Monte Soriano mira al cielo. Es solo una llovizna pasajera, dice Raúl Montes Soriano. Además, los equipos son a prueba de agua, ¿o no? ¿No íbamos a filmar en el mar? Sí, pero, responde Manolo.
Entonces, nada, interrumpe Montessoriano. Solo nos falta la conversación entre Jordi y Camila. Es eso y terminamos el día, corregiremos la lluvia en postproducción. Después de escuchar a Montessoriano, todo el equipo se pone en posición de filmar. Angélica, mientras tanto, se cubre con un delgado impermeable.
Ella siempre disfrutó de los absurdos que eran los argumentos de las telenovelas. Por supuesto que no eran realistas, pero tampoco pretendían serlo. Eran una especie de colaboración entre la imaginación y el deseo. Imaginar algo imposible y fingir que creemos que eso puede existir, ese es el juego. ¿En qué mundo un actor norteamericano millonario se enamora de una pobre muchacha mexicana?
No en el Acapulco de los años 60, desde luego, por más que Hotel Paradiso proponga lo contrario. Para colmo, ¿esa muchacha es la hija no reconocida de un hotelero millonario local y su primera mujer ahora muerta? ¿Y la segunda mujer del hotelero lo sabe? Es demasiado y, precisamente, por eso es divertido. Alarmarse, to be alarmd, llovizna, drizzle, pasajero, pasajera, passin.
A prueba de agua, waterproof, Filmar, to shoot. Impermeable, raincoat. Argumento, plot. And now, let's listen to story one moth time. Capítulo 11, cae la lluvia.
Las primeras gotas de lluvia empiezan a caer sobre la arena. Manolo se alarma. Quizás deberíamos retirarnos, dice Manolo, por los equipos. Monte Soriano mira al cielo. Es solo una llovizna pasajera, dice Raúl Monte Soriano.
Además, los equipos son a prueba de agua, ¿o no? ¿No íbamos a filmar en el mar? Sí, pero, responde Manolo. Entonces, nada, interrumpe Montessoriano. Solo nos falta la conversación entre Jordi y Camila.
Es eso y terminamos el día, corregiremos la lluvia en posproducción. Después de escuchar a Montessoriano, todo el equipo se pone en posición de filmar. Angélica, mientras tanto, se cubre con un delgado impermeable. Ella siempre disfrutó de los absurdos que eran los argumentos de las telenovelas. Por supuesto que no eran realistas, pero tampoco pretendían serlo.
Eran una especie de colaboración entre la imaginación y el deseo. Imaginar algo imposible y fingir que creemos que eso puede existir, ese es el juego. ¿En qué mundo un actor norteamericano millonario se enamora de una pobre muchacha mexicana? No en el Acapulco de los años 60, desde luego, por más que Hotel Paraíso proponga lo contrario. Para colmo, ¿esa muchacha es la hija no reconocida de un hotelero millonario local y su primera mujer ahora muerta?
¿Y la segunda mujer del hotelero lo sabe? Es demasiado y, precisamente, por eso es divertido. Nos vemos allí.