas en la tienda Apple de Covengotten, cientos de personas esperando para poder comprar el flamante iPhone cinco, a pesar del frío. No nieva, pero hace un frío terrible. Bueno, perdón, rectifico, vamos a ponerle nieve a la escena, que es una historia navideña y el toque blanco siempre ayuda. Cientos de personas esperando para poder comprar el flamante iPhone cinco, a pesar de la nieve.
Grandes copos de nieve caen acumulándose los paraguas y gorros de los fanáticos del gigante tecnológico. Tony comprueba la hora en su Samsung Galaxy de segunda mano que compró hace unos meses en Gamtry, una web de compraventa. Son las diecisiete cero cero, se quita el delantal rápidamente, se pone la chaqueta, los guantes y el gorro, y sale de la cafetería en la que trabaja desde hace un año. Trabaja en un café Nero, pero que no te engañe el nombre en italiano, café Nero es una cadena creada por un hombre de negocios estadounidense y residente en Londres, Jerry Ford. Tony no sabe el nombre de su jefe, o de su jefazo, mejor dicho.
A Tony no le gusta especialmente trabajar allí, y no es porque ser camarero le parezca un mal trabajo, de hecho, lo fue durante su época como universitario varios años en España. El problema es que siente una gran frustración porque ya tiene más de treinta años, una carrera universitaria como ingeniero mecánico y un máster en ingeniería de la automoción que todavía está pagando después de cinco años. En España, país hundido por una tremenda crisis económica y con más del cincuenta por ciento de jóvenes sin trabajo, su extensa educación no servía absolutamente de nada. Así que la mejor opción fue mudarse a Londres, trabajar de lo que fuera, en este caso camarero, y al menos tener la posibilidad de mejorar su inglés. Lo cierto es que Tony es un verdadero vampiro emocional.
Su energía es tóxica y negativa, a pesar de sus esfuerzos por intentar ser más positivo. Esa tarde había sido su turno para limpiar los baños de la cafetería, Por primera vez se había visto desde fuera, ya había pensado. Titulado universitario, con un máster y estoy limpiando la mierda de otros en un país que no es el mío. El ambiente navideño de las calles contrastaba con lo harto que estaba Tony de todo. Tony estaba hasta las narices.
Lo único que le consolaba era pensar que en un par de días Ana, su chica y él viajaban a Barcelona, España, para pasar la Navidad allí. Su familia iba a conocer a Ana. Aunque ella también era española, se habían conocido en Londres y eran de ciudades distintas. Continúa nevando y Tony pasa por al lado de la tienda Apple de Covent Garden, maldice a la gente que hace cola, dice para sí mismo, serán gilipollas pagando casi mil pagos por un móvil de mierda. Después de decirlo, se siente un poco mal, acordándose de cuánto le gustaba la Navidad cuando era pequeño.
Se mete en el metro rápidamente y coge uno de los periódicos gratuitos que le ofrece un hombre mientras cruza la barrera. Mientras bajan en el ascensor lee rápidamente los titulares del Evening Estándar. El diputado conservador Mark Field advierte a David Cameron que insistir en materia de inmigración podría poner a las personas de piel oscura en contra del partido. Britney Spears revela la lista de canciones que llevará en su show en Las Vegas, La coreografía es la más difícil que he hecho hasta ahora, dice la cantante con entusiasmo. También hay noticias que vienen desde España.
El Atlético de Madrid gana por primera vez al Barcelona. Tony recuerda con melancolía cómo también le solía gustar el fútbol cuando vivía en España, y cómo de indiferente le parecían este tipo de noticias ahora. Hoy ha tenido suerte y ha podido coger un asiento libre en el metro para la hora de trayecto que tiene hasta una zona del este de Londres, en zona cuatro, donde vive, cuyo nombre todavía no sabe pronunciar muy bien. En el trayecto siente algo de incomodidad un par de veces cuando ve que hay alguna persona mayor a la que seguramente debería ceder su asiento, pero no lo hace. Él sigue el ejemplo del resto y mira su periódico.
Va a la sección del horóscopo, le gusta leer la predicción de los signos del zodíaco, aunque jamás le contaría a nadie su extraña afición a lo místico. Lee la predicción de esa semana para su signo. Piscis, aunque las cosas parezcan complicadas ahora, confía en el proceso, estás aprendiendo y creciendo con cada desafío. Recuerda que grandes cosas te esperan, sé paciente y mantén la fe. Pronto verás cómo todo se alinea a tu favor y te trae oportunidades maravillosas.
Mantente abierto a lo que viene y prepárate para recibir lo bueno que está en camino. En los últimos minutos del trayecto en metro, Tony empieza a dormitar, no puede evitar que se le cierren los ojos y de repente ese asiento se convierte en el lugar más cómodo donde uno puede pegarse una pequeña siesta. En casa le espera su novia, Ana. A Ana le han ido mejor las cosas. Ella llegó a Londres desde un pueblo del País Vasco dos meses más tarde que Tony.
Empezó como él, de camarera en un hotel, después le ofrecieron empezar a trabajar en las oficinas del mismo hotel como administrativa, y unos meses más tarde la promocionaron a organizadora de eventos. Ahora ganaba más dinero que antes y tenía horario de oficina, dejando libres sus fines de semana. Nuestros protagonistas se conocieron en una fiesta española llamada Spanish party, o mejor dicho, Spanish party, en la discoteca a escala. La fiesta estaba llena de españoles que habían venido a Londres para mejorar su inglés. A los pocos meses de salir juntos decidieron que lo más lógico y rentable económicamente era irse a vivir juntos y dividir las setecientas libras del precio del alquiler de la habitación.
Ana y Tony compartían piso con un chico búlgaro que no salía nunca de la habitación y que nunca respetaba los turnos de limpieza, y con una chica italiana con la que se llevaban muy bien, sin llegar a convertirse en amiga de la joven pareja española. Cuando Tony llegó a casa, le dio un pico a su novia, se quitó la chaqueta, guantes y gorro, y fue directo a la nevera mostrando su decepción al verla casi vacía. Cariño, ¿qué cenamos? ¿Vamos al súper juntos? Después de ofrecer ir al supermercado, Tony recibe una propuesta inesperada de Ana.
Oye, ¿y si en vez de cocinar vamos a la pizzería de abajo? Me apetece cambiar un poco de aires. Tony, sorprendido pero aliviado por no tener que cocinar, acepta con una sonrisa. Claro, me parece perfecto. Durante la cena en la pizzería, Ana se muestra distante, perdida en sus pensamientos, jugueteando con los bordes de su pizza sin mucho apetito.
Tony intenta iniciar conversaciones triviales, pero nota que Ana responde con monosílabos o miradas ausentes. A pesar de esto, Tony decide no presionar, pensando que quizás solo ha sido un día largo y estresante para ella. Regresan a su piso comentando que las pizzas hoy no estaban igual de buenas que habitualmente. En casa, el ambiente es tenso, se preparan para dormir, cada uno sumido en sus propios pensamientos. En la cama, justo antes de apagar la luz, Ana se sienta y se gira hacia Tony.
Su expresión es seria, sus ojos evitando el contacto directo. Tony, tenemos que hablar, no es fácil para mí, pero creo que debemos tomar caminos separados. No me siento feliz y creo que tú tampoco. Lo siento mucho, pero creo que es lo mejor para los dos. Tony, mirando fijamente los ojos de Ana, no responde.
Un segundo, dos segundos, tres segundos, no dice nada, está en shock. En el cuarto o segundo continúa en silencio pero empieza a asentir con la cabeza. No está en shock porque esté muy sorprendido, de hecho, desde hacía semanas él mismo sentía que algo pasaba, y por la noche, cuando se acostaba en la misma cama que Ana, sentía que no quería estar ahí, que ahí no era. Estaba en shock porque nunca le habían dejado, nunca habían roto con él. De hecho, la relación con Ana era su primera relación seria y la primera que había superado los dos años.
Tienes razón, respondió Tony, rompiendo el silencio incómodo. Después pensó en algo, un pensamiento que le pareció tremendamente patético, pero necesitaba verbalizarlo. Podemos, ahora que había empezado a decirlo, le parecía incluso más patético. ¿Podemos decirle a la gente que hemos tomado la decisión los dos? No quiero que sepan que me has dejado.
Mierda. Ahora escuchando la frase completa le parecía incluso más patética. Pero Ana le comprende perfectamente, le responde con un sí acompañado de una sonrisa ligera y comprensiva. Tony se puso rápidamente en modo práctico, En un par de días se suponía que tenían que volar juntos a Barcelona, su ciudad, donde su familia iba a conocer por fin a su novia. Vas a tener que cancelar el vuelo a Barcelona conmigo, ¿no?
¿Vas a ir a tu pueblo? No te preocupes por eso, Tony, al final he decidido quedarme aquí en Navidad. A Tony le venía una ola de emoción desconocida que no quería surfear, no se sentía preparado. Así que continuó forzando la conversación a aspectos más prácticos de la ruptura. Cuando volviera de España en enero, podría irse a vivir con su amigo Miguel.
Además, también tenían que cancelar el hotel y los vuelos de un viaje a Roma, organizado para principios de marzo. Por mucho esfuerzo que hiciera Tony, esa ola de emoción desconocida continuó acercándose, y de repente no pudo evitar pensar en otras cosas. La noche en la que se conocieron, su primera cita, su primer beso, irse a vivir juntos y comprar los muebles de IKEA de segunda mano, su conversación sobre el nombre de sus futuros hijos, y de repente esa ola de emoción empezó a coger una forma más y más definida. Era una ola de pena, melancolía, amargura, tristeza y miedo. Dos grandes lágrimas se formaron en los ojos de Tony y empezaron a caer mientras continuaba pensando no solo en lo que habían vivido juntos, sino en lo que ya no vivirían.
En esa versión de ellos, en un universo paralelo donde se casan, se compran una casa y tienen hijos, esa versión que ya no va a existir en el mundo real. Ana no puede evitar ponerse a llorar también al ver a Tony como nunca lo había visto. Para romper un poco el dramatismo del momento, le dice, hasta llorando como un niño estás guapo. Tony, no me puedo creer que estés rompiendo con un tío tan guapo. Tony se lanza a abrazarla.
Ana acepta su abrazo y entrelazan sus cuerpos. Tony le hace una pregunta cerca de la oreja, hablando bajito. Vamos a continuar siendo amigos. Pues claro que sí, tonto. El abrazo se convierte en algo más íntimo y comienzan a besarse.
Entremezclan sus salivas y también sus lágrimas que continúan cayendo. Esa noche hicieron el amor por última vez y fue tan especial como la primera. A la mañana siguiente fueron a desayunar a la cafetería de al lado de la estación de metro, llamada Redemption. Tony quería aclarar algo, hace un par de semanas había visto por casualidad en la pantalla del teléfono de Ana, que estaba sobre la mesa de la cocina un mensaje de WhatsApp de un tal Isaac que decía morning quisses. Tony le preguntó por ese mensaje y Ana le dijo que era un cliente pesado que no dejaba de mandarle mensajes inapropiados y que no se preocupara.
Ana, esto no tiene nada que ver con ese cliente, ¿no? Por supuesto que no, respondió ella con una sonrisa honesta. Desayunaron café y compartieron un trozo de tarta de chocolate, la favorita de los dos, a pesar de que ninguno tenía mucha hambre. En la cafetería empezó a sonar la canción de fix you, de Coldplay, cuyas letras dicen, y las lágrimas bajan por tu cara, cuando pierdes algo que no puedes reemplazar, cuando amas a alguien pero al final no funciona. Tony y Ana no pueden evitar emocionarse viéndose en esa situación, escuchando juntos esa canción y recordarán para siempre ese café como el café más triste de la historia.
Al día siguiente Tony voló a Barcelona y pasó las vacaciones de Navidad allí con su familia. Intentaba hacerse a la idea de su nueva situación, que Ana y él ya no estaban juntos. La echaba de menos como nunca antes la había echado de menos. Intentaba tener contacto con ella a través de WhatsApp, pero ella tardaba cada vez más tiempo en contestar, mostrándose reticente a tener demasiado contacto con él. Tony, no podemos hablar tanto, no es bueno.
Disfruta de la Navidad y dejemos que pase el tiempo para acostumbrarnos a la nueva situación. Tony entendió perfectamente el mensaje de Ana y respetó su decisión de no hablarse demasiado. Ella tenía ventaja, ella había tenido más experiencias, pero para Tony era su primera ruptura y se sentía perdido frente a las olas de emociones desconocidas que le iban viniendo esos días. Si esto fuera una de esas películas navideñas, Ana hubiera aparecido por sorpresa en Barcelona durante la cena con su familia. Ana y Tony habrían decidido darse una segunda oportunidad, intentarlo de nuevo, y tomarse un chocolate caliente en el sofá de los padres de Tony mientras ven Love actually con el calor de la chimenea.
Pero lo que pasa es que esto no es una comedia romántica de Navidad. Esta historia no se llama Navidad en el camino, Operación Navidad o un príncipe de Navidad, se llama abandono antes de Navidad. El último día del año, Tony recibió la confirmación de algo que se le había pasado por la cabeza. Hablando con su amiga de Londres, Laura, Tony se lamentaba por haber sido tan negativo durante los últimos meses, no podía evitar pensar en todo lo que había hecho mal. Su amiga le pidió que no fuera tan duro consigo mismo, y le dijo que Ana tampoco había sido exactamente la novia perfecta.
¿Por qué dices eso, Laura? Joder, Tony, pues porque Ana lleva más de dos meses viéndose con otro chico, no ha hecho las cosas bien, creo que te mereces saberlo, la verdad. Tony lo conectó todo, ese mensaje del tal Isaac dándole los buenos días con besos y esos eventos de trabajo nocturnos a los que Ana tenía que ir tan frecuentemente en las últimas semanas, ahora tenían sentido, le había estado engañando con él, se sintió el tío más estúpido del mundo. Además hizo lo peor que se puede hacer en estos casos, saber más sobre este Isaac. Quería conocer a su sustituto, porque era exactamente así como se sentía, sustituido, como el que se cambia de coche por uno más bonito, más completo, y en definitiva mejor.
Lo encontró fácilmente en una red social profesional, dándose cuenta de que efectivamente Ana le había cambiado por alguien más bonito, más completo, mejor. Teniendo en cuenta el trabajo del tal Isaac, probablemente ganaba diez veces más que Tony y se podía permitir alquilar o incluso comprar un apartamento para él solo, donde había estado viendo a la que era su novia. El día uno de enero, Tony volvió de vuelta a Londres, al día siguiente tenía que volver al trabajo. Fue especialmente triste ver que, como Ana no había podido cancelar el vuelo, su asiento, el veintiuno A, junto a la ventanilla, estaba vacío. Tony se sentó en el suyo y se acordó de la predicción del horóscopo que había leído hace unos días.
Piscis, aunque las cosas parezcan complicadas ahora, confía en el proceso, estás aprendiendo y creciendo con cada desafío. ¿Confía en el proceso? Y una sí mismo. Cuando el avión despegó, pensó Tony para sí mismo. Cuando el avión despegó, Tony, mirando el asiento vacío donde debería haber estado sentada Ana, volvió a sentir que llegaba esa ola que ocupaba gran parte de sus días, una ola de pena, melancolía, amargura, tristeza, miedo, y ahora también de enfado, humillación y resentimiento, después de enterarse de que Ana le había estado engañando con ese tal Isaac.
Comprendió entonces por qué había tantas canciones que hablaban de amor y de desamor, de rupturas, decepciones y traiciones. Se acordaba de las canciones de Julio Iglesias que su padre ponía en el coche cuando era pequeño, y de las letras de las canciones de Adele que sonaban todo el tiempo en el hilo musical de la cafetería donde trabaja. Ahora, por primera vez, se podía identificar con cada una de estas letras, que antes le parecían cursis y ahora parecían contar su historia. Por supuesto, a la vuelta de Londres, la promesa que se hicieron Ana y Tony de continuar siendo amigos nunca se cumplió, nunca más se volvieron a ver. Tony recogió las cosas de la habitación que tenían en común mientras Ana estaba fuera de la casa y nunca más volvieron a hablar.
Desde luego, la historia de una comedia romántica navideña no era su realidad, pero eso no significa que sus vidas estuvieran exentas de aprendizaje y crecimiento. El tiempo, siempre un maestro implacable, ofrecía sus lecciones, aunque a un ritmo más lento de lo esperado. Tony pasó un tiempo, una eternidad para él, navegando por aguas desconocidas, enfrentando el abandono, algo completamente desconocido para él, y también el sentimiento de ser reemplazado. Aprendió con el tiempo que no podía compararse con nadie, ni siquiera consigo mismo. Con el tiempo también, su resentimiento hacia Ana comenzó a desaparecer.
Como le dijo su padre en un momento de sabiduría, no necesitas perdonarla hijo, Estas cosas pasan y te podrían haber pasado a ti también. Tony comprendió que para salir del agujero primero tenía que estar en él, y poco a poco se recompuso. La frase que le repetía todo el mundo en esos momentos, el tiempo todo locura, resultó ser verdad. Por su parte, Ana, quien no se sentía nada orgullosa de cómo hizo las cosas, también aprendió. La experiencia con Tony le sirvió como un espejo en el que pudo ver las consecuencias de sus acciones y la importancia de tomar decisiones más conscientes y consideradas en el futuro.
La vida no les ofreció un final de cuento de hadas, pero les dio algo posiblemente más valioso, la oportunidad de conocerse mejor a sí mismos y de aprender a navegar la complejidad de las relaciones entre esos seres llamados humanos con más sabiduría y madurez. Ana se casó en dos mil diecisiete con Isaac, cuatro años después de nuestra historia, y en dos mil veinte, durante la pandemia, volvió a vivir a su pueblo del País Pasco, ya felizmente divorciada. Tony continuó en Londres y nunca llegó a usar su título de ingeniero mecánico ni su máster en automoción. Continuó trabajando en el mundo de la hostelería y se dio cuenta de que podía ser un muy buen trabajo para él. Ahora es el encargado de un conocido restaurante en Chelsea y, a pesar del estrés, adora su trabajo.
Hoy, justo diez años después del principio de nuestra historia, Tony ha pasado con el coche por el barrio de Londres donde vivió con Ana hace ya una década. Ha parado por la cafetería Redemption, que todavía sigue allí, y ha comprado un café y un trozo de tarta de chocolate de la que les gustaba tanto. Todo está igual a como lo recordaba. Desde su mesa puede ver a una pareja joven comiéndose a besos en la misma mesa en la que Ana y él hace años se vieron por última vez. Decide hacer una foto al café y a la tarta de chocolate y enviársela a Ana junto con el siguiente mensaje.
Ana, mira dónde estoy, siguen haciendo la tarta igual de buena que siempre. Por cierto, creo que es el décimo aniversario de nuestra ruptura. El tiempo vuela. Espero que estés bien. Feliz Navidad y feliz año nuevo.
Un abrazo grande.