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Episodio número ciento noventa y cuatro, estoicismo. ¿Sabiduría antigua para vivir mejor hoy? Hola, estudiante, soy César. Te doy la bienvenida a un nuevo episodio del podcast de nivel intermedio de Spanish Language Coach. Este es un podcast diseñado para ayudarte a mejorar tu comprensión del español mientras exploramos temas interesantes y útiles.

¿Sabías que hay una filosofía de hace más de dos mil años que podría ayudarte a vivir con más calma, incluso, en medio del caos? Hoy hablamos de estoicismo. De hecho, yo creo que el estoicismo no es una filosofía opcional, sino que cualquier persona en su vida va a tener que tener una actitud estoica, simplemente, porque no le queda más remedio. El estoicismo está de moda, hay una especie de revival, de resurgimiento de este pensamiento, y vamos a hablar de ello, y también vamos a analizar algo a lo que vamos a llamar estoicismo tóxico. Y, antes de entrar en el tema, recuerda que puedes leer la transcripción completa de este episodio en Spanish Language Coach punto com.

También te animo a suscribirte al podcast en tu plataforma favorita para recibir los nuevos episodios cada semana. Dale al clic de suscribirse o seguir. Y, ahora sí, vamos a comenzar y vamos a comenzar con una historia, con un cuento. Hace más de dos mil años, en una pequeña ciudad de la isla de Chipre llamada Sitio, vivía un comerciante llamado Zenón. Zenón era un hombre ambicioso y trabajador.

Desde muy joven, tenía un talento especial para los negocios y, poco a poco, fue construyendo una vida cómoda. Podríamos decir que era una persona hecha a misma. Era conocido en su comunidad como un comerciante exitoso, alguien en quien se podía confiar. Sin embargo, Zenón no solo se preocupaba por el dinero, no estaba obsesionado con la riqueza material. También era una persona curiosa, que disfrutaba de la lectura y de las conversaciones profundas.

A menudo, leía a los grandes poetas y filósofos de su tiempo en los ratos libres que le dejaba su vida de negocios. Pero, como en todas las grandes historias que merecen ser contadas, un día, de la noche a la mañana, la vida de Zenón cambió por completo. Su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Durante uno de sus viajes comerciales, una tormenta terrible empezó a castigar su barco. Las olas eran tan grandes y el viento tan fuerte que el barco se hundió en el fondo del mar con toda su mercancía.

Zenón sobrevivió milagrosamente, pero cuando llegó a la costa de Atenas no tenía nada, ni dinero ni barco ni mercancías. Muchas personas en su lugar habrían caído en la desesperación. Puedes imaginar perder todo aquello, por lo que has trabajado durante años, en un chasquido de dedos, en un abrir y cerrar de ojos. Pero el protagonista de nuestra historia no era una persona común, decidió quedarse en Atenas para buscar una nueva dirección en su vida, empezar de cero. Y un día, mientras caminaba por el mercado, encontró una librería y empezó a leer sobre las enseñanzas de Sócrates, un filósofo un filósofo griego muy famoso, y Zenón quedó absolutamente fascinado.

Las ideas de Sócrates le hablaban de aceptación, virtudes y cómo encontrar la paz interior, incluso en los momentos más difíciles. Fue en ese momento cuando decidió que no quería volver a ser simplemente un comerciante, quería ser un filósofo. Y aunque Sócrates tuvo un papel importante en la vida de nuestro protagonista, quienes de verdad dejaron huella en él fueron los cínicos. ¿Y quiénes eran ellos? Pues un grupo de personas que, lejos de vestirse de manera elegante o dar discursos complicados, se destacaban justo por lo contrario.

Los cínicos vivían con lo mínimo, rechazaban los lujos y las normas sociales de la época. Su filosofía era sencilla, pero poderosa. La felicidad no viene de cosas externas, sino de vivir en armonía con la virtud y la naturaleza. Y un ejemplo famoso de esta forma de pensar es Diógenes de Sinope, un filósofo que, según dicen, vivía en un barril y caminaba por la ciudad con una con una lámpara durante el día, diciendo que buscaba un hombre honesto. Su vida era como una especie de mensaje andante.

¿Qué nos quería decir? Que no necesitas dinero, poder ni fama para ser feliz. Lo único realmente importante es la virtud, es decir, ser una buena persona y vivir de manera auténtica. Y antes de seguir hablando del estoicismo, quiero hacer un paréntesis para contarte un par de curiosidades que seguro te van a interesar. Quizás el nombre de Diógenes de Sinope te suene de algo, ¿verdad?

Pues sí, resulta que existe algo llamado síndrome de Diógenes. Es un trastorno donde las personas tienden a aislarse, acumular cosas sin parar y descuidar su higiene personal. Pero aquí está lo curioso, le dieron ese nombre de forma irónica, porque Diógenes de Sinope era justo lo opuesto, era un minimalista total, vivía con lo mínimo de lo mínimo y no acumulaba nada. La otra curiosidad tiene que ver con la palabra cínico. Si hablas español y también inglés, quizás te hayas dado cuenta de que esta palabra no siempre significa lo mismo en ambos idiomas.

En los dos que tiene un significado relacionado con la filosofía de los cínicos. Pero cuando usamos cínico para describir la personalidad de alguien, la cosa cambia, y esto lo descubrimos el inglés y yo porque uno de los dos usó la palabra y el otro dijo, espera, eso no significa lo que crees que significa. Fuimos a investigar y, sorpresa, los dos teníamos razón. Te cuento, en español, la palabra cínico, cínica, tiene una connotación bastante negativa y se usa para describir a alguien descarado, desvergonzado, o que actúa sin importarle las normas éticas o sociales. Es como si esa persona despreciara los valores morales o lo que los demás piensan.

Por ejemplo, podrías escuchar algo como, es un político cínico, miente sin ningún pudor. Suena fuerte, ¿verdad? En inglés, en cambio, aunque también puede tener un toque negativo, no llega a ser tan extremo. Así se usa más para describir a alguien escéptico, alguien que desconfía de las buenas intenciones o motivaciones de los demás. No necesariamente implica descaro o falta de vergüenza, como ocurre en español.

Y, ahora sí, volvemos a Zenón que, gracias a lo que vivió y aprendió, terminó creando el estoicismo. Esta filosofía tenía un objetivo muy claro, ayudar a las personas a enfrentarse a los retos de la vida con calma y fuerza interior. Lo interesante del estoicismo es lo accesible que era, sobre todo si lo comparamos con otras filosofías de la época. Muchas estaban dirigidas solo a las élites, pero el estoicismo era diferente. Sus ideas eran sencillas, prácticas y podían aplicarse en la vida cotidiana, sin importar si era rico, pobre, educado o no.

Y en una sociedad donde las diferencias sociales eran enormes, eso marcaba una gran diferencia. Y, de hecho, un buen ejemplo de esta apertura es que dos de los estoicos más famosos venían de extremos opuestos de la sociedad, Marco Aurelio, un emperador romano, y Epícteto, un esclavo. Cada uno, a su manera, encontró en el estoicismo una guía para vivir con equilibrio y propósito, una filosofía que, como ves, no entendía de barreras sociales. El esoicismo tiene un principio básico que, aunque suena simple, es increíblemente poderoso, aceptar lo que no podemos cambiar y centrarnos en lo que podemos controlar. ¿Te imaginas lo liberador que puede ser eso?

Bueno, para Zenón, esta idea era como una brújula, ese instrumento que te ayuda a encontrar el norte y orientarte, incluso, en medio de la confusión o las dificultades. Piénsalo así, no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, no podemos decidir cómo actúan otras personas ni evitar que ocurran ciertos eventos inesperados, pero lo que que está completamente en nuestras manos es nuestra reacción ante esas situaciones. Y esa, según Zenón, es la verdadera libertad, ser dueños y dueñas de nuestras emociones y acciones, incluso cuando parece que el mundo entero está en nuestra contra. Y esto me recuerda mucho a la oración de la serenidad, es una frase que se dice en cada reunión de los grupos de apoyo para personas con adicciones. Seguro que has escuchado hablar de grupos como alcohólicos anónimos, narcóticos anónimos o jugadores anónimos.

Estos grupos no son solo para las personas que padecen la adicción, sino también para familiares y amigos. Hace algunos años estuve en varias de estas reuniones para ayudar a alguien cercano a con su adicción, y cada una de las charlas a cada va poniéndonos todos en pie, cogiéndonos de la mano y recitando esta oración que dice, dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia. Aunque tiene un contexto espiritual, el mensaje de esta oración está muy alineado con los principios del estoicismo, que también promueve aceptar lo inevitable y centrarse en lo que está bajo nuestro control. Y aunque es cierto que la primera vez que tuve que ponerme en pie, cogido de la mano de desconocidos recitando esta oración, me pareció algo muy extraño, es una frase que fui interiorizando poco a poco y siempre ha sido muy útil. Ahora vamos a explorar un poquito más los principios básicos del estoicismo.

Son ideas que, aunque vienen de hace siglos, tienen muchísimo que enseñarnos todavía. Vamos a verlos uno por uno, hay tres. El uno es aceptar lo inevitable. Hay muchas cosas en la vida que simplemente no podemos controlar, ¿verdad? El clima, las decisiones que toman otras personas o esos imprevistos que aparecen de la nada y nos cambian los planes.

El estoicismo nos dice que luchar contra estas cosas solo nos traerá frustración y sufrimiento. En lugar de eso, la clave está en aceptarlas con serenidad. Un ejemplo muy impactante de esto es el de Viktor Frank, autor del libro El hombre en busca de sentido. Este hombre fue prisionero en varios campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Perdió a toda su familia y vivió en condiciones que no podemos imaginar.

Sin embargo, en medio de ese horror, encontró sentido ayudando a otros prisioneros. Su filosofía se basa en algo muy estoico. Aunque no puedes controlar lo que te sucede, siempre puedes elegir tu actitud. Y este enfoque lo llevó a desarrollar la logoterapia, que es una escuela de la psicoterapia que ayuda a las personas a encontrar propósito en sus vidas. Número dos, practicar la virtud.

Para los estoicos, vivir bien no tiene nada que ver con acumular riquezas o lograr fama. Lo que realmente importa es cultivar cualidades como la justicia, la sabiduría, el coraje y la moderación. Estas virtudes son como una guía, una brújula para llevar una vida equilibrada y con sentido. Y número tres, encontrar la paz interior. Las emociones, tanto las negativas como las positivas, pueden desestabilizarnos si no aprendemos a manejarlas.

Los estoicos nos animan a buscar una tranquilidad constante, a no dejar que lo que ocurre fuera de nosotros controle cómo nos sentimos por dentro. Es un ejercicio de equilibrio, de mantenernos firmes incluso cuando la vida se pone difícil. A ver, ¿qué te parece? ¿Te identificas con alguno de estos principios? Uno de los principios del escepticismo que más me gusta a es cómo nos ayuda a enfrentarnos a la queja constante.

Seguro que conoces a alguien que siempre encuentra algo malo en todo. El clima está horrible, el trabajo insoportable, y siempre parece haber una lista interminable de quejas, quejas, quejas, quejas. Y, a ver, no me malinterpretes, todos necesitamos desahogarnos de vez en cuando, hablar de lo que no nos gusta, pero el problema es cuando esto se convierte en un hábito. El estoicismo nos invita a observar estas quejas y preguntarnos, a ver, ¿puedo cambiar algo de esta situación? Si no, ¿por qué dedicar mi energía a quejarme?

Esta filosofía nos da un respiro ante esa negatividad crónica, pero, claro, también es importante recordar que no somos máquinas, porque, como en todo, también hay formas de malinterpretar esta filosofía. A esto se le llama estoicismo tóxico. Y, a menudo, está ligado a ciertas ideas rígidas, ¿no? Como la de que mostrar emociones es una debilidad, y vamos a ver por qué este enfoque puede ser problemático. Reconocer nuestras emociones, incluso las que no nos gustan, pues nos ayuda a entendernos mejor, ¿no?

Y también a conectar con los demás. Ser vulnerable no significa ser débil, simplemente es ser parte de ser una persona real, y es esa idea que se asocia mucho a la fortaleza de una persona, ¿no? A no mostrarse débil, a una persona que no llora, que no muestra debilidad y siempre tiene que estar bajo control. Pero seamos sinceros, ¿quién puede vivir así todo el tiempo? Al final, eso solo nos distancia de nuestras emociones y de las personas que nos rodean.

Tal vez, en lugar de intentar ser como una roca que parece fuerte, ¿no? Pero que puede romperse bajo demasiada presión, podríamos ser más como un junco. ¿Sabes qué es? Es esa planta que crece junto al agua y que cuando sopla el viento se dobla, pero no se rompe. Es flexible, pero sigue siendo fuerte porque está bien instalada en la Tierra.

Ser como un junco suena más razonable, ¿no? Combinar los principios del estoicismo con la posibilidad de ser vulnerable cuando lo necesitas. Y otro de los problemas del estoicismo tóxico actual, que vemos sobre todo en la era digital, es que está muy relacionado con la falta de placer, parece una constante batalla entre nuestros instintos más profundos. También podrían enseñar a disfrutar, ¿no? YYA disfrutarnos.

Y, al final, lo que el estoicismo propone, y que se refleja en la oración de la serenidad, es una idea sencilla, pero tremendamente difícil de aplicar, aceptar lo que no podemos cambiar, tener valor para cambiar lo que podemos y encontrar la sabiduría para distinguir entre ambas. Y digo que es difícil de aplicar especialmente por la última parte, la sabiduría para distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no. Yo ahí le veo un gran fallo al estoicismo, porque no creo que en la vida se nos den esas opciones tan binarias. ¿Puedo o no puedo controlar controlar esto? En muchas situaciones, quizás, no podemos controlar de forma directa, pero podemos influir, ¿no?

Entonces, las preguntas serán otras. ¿Debería intentar controlarlo? ¿Debería influir? Y para es una de las preguntas más complicadas, porque siempre tengo miedo de ser demasiado controlador y de querer estar en todo. Y es que, como digo, esa visión tan binaria entre lo que podemos controlar y lo que no es bastante perjudicial, en mi opinión.

Imaginemos que la historia de la humanidad hubiese estado dominada por la filosofía estoica, con su visión individualista de lo que yo puedo controlar y lo que no puedo. Pues, muchos avances sociales no hubieran sucedido. Pensemos, por ejemplo, en luchas como la abolición de la esclavitud, los movimientos, por los derechos civiles o el sufragio universal. Si sus líderes y participantes hubieran adoptado una postura estrictamente estoica, podrían haber considerado que esas estructuras opresivas y el status quo eran algo inevitable, que eran parte del orden natural del mundo y habrían dirigido su energía únicamente a gestionar su reacción emocional por estas injusticias. Pero, afortunadamente, existieron personas como Emmeline Punk Punkherst o Martin Luther King Junior, que no tuvieron esta actitud y pensaron que que podían cambiar el mundo a mejor.

No se trata de ser perfectos o de cumplir con cada principio filosófico a la perfección, quizás se trate simplemente de intentar vivir con un poquito más de serenidad, ser menos reactivo y con un poco menos de queja. Como el junco, encontrar ese equilibrio entre fortaleza y flexibilidad. Ser estoico no significa reprimir tus emociones, sino aprender a gestionarles, gestionarlas de una forma que te permita vivir con más paz y propósito. Espero que este episodio te haya dejado reflexionando sobre cómo el estoicismo puede ser una herramienta útil para enfrentar los retos de la vida, entre ellos aprender un idioma. Y antes de acabar, tengo que darle las gracias a el inglés que me ha ayudado a hacer este episodio.

Si quieres escucharnos hablando de este mismo tema, pero en inglés, puedes hacerlo, solo tienes que seguir nuestro podcast en inglés, Inglés and Beyond, y nada más. Si tienes alguna experiencia o idea sobre este tema, me encantaría leerla. Deja tu comentario en la web o en la sección de comentarios del episodio en Spotify o YouTube. Gracias por acompañarme una semana más, estudiante. Un abrazo grande.

Podcast: Intermediate Spanish Podcast
Episode: E194 Estoicismo: ¿Sabiduría antigua para vivir mejor hoy?