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Charlas hispanas, episodio mil doscientos noventa, Sesgos cognitivos. Bienvenidos a Charlas Hispanas, el podcast diario de español latinoamericano. Puedes ver la transcripción completa de este audio y acceder a ejercicios y explicaciones para aprender el vocabulario y expresiones de este episodio. Ese contenido solo está disponible para suscriptores premium. Forma parte de nuestra comunidad en Charlas Hispanas punto com.

Hola, queridísimo oyente, ¿cómo va todo? Hoy te acompaño yo, Sebastián, tu locutor y amigo colombiano. Hoy hablaremos de un tema fascinante, los sesgos cognitivos. En este episodio vamos a descubrir cómo nuestra mente, que parece tan racional, en realidad toma muchos atajos para simplificarnos la vida. Y ojo, diciembre es el mes perfecto para notar estos fenómenos, porque está lleno de situaciones en las que nuestro cerebro trabaja a toda máquina.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos tomando decisiones constantemente. Piensa en esto, ¿cuántas decisiones tomaste hoy sin darte cuenta? ¿Elegiste a qué hora levantarte? Si apagar la alarma o quedarte cinco minuticos más en la cama, qué desayunar, cómo vestirte y hasta por qué ruta salir para evitar el trancón. Y eso que todavía no has llegado a la oficina o al primer encargo del día.

Un dato curioso es que según algunos estudios, las personas tomamos alrededor de treinta y cinco mil decisiones al día, así como lo oyes, treinta y cinco mil, pero aquí viene lo interesante, tan solo somos conscientes de una fracción de esas decisiones, algo así como el uno por ciento. Esto quiere decir que la mayoría de las veces no estamos deliberando profundamente, sino que nuestro cerebro toma decisiones automáticamente. Imagina, por ejemplo, que estás en un centro comercial buscando regalos de Navidad. Entre los descuentos, las luces y la música de fondo, tu cerebro tiene que filtrar muchísima información para decidir rápido qué comprar. Aquí es donde entran en juego los sesgos cognitivos, esos atajos mentales que nos permiten tomar decisiones rápidas, pero que no siempre son acertadas.

Estos atajos mentales simplifican la tarea de decidir rápido. Si estás comprando un regalo, tal vez eliges el juguete más caro porque asumes que un precio alto significa mejor calidad, o te decides por un perfume solo porque tiene un empaque bonito que resalta entre los demás. A veces tu cerebro prioriza lo que parece más urgente o popular, como un artículo que está casi agotado, sin detenerte a evaluar si realmente es el mejor regalo para esa persona especial. Estos atajos no siempre son acertados, puedes terminar comprando algo innecesario o incluso gastando más dinero del que habías planeado porque tu cerebro se dejó llevar, por estímulos externos como el brillo de un producto o la emoción del momento. En estas situaciones, los sesgos cognitivos son una especie de modo automático que nos permite decidir rápido en un ambiente tan abrumador como un centro comercial en plena temporada navideña, pero también son una muestra de cómo nuestras decisiones pueden estar más influenciadas por las apariencias que por un análisis racional.

Para entender los sesgos cognitivos, primero debemos reconocer algo. El cerebro humano es una máquina impresionante, pero tiene sus límites. Aunque parece que estamos en control de nuestras decisiones, en realidad nuestra mente utiliza estrategias rápidas para enfrentar la cantidad abrumadora de información que enfrentamos a diario. Estos atajos son lo que llamamos sesgos cognitivos y, aunque muchas veces nos ayudan a actuar sin quedarnos paralizados, también pueden llevarnos a errores. El concepto de sesgos cognitivos no es nuevo, fue estudiado en profundidad por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tubersky en los años setenta.

Ellos notaron que las personas no siempre razonan de manera lógica o racional, especialmente cuando enfrentan problemas complejos o tienen que decidir rápido. Este hallazgo fue tan importante que Kahneman ganó el premio Nobel de economía en dos mil dos por sus investigaciones. Lo más interesante es que los sesgos cognitivos no solo se limitan a la psicología, también tienen aplicaciones en economía, política, marketing y hasta medicina. Por ejemplo, las estrategias de venta en esta época del año están diseñadas para aprovechar nuestros sesgos, Los descuentos, las promociones por tiempo limitado y las ofertas en paquete funcionan precisamente porque nuestro cerebro prefiere actuar rápido antes que analizar en detalle. Para entender mejor cómo funcionan, podemos dividir los sesgos cognitivos en cuatro categorías según los problemas que buscan resolver.

En primer lugar, nos ayudan a actuar rápido. En situaciones donde el tiempo apremia, nuestro cerebro no puede detenerse a analizar todo. Por ejemplo, si estás en una fila y te dicen que la oferta de dos por uno en buñuelos se acaba en cinco minutos, es probable que decidas comprar sin pensar mucho. Estos sesgos incluyen optar, por lo que parece, más sencillo, seguir al grupo o decidir basado en lo que está más cerca o lo que es más accesible. En segundo lugar, los sesgos actúan para filtrar la información.

En muchas situaciones de la vida diaria nuestro cerebro se enfrenta a una sobrecarga de información, ya sea al navegar por Internet, leer titulares de noticias o simplemente caminar por una calle llena de anuncios y estímulos visuales. Nuestra mente tiene que filtrar rápidamente lo que considera relevante para poder tomar decisiones. Por ejemplo, tendemos a darle más importancia a lo que confirma nuestras creencias pre existentes, a lo que confirma nuestras creencias pre existentes. Si alguien tiene la idea de que un producto es más confiable porque proviene de una marca conocida, es más probable que lo elija, incluso si no ha comprado otras opciones. Además, nuestra atención suele ser captada por detalles llamativos, como colores vivos, empaques visualmente atractivos o elementos que destacan entre la multitud.

En tercer lugar, podemos hablar de la falta de información. A veces no tenemos todos los datos para tomar una decisión informada. En esos momentos, nuestra mente busca llenar vacíos basándose en experiencias previas, suposiciones o patrones que considera lógicos. Por ejemplo, si visitas una nueva ciudad y necesitas decidir dónde comer, es posible que asumas que un restaurante lleno de clientes es mejor que uno vacío, aunque no tengas información concreta sobre la calidad de la comida. Esto es algo que hacemos todos.

Otro ejemplo, imagina que conoces a alguien nuevo, no conoces a esa persona, entonces no puedes saber si te cae bien o no. Sin embargo, los sesgos van a influir en tu opinión sobre esa persona. Si esa persona tiene un tono de voz o una forma de expresarse que te recuerda a alguien que aprecias, sentirás más confianza o empatía hacia ella. En este punto también se incluyen los estereotipos y prejuicios, que a veces pueden ser muy negativos. Cuando una persona tiene pensamientos negativos sobre otra, solo por su color de piel, su origen o su género, por poner algunos ejemplos, está utilizando un atajo mental que llena los vacíos de información con creencias preconcebidas y a veces esas creencias pueden ser muy injustas e incorrectas.

En lugar de evaluar esa persona por sus acciones, capacidades o forma de ser, el cerebro recurre a generalizaciones simplistas que no siempre son justas ni basadas en la realidad. Por último, los sesgos nos ayudan a recordar información, sin embargo, pueden provocar que nuestros recuerdos no sean muy reales porque van a estar sesgados. Para nuestro cerebro es imposible recordar toda la información y todos los eventos, por eso los sesgos simplifican esos recuerdos. Nuestro cerebro almacena los recuerdos de manera distinta, según como los experimentamos. Tendemos a simplificar los eventos o historias a sus elementos clave, destacamos lo específico y nos centramos en las generalidades.

Además, muchos recuerdos que tenemos no son una realidad de lo que pasó, sino que es una versión que nos cuenta nuestro cerebro de lo que pasó. En un famoso estudio sobre los recuerdos preguntaron a los participantes qué estaban haciendo y cómo se sintieron cuando vieron los ataques del once de septiembre. Se recopilaron las respuestas poco después del evento y luego, meses y años después, les volvieron a preguntar sobre esos mismos recuerdos para comparar sus respuestas. Los resultados fueron sorprendentes, los participantes estaban seguros de que sus resultados eran precisos, incluso años después del evento. Sin embargo, cuando los investigadores compararon las respuestas iniciales con las respuestas posteriores, encontraron que no recordaban bien las cosas.

La información no era precisa y muchos recuerdos estaban errados, pero los participantes creían que recordaban todo a la perfección. Los participantes creían recordar detalles específicos, dónde estaban, con quién estaban hablando y cómo se sintieron, pero la información que recordaban era diferente a lo que habían dicho justo después del evento. Esto demostró que incluso los recuerdos más vívidos y emocionalmente cargados son susceptibles a errores o reinterpretaciones. Entonces, ahora que hemos visto cómo nos influyen los sesgos cognitivos, quizá podamos pensar que son defectos y que no deberíamos tenerlos, pero no. Oyente, los sesgos son esenciales para nuestra supervivencia.

Imagínate, si tuvieras que analizar cada una de las treinta y cinco mil decisiones que tomas al día, sería imposible avanzar. Gracias a estos atajos, podemos actuar rápido y lidiar con el caos de la vida diaria. Sin embargo, es importante ser consciente de estos sesgos, ya que pueden llevarnos a cometer errores de juicio o a tomar decisiones que no sean las más acertadas. Por ejemplo, comprender que nuestras reacciones y recuerdos pueden estar influenciados por estos sesgos que nos ayuda a ser más empáticos y menos críticos con los demás. Quizá tienes un recuerdo negativo de una mala persona, pero ¿realmente puedes confiar en ese recuerdo?

Ocurrió todo exactamente como recuerdas, tu recuerdo puede estar sesgado. En episodios futuros exploraremos en profundidad cómo identificar y gestionar estos sesgos en diferentes áreas de nuestra vida, desde el trabajo y las relaciones personales hasta la toma de decisiones financieras. Esto fue todo por hoy. Recuerda que puedes ver la transcripción completa de este audio y puedes acceder a una hoja con ejercicios y explicaciones para aprender el vocabulario y expresiones que utilizamos en este episodio. Este contenido solo está disponible para suscriptores premium.

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Podcast: Charlas Hispanas
Episode: 1290. Sesgos cognitivos