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Esto es Rambulantes, soy Daniel Alarcón. Era agosto de 2020, plena pandemia. Melanie Rifo, de 20 años, estaba con su mamá en su casa en Chillán, una ciudad en el centro sur de Chile. Mientras tomaban el té, como todas las tardes, la televisión estaba prendida en el fondo. Pasaban las noticias y se escuchaba lo de siempre en esa época, contagios, virus, cuarentena, cepas, hasta que salió una alerta del Instituto de Salud Pública de Chile que no tenía nada que ver con la COVID 19.

El 24 de agosto pasado, el Instituto de Salud Pública emitió una alerta sanitaria para el retiro del mercado de las papillas anticonceptivas Anulet, CD, por errores en la disposición de los comprimidos dentro de los envases.

Anulette CD. Cuando Melanie escuchó ese nombre, sintió un hueco en el estómago. Eran los anticonceptivos que estaba tomando desde hace un mes y medio, los mismos en los que había confiado para no quedar embarazada de su novio. La alerta hablaba de un lote en específico que había presentado esas fallas, así que Melanie se fue corriendo a su cuarto.

Y yo fui a revisar mi mi lote de pastillas y no correspondía.

Un alivio, pero igual quedó ansiosa, pues ya tenía 2 semanas de retraso.

Igual 1 empieza a especular otras cosas, es como, ah, entonces, puede ser que como soy irregular, todavía las pastillas quizás no me regulan por completo, y como que empecé a a verlo por ese lado.

Melanie tenía la costumbre de hacerse pruebas cada vez que notaba un retraso en su periodo, y ahora, con esta noticia, quería asegurarse de no estar embarazada. Así que habló con su novio, Cristóbal Cabezas, y le dijo que, de nuevo, necesitaba hacerse un test. Llevaban 6 meses juntos. Él le acompañó a comprarlo.

Yo iba tranquilizando a Melanie en el camino. O sea, yo le iba diciendo que nos relajáramos y no iba a pasar nada. En mi cabeza había como 0 por 100 chance de que saliera positivo.

Compraron 3 pruebas y volvieron caminando hasta la casa de los papás de Cristóbal. Pero a medida que se acercaba el momento de hacerla, esa tranquilidad inicial empezó a convertirse en duda. No podía sacudirse un pensamiento, ¿y si salía positivo?

Así que iba a pensar en qué había que hacer, cómo, o sea, todo lo que había que trabajar, ver qué hacer para que no le falte nada y todo eso.

Podía pensarlo, pero le costaba realmente imaginar cómo sería y le daba miedo. Tener un bebé no era algo que ninguno de los 2 estuviera buscando. Él no tenía empleo y Melanie tampoco, pues el restaurante donde trabajaba como cajera había cerrado con la pandemia. Además, simplemente no estaba en sus planes, eran demasiado jóvenes y tenían otros sueños. Él quería ingresar a la escuela de las fuerzas armadas, ella quería estudiar una carrera relacionada con la salud.

Era algo que ya habían conversado.

Él le decía como si alguna vez quedara embarazada, no me gustaría tener al a un bebé, que yo no me no me sentía preparada, no me sentía capaz de poder cuidar un bebé.

Ya en la casa, Melanie se llevó una de las pruebas al baño y repitió la rutina que ya se sabía. Estaba un poco nerviosa, aunque ya había comprobado que las pastillas defectuosas no pertenecían a su lote. Se sentó a esperar, pero no pasaron ni 5 minutos cuando vio el resultado.

2 rayitas al tiro, salió positivo. Después me dice otro y ni esperamos, se marcó al tiro. Y como

que me

dan y se larga llora, porque, en realidad, es chocante para allá, porque igual es un cambio grande para la mujer más que nada.

Fue como muy chocante para ver como esas 2 líneas, porque era todo lo que 1 quería.

No quería, pero igual estaba sucediendo. No entendía, siempre las había tomado como correspondía y era extremadamente cuidadosa con

su horario.

Me sentí muy triste porque no sabía qué hacer. También como 1 dice, es que no fue mi culpa, es como un un sentimiento extraño.

La sospecha de qué había pasado se confirmó unos días después, en septiembre, cuando una amiga le mandó la noticia sobre otro lote de Anulette CD que también tenía fallas, y ese era al que pertenecían sus pastillas. Ahora le tocaba hacerse cargo de la situación. Un embarazo no era algo que pudiera ignorar, así que en los días siguientes, con Cristóbal comenzaron a pensar en alternativas.

No sabíamos cómo cómo mantenerlo en realidad. Todo es todo es difícil. Me decía Magdalena, ni tampoco nunca quería un hijo, y lo hablábamos juntos porque hay algunas parejas como que, digamos, que se ponen de acuerdo, así como intentemos tener un hijo, intentemos, pero nosotros no.

Intenté buscar por todos lados para poder abortar,

pero yo no sabía cómo era el proceso, no tenía a nadie como que me

dijera, te va a pasar esto, te va a pasar esto otro.

Una escena que en esos días se repitió más de 200 veces en diferentes ciudades de Chile, quizás más. Mujeres como Melanie desconcertadas, sosteniendo un test de embarazo positivo a pesar de haber tomado todas las precauciones y preguntándose cómo salir de esa situación. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Raabambulante. Nuestra productora senior, Lisette Arévalo, nos sigue contando.

Viajé a Chile en julio de 2024 para conocer a Melanie. Tomé un tren desde Santiago y, después de casi 6 horas, llegué a Chiram, una ciudad de no más de 200000 habitantes en el centro sur del país.

Estimados pasajeros, atención, por favor, estamos próximos a llegar a la estación terminal de Chirán.

Lo primero que sentí cuando me bajé fue el viento helado en la cara, hacía sol, pero no calentaba. Desde que nació, Melanie ha vivido en esa ciudad pequeña, con pocos edificios altos y, excepción del centro, bastante silenciosa. Esos lugares donde después de las 7 de la noche no hay mucho que hacer. Ese día me esperaba en su casa, queda en una zona residencial de casas bajas con jardines en el frente, un barrio tranquilo. Gracias.

Hola, Dani, ¿cómo estás? Bien, qué frío. Entramos por un lado de la casa principal, donde vive su madrina, y caminamos hasta el fondo del terreno, donde está su pequeño departamento. Una cocina estrecha, un área para la sala y el comedor, el dormitorio y un baño. Nos sentamos en la mesa y enseguida empezó a mostrarme una carpeta donde tenía todos los documentos médicos que había guardado desde que se enteró que estaba embarazada.

Aquí está. El 17 del 6 del 2020.

¿Ahí comenzaste con los pastillas?

Sí, al otro al otro día, enseguida.

O sea, el 18 de julio. Comenzamos viendo lo que se llama un carnet de fecundidad que le dieron en el Centro de Salud Familiar, CESFAM,

que

es del estado, cuando se acercó a pedir un método anticonceptivo gratuito. Es un carnet pequeñito donde aparece su nombre, su número de identificación y la fecha en que le dieron las pastillas.

Aquí dice que es Hannullet y, bueno, le ingreso al control.

Además de darle ese carnet, en el CESFAM le explicaron cómo tenía que tomar los anticonceptivos, que debía elegir un horario y que había 2 tipos de pastillas, las que tenían el principio activo y otras placebo que debía tomar cuando estuviera menstruando. También hablaron de los efectos secundarios que podía experimentar, dolores de cabeza, náuseas, hinchazón abdominal. Era la primera vez que Melanie tomaba anticonceptivos. Cristóbal era su primer novio y una de las razones por las que ninguno de los 2 quería tener hijos tan pronto era porque no querían que su historia se repitiera, crecer con poco. Melanie siempre vivió sola con su mamá.

Su papá nunca se hizo cargo de ella y, aunque lo veía de vez en cuando, perdió contacto con él cuando tenía 6 años. Su mamá trabajaba muy duro como empleada doméstica, le pagaban poco y, a duras penas, les alcanzaba para sobrevivir. Tanto es así que tenían que vivir en la casa de la prima de su mamá.

Las piezas no tenían piso, era como así de cemento con piedra y como que tenía lo básico solamente.

Melanie pasaba las tardes sola viendo los programas de la televisión nacional porque su mamá trabajaba esta tarde. Era muy estricta y no le gustaba que su hija saliera de la casa ni se juntara con otros niños de su edad.

Entonces, siempre fue como que, quizás, su costumbre igual, porque igual antes era como mal visto que una niña estuviera con niños, no sé, pero ella me decía, no te puedes reír con niños porque se da mal entender cosas. Entonces, yo, amigos hombres, era imposible.

Era tan rígida con ese tema que, por mucho tiempo, Melanie se cerró por completo al mundo. Melanie era todo menos una hija rebelde, hacía todo lo que su mamá le pedía, solo salía para ir a la escuela. Era una buen estudiante y ayudaba en la casa. Su relación era difícil, pero era se esforzada para no darle problemas. Cuando estaba en noveno grado, a sus 15 años, más o menos, Melanie comenzó a trabajar.

En el colegio le daban una carrera técnica y a ella le tocó hotelería. Como parte de las prácticas, la contrataron como mesera en un restaurante. Era buena en eso y, con el pasar de los años, llegó a ser cajera. El trabajo estaba bien, pero ella quería hacer algo diferente con su vida. Desde muy pequeña, sabía que quería estudiar en el área de salud, así que cuando se graduó del colegio en el 2018, hizo el examen estatal para ingresar a la universidad para estudiar medicina.

Pero su puntaje fue muy bajo para entrar en esa carrera, así que tuvo que posponer sus planes. Fue una desilusión, pero tenía tiempo y decidió que intentaría nuevamente después de 1 o 2 años. Mientras tanto, siguió trabajando como cajera y, por primera vez, empezó a tener vida social. Hizo varios amigos, salía con ello de tomar algo o a pasear. Estaba en un buen momento de su vida y quería aprovechar lo que nunca tuvo cuando era adolescente, un mundo propio fuera de su casa y de las estrictas reglas de su mamá.

Fue en ese tiempo que conoció a Christopher. Él entregaba víveres a diferentes locales de Chillán, y 1 de esos era el restaurante donde ella trabajaba.

Como que lo primero que noté fueron los dizque brillaba harto, no si se se echaba un brillo en la cara, pero no era como súper como divertido, tenía un buen humor.

Me hacía reír mucho y, no sé, como que es superatento conmigo, entonces, todas esas cosas me gustan mucho.

Era verano, tenían 20 y 21 años y un amor nuevo que los ilusionaba mucho. Salían a comer, paseaban juntos por la ciudad y también se veían en el trabajo. Así que cuando en marzo de 2020 llegó la pandemia, ninguno de los 2 quería dejar de verse. Como solo podían salir 2 veces a la semana para ir al mercado, decidieron que pasarían una semana en la casa de ella y otra en la de él. Ambos todavía vivían con sus padres.

No sabían qué iba a ser de ellos, pero al menos estaban juntos. Para junio de ese año, cuando llevaban 6 meses juntos, la mamá de Melanie le sugirió que comenzara a tomar anticonceptivos. Era claro que la relación con Cristóbal se estaba poniendo cada vez más seria y lo que menos quería era que su hija quedara embarazada siendo tan joven. En el centro de salud, le dieron 6 blisters de Nulette CD gratuitos. Salió convencida, confiada de que esa era la decisión correcta, y había seguido así hasta ese día, a comienzos de septiembre, cuando se enteró, por casualidad, de que sus pastillas pertenecían a un lote defectuoso.

Como escuchamos al inicio, la primera alerta del Instituto de Salud Pública se refería a un lote específico de anticonceptivos. La denuncia vino de un centro de salud familiar del centro del país, donde se encontró que faltaban pastillas en algunos blisters y que, en otros, los placebos y los que tiene del principio activo estaban intercambiados. Y la segunda alerta, la del lote de Melanie, se dio a inicios de septiembre. Esa vez encontró que faltaban pastillas y que, además, algunas tenían manchas anaranjadas y negras, y otras estaban mojadas, trituradas o dejaban rastros de la píldora en el blisten. Melanie había notado esto en sus pastillas, pero no le había prestado atención.

Pensó que quizá estaban un poco húmedas. La posibilidad de que algo estuviera mal no se le cruzó por la cabeza. Nadie piensa que algo así puede pasar cuando toma un medicamento. Me mostró una foto del blister que tenía guardada en su celular.

Aquí aparece el el blister, y aquí estaba la con la manchita. Este es el que me había alcanzado a tomar completo. Y ahí igual aparece el lote, dice b 235.

Vence.

El 1 del 22.

Melanie tenía ese blister guardado en su cajón, se le había olvidado botarlo cuando lo terminó. En la foto se ve completamente vacío, pero en 1 de los espacios donde estaban las pastillas había una mancha amarilla, como si se hubiera desprendido una parte de la cobertura. Ahora sabía que eso no debería pasar, pero en ese momento no sospechó que esa mancha, que parecía insignificante, podría cambiarle la vida.

Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en RA ambulante. Lissette Arévalo nos sigue contando.

El laboratorio que fabricó esos lotes de anulet CD se llama Silesia. Es una subsidiaria de la empresa farmacéutica alemana Grunenthal. En 2017 abrió en Chile lo que llamó, y cito, la planta de productos para la salud de la mujer más moderna de América Latina, pero lo cierto es que esos laboratorios han tenido varios problemas de producción con, al menos, otros 3 anticonceptivos orales. Con la alerta de las fallas de Anulette CD, el Instituto de Salud Pública ordenó que se retiraran del mercado en septiembre del 2020, unos días después de que Melanie se enterara. Además, suspendió el registro sanitario del laboratorio para que esas pastillas no se pudieran fabricar o distribuir más.

Sin embargo, esta sanción solo duró una semana, porque desde el laboratorio argumentaron que ya habían reparado el error, pero a las mujeres como Melanie no les quedaba más que lidiar con las consecuencias.

Sabes que quedé embarazada, aunque estaba haciendo todo para

que no pasara, es como una impotencia supergrande, porque algo que escapa de mis manos, intenté controlarlo, pero no se pudo, y estar embarazada no es como un error en donde 1 puede mandarlo o intentar cambiarlo, porque no es cómodo hacerlo así, nada más.

Por esto, como contamos al inicio, una de las primeras opciones que Melanie y Cristóbal consideraron fue abortar, Pero abortar en Chile solo se puede en 3 circunstancias, si la vida de la mujer está en peligro, si existe inviabilidad fetal de carácter letal y en casos de violación. Y solo se puede hasta las 12 semanas de gestación y a las 14 semanas para menores de 14 años. Ninguno de esos era el caso de Melanie, y aún si así hubiera sido, en los hospitales en Chile hay un alto porcentaje de médicos, objetores de conciencia, que se niegan a realizar estos procedimientos. Así que comenzaron a buscar opciones para hacerlo fuera de la ley. Melanie le escribió a una amiga y ella le dio el contacto de una red de mujeres que ayuda a otras a abortar con pastillas, pero costaban unos 70 dólares, y ni ella ni Cristóbal tenían ese dinero, aunque estaban dispuestos a conseguirlo.

De todas formas, a Melanie la asustaba mucho la idea.

No sabía cómo hacerlo, qué me iba a pasar, si me pasaba algo malo, tampoco tenía como la chance de hacerlo tranquila porque igual estaba con mi mamá pandemia, entonces, igual todo se como que se juntó.

Cristóbal también tenía miedo, pero, más que nada, sentía mucha rabia de estar en esa situación cuando habían tomado todas las precauciones para evitarla.

Y más encima iba a poner en riesgo a Melanie por yo no querer tener un hijo por culpa de las pastillas. Tener a querer hacer un aborto ilegal, imagínense poner en riesgo su vida y me encima si se descubre que se hizo un aborto ilegal, a 1 le ponen problemas penales.

En Chile, la pena por aborto voluntario puede ir desde 3 hasta 5 años de cárcel. Por eso el miedo era doble, miedo a qué podía pasar con Melanie durante el procedimiento, pero también a las consecuencias legales si los descubrían. Se sentían atrapados en una situación imposible. Mientras pensaban cómo seguir, Melanie se acercó al centro de salud familiar donde le habían dado las pastillas. Le contó a una enfermera lo que había pasado, pero ella no le dio ninguna respuesta.

No había nada que pudieran hacer ahí. Melanie dice que el encargado de farmacia, en cambio, escribió un informe diciendo que había tenido efectos secundarios, pero no mencionó que le habían tocado anticonceptivos defectuosos. Ya para septiembre, aunque a 1 se le notaba la panza, ya comenzaba a sentir los primeros síntomas del embarazo. Las náuseas, la hinchazón de sus piernas y pies estaban más sensible, y el olor del pescado y del cloro que usaba para hacer la limpieza en el restaurante donde trabajaba, la descomponía.

Y era como, no puedo decir que estoy embarazada, no puedo decir que estas cosas me molestan y me sentía súper mal. Entonces, era como un sentimiento encontrado de, que no podés quejarte porque no vas a estar mucho tiempo así, no sé, era como que mi mente estaba buscando la forma de no tenerlo, entonces como que la mente dice no pasa nada, no estás embarazada porque ya no va a durar, como que no lo asimilas. Así

pasó 2 semanas, ocultando su embarazo, aguantando los síntomas que cada día se sentían más fuertes, y encima de eso, el estrés de la situación, el desconcierto por lo que vendría después, tanto si se hacía el aborto como si no. Hasta que un día todo eso la llevó al límite y explotó. Estaba en el trabajo con una prima de Cristóbal.

Y yo en verdad me sentía tan mal que quería irme a la casa, porque me sentía demasiado mal. Entonces, me puse a llorar y la prima de Cristóbal como que me dijo, ¿qué te pasa? Y tuve que saltarle todo lo lo que pasaba, y me dijo que ella, pero tranquila, si aquí nosotros, no sé, han habido más bebés, tenemos cunas, tenemos camas, tenemos ropa, te la podemos ayudar, y como que me empezó a calmar en ese aspecto y como que de ahí como que lo consideré de otra forma.

Poco a poco, Melanie recuperó el aire, se secó las lágrimas y, por primera vez, empezó a pensar en la posibilidad de tener al bebé. Era algo que no se había permitido ni siquiera imaginar, un futuro alternativo al que tenía planeado para ella. ¿Era posible? ¿Se animaría? Pero antes de tomar una decisión, sentía que quería contárselo a su mamá, a pesar de la angustia que le generaba solo pensar en hacerlo.

¿Cuántas veces no le había dicho ella que no quedara embarazada? Y ahí estaba Melanie con 6 semanas de embarazo y sin saber qué hacer, sentía que le había fallado. Por esa época, su mamá estaba fuera de la ciudad, pero no quiso esperar a que volviera, así que la llamó por teléfono y le dijo,

¿se acuerda que en las noticias la otra vez aparecieron unos anticonceptivos fallidos? Aparecieron otros y son los míos, y estoy embarazada.

Aunque ahora se ríe al recordarlo, en ese momento estaba súper nerviosa. Después de escucharla, su mamá se puso a llorar y le colgó, pero más tarde, ya más calmada, la volvió a llamar.

Dijo, ¿pero cómo si no tienen que quedar embarazada? ¿Por qué quedaste embarazada? Y yo te dije que no tienen que quedar embarazada. Fue como esa típica conversa de desilusión, por desgracia.

Y es

que, en realidad, su mamá no le creyó del todo. Pensó que Melanie se había descuidado y que estaba usando la falla de las pastillas como excusa. Tomó un tiempo para que entendiera lo que había pasado, aunque eso no alivió mucho su pena. Sentía que no importaba cuánto se hubiera esforzado para evitarlo, su hija iba a terminar repitiendo sus pasos. Por eso, una de las primeras cosas que preguntó fue si Cristóbal se haría cargo del bebé.

Después de todo, no lo conocía bien y llevaban muy poco tiempo juntos. Melanie le dijo que sí, que él estaría ahí para los 2, y eso la tranquilizó. Poco a poco comenzó a ver el embarazo de su hija de otra manera y le ofreció su apoyo. Cristóbal también decidió contarle a sus papás.

Y yo le dije que, en realidad, nuestra perspectiva es buscar alguna manera de no tener, pero como que mi mamá y mi papá así como, ¿qué te pasa? Y cosas así de si tenéis que tenerlo y nosotros estamos para allá.

Fue en ese momento cuando Cristóbal y Melanie se sentaron a conversar con un poco más de calma para decidir qué hacer. Si avanzaban con el embarazo tendrían que despedirse de muchos de sus sueños. Cristóbal no podría postularse al personal de línea de la armada, ya que debía ir a un internado y pasar mucho tiempo fuera de su hogar, y Melanie tendría que suspender sus planes de estudiar medicina.

Y ahí como que yo le dije, ah, ¿sabes qué, Melanie? Lo dejo en tus manos porque, en realidad, o sea, 1 puede, digamos, aportar, pero al final es decisión de la mamá, no, pues, porque ella es la que va a tener sufrir la mayoría de los cambios, porque 1 antes de que nace no sabe cómo va a ser en realidad, pues.

Melanie lo pensó durante unos días y, finalmente, decidió que sí, que iba a tenerlo. Fue una decisión que partió más del miedo que de la ilusión. Miedo, sobre todo, a tener que pasar por un aborto, pero también le ayudó a decidirse el apoyo que sintió de Cristóbal y su familia. Sentirse acompañada fue el empujón que necesitaba. Era a finales de septiembre y tenía ya unas 8 semanas de embarazo.

Un mes más tarde, Cristóbal consiguió trabajo y comenzó a ahorrar para comprar todo lo que necesitarían para su bebé, desde los pañales hasta la cuna. Como no tenían mucho dinero, Melanie siguió viviendo con su mamá y su padrastro, y Cristóbal con sus papás. El embarazo le dio muy duro a Melanie, no solo emocional, sino también físicamente. Tenía náuseas constantemente, se sentía cansada y le dolían los pies y las piernas. Llegó un punto en que no se sintió capaz de seguir trabajando, así que renunció y se pasaba todo el día en su casa viendo televisión.

Ni siquiera le provocaba salir, solo iba al médico y hacía todos los chequeos prenatales que le mandaban, y, para ese entonces, sabían que tendrían un niño y que se llamaría Máximo.

Tampoco quería que como que sintieran que lo odiaba o que no lo quería para nada, pero no sentía esa conexión de que es mi hijo, como de que oh, lo amo demasiado, siempre quise esto o estoy disfrutando mi embarazo, como que nunca sentí eso, es como por favor que acabé luego.

Cristóbal recuerda muy bien esa época, que no le daba tanta importancia a sus propios sentimientos, le preocupaba más como estaba Melanie.

Ella me decía, él no tiene la culpa de que yo me sienta así, porque sentía que sus sentimientos los traspasaba al aguadita.

Él trataba de apoyarla en lo que podía y asumió el rol de proveedor, eso le habían enseñado desde siempre, y Melanie valoraba mucho cómo él la cuidaba, pero, al mismo tiempo, se sentía cada vez más sola. Apenas veía a sus amigos, su vida era muy distinta a la de ellos y ya no tenían nada de qué hablar. Lentamente dejó de ser la mujer de 20 años que estaba recién comenzando a disfrutar su vida, y ahí, en su casa, acompañada solo por el sonido de la tele prendida, cada día era más difícil que la anterior. En una de las visitas prenatales, el médico la diagnosticó con depresión. La remitieron a una psiquiatra que no hizo mucho más que recetarle un antidepresivo.

Melanie lo tomó durante un tiempo, pero después lo abandonó porque sentía que no le estaba ayudando. Un día de noviembre de 2020, cuando Melanie tenía más de 12 semanas de embarazo, una amiga le compartió una publicación de Instagram. Era de una organización que lucha por los derechos sexuales y reproductivos en Chile, la corporación 1000. Decía,

¿qué puedes hacer legalmente si fuiste afectado por usar anticonceptivos defectuosos? Y abajo en la descripción dice, si te viste afectado por usar pastillas defectuosas de anticonceptivos, puedes recurrir gratuitamente a nosotras para apoyarte legalmente. Escríbenos a aconserjería arroba millias punto c.

Melanie se sorprendió al ver

la publicación.

Desde que se sorprendió al ver la publicación. Desde que se enteró de que sus pastillas eran parte del lote defectuoso, nunca se le ocurrió que podría reclamar. Ni siquiera sabía dónde tendría que dirigirse para algo así. Pero ahora, leyendo esto y por primera vez en mucho tiempo, sentía algo de esperanza. Una pausa y volvemos.

Estamos de vuelta en RA ambulante. Nuestra productora senior, Lissette Arévalo, nos sigue contando.

Cuando Melanie vio el post de Instagram de la corporación 1000, averiguó un poco más sobre quiénes eran. Ya llevaban 5 años trabajando en capacitaciones, asesoría legal, psicología y salud sexual. Le pareció que podrían ayudarla, así que les describió inmediatamente contándoles su caso. El correo de Melanie no fue el único que recibieron. 227 mujeres les describieron, pero se sabe que las afectadas fueron muchas más.

Los datos oficiales dicen que las pastillas Anulette CD fueron distribuidas a poco más de 380000 personas. Saber exactamente quiénes son las mujeres detrás de esas cifras es imposible. Los servicios de salud públicos no tienen un registro de quién recibió los dotes con fallas, eso impidió que se les pudiera alertar a tiempo. Según la corporación 1000, a esto se le suma que, cuando el Instituto de Salud Pública detectó la falla, no actuó de la manera más eficiente, porque no difundió ampliamente la alerta. Publicaron un boletín en su página web y pusieron un cartel en los centros de salud, pero la mayoría de las mujeres se enteraron de lo que estaba pasando porque las ONGs y los colectivos feministas difundieron la información en redes sociales y medios de comunicación.

Como Melanie, varias mujeres fueron diagnosticadas con depresión, no tuvieron que suspender su tratamiento con antidepresivos porque el fármaco podía poner en riesgo su embarazo. Y como Melanie, muchas otras mujeres también sienten culpa, sin hablar de cómo el embarazo y la situación en general ha afectado su salud mental.

Cuando hablamos de la salud mental, logramos ver lo que se ve de manera más inmediata, pero tampoco logramos cuantificar lo que significa para la que tenía los sueños y los planes de estudiar, por ejemplo.

Eres Luz Rey del Wagner, es abogada y forma parte de la corporación 1000.

Además, en una sociedad tan desigual como la nuestra, en que en el ámbito económico las mujeres están en una situación mucho más vulnerables que sus pares hombres, y lo mismo ocurre con las labores de cuidado.

En el caso de Anulette CD, es aún más grave porque los usaban mujeres de escasos recursos. Pero, además, esta falla no ha sido el único caso en Chile. Desde 2018 ha habido al menos 5 alertas del Instituto de Salud Pública por anticonceptivos defectuosos en el país. El último ocurrió en junio de 2023, con unas pastillas que se vendían en las farmacias.

Hay un problema de base que es, en definitiva, qué importancia le estamos dando a un fármaco que permite que las mujeres tengan el control de su sexualidad, su reproducción de alguna manera, y ahí podemos observar, de una u otra forma, un sesgo de género de cuál es la importancia que le estamos dando a

esto. Y es que, según Luz, no todos los fármacos deben verse como si estuvieran al mismo nivel. No es comparable el efecto que puede tener que, por ejemplo, un medicamento para un dolor muscular sea defectuoso con el de un anticonceptivo. Por todo esto, para la corporación 1000 era necesario buscar algún tipo de reparación por parte del estado. Así que, a finales de 2020, se reunieron con Melanie y más de 200 otras mujeres en varias videollamadas.

Les pidieron que recopilaran las pruebas que encontraran, como blisters y documentos médicos, para poder armar un caso. A comienzos del 2000 veintiuno, prepararon todo lo que pudieron e iniciaron un proceso de mediación para que tanto el laboratorio como el estado se hicieran responsables de las maternidades producidas por los anticonceptivos defectuosos. Y ahí la noticia comenzó a regarse por todas partes.

280000 visters de anticonceptivos posiblemente defectuosos distribuidos en consultorios del país.

En Chile, al menos 111 mujeres que se habían acogido al programa de planificación familiar que dispone el estado quedaron embarazadas tras usar un anticonceptivo defectuoso.

Hay más de 100 mujeres que van a presentar en abril una demanda en contra del estado.

Entre los pedidos que hicieron al estado se incluyó, según nos dijeron, que a las mujeres afectadas se les diera ayuda psicológica, que se garantice que una falla así no se repita y que haya capacitaciones al personal de salud para que puedan detectar defectos en los medicamentos a tiempo, además de actualizar el sistema de información para poder trazar inmediatamente el lote de las pastillas con las personas que las están tomando. Para ese entonces, en febrero de 2000 veintiuno, la única acción que había tomado el estado había sido multar a los 2 laboratorios de la farmacéutica Grun Dental con 66000000 de pesos chilenos, unos 90000 dólares por la fabricación y distribución de los anticonceptivos defectuosos. Pero nada de ese dinero estuvo pensado para mujeres como Melanie. De hecho, cuando le pregunté a la corporación 1000 sobre este dinero, me dijeron que no se sabe si los laboratorios pagaron la multa como tampoco en qué se utilizó. Mientras el caso aparecía en medios nacionales e internacionales y el proceso legal avanzaba, a Melanie se le acercaba la fecha de su parto, mayo 2000 veintiuno.

Cuando me encontré con ella, le pedí que me mostrara fotos de sus últimos meses de embarazo, pero me dijo que no tenía muchas. ¿No te provocaba tomarte fotos?

No, para nada. Es como toda esta época como que me da un pequeño sentimiento de tristeza, como que sabía que estaba embarazada, a veces sentía que se movía, pero no podía hacer, y eso es como que me sentía culpable, me daba pena, porque yo veía a otras mujeres que como, sí, como que se hacían cariño, hola, les ponen música, o como que les hablan porque saben que están ahí previo, no podía hacer eso, como que no podía tener como ese afecto así.

La desconexión con ese bebé, con Máximo, duró todo el embarazo. El parto se adelantó, a las 36 semanas, en abril, se le rompió la fuente. Cristóbal la llevó al hospital enseguida. Melanie tuvo contracciones durante 22 horas. Las enfermeras le hacían pactos para ver su dilatación mientras ella se deblaba de dolor, y todo ese tiempo estuvo sola.

Por las restricciones de la pandemia, Cristóbal solo podía entrar al momento del parto. Cuando nació el bebé, el doctor se lo entregó a Melanie, que lo recibió en sus brazos sin entender bien qué era lo que sentía. Es

muy raro porque, bueno, de nuevo, el sentimiento de culpabilidad, porque siempre comentan como que toman a su hijo y se ponen a llorar, 1 ve esas cosas como, por fin, y yo no sentía esas cosas. Entonces, pues, como, ¿qué hago? No, no sentí esto, estaré mal, tengo algo malo, estoy haciendo, no lo quiero, ¿qué pasa? Como, ¿cuándo se enciende eso? No, no me pasa.

Melanie se quedó unos días en el hospital con Máximo. Estaba muy abrumada por todo lo que tenía que aprender, bañarlo, cambiarle el pañal, sacarle los gases, darle pecho. Las enfermeras le fueron explicando todo poco a poco, y en esos momentos de soledad con su hijo comenzó a digerir su nueva realidad. Ahora era mamá de ese bebé diminuto que estaba acostado en su cuna, al lado de su cama de hospital. Sola, en su habitación, lo escuchaba respirar, moverse despacio ahí se dio cuenta de que él era todo para él.

Yo me acuerdo estar como en la sala de recuperación y que de la nada estaba llorando y yo solamente le digo, como, ¿vivos? Y se para. Y fue como algo como, guau, así como me reconoce. Entonces, todos esos como detallitos como que fueron haciendo como guau, es mi hijo, en serio, como que realmente está pasando y que, en verdad, a pesar de todo, no tiene la culpa de nada, como que lo único que ellos quieren es estar con nosotros.

Pero la tristeza y la angustia que la acompañaron todos los meses de su embarazo no desaparecieron cuando llegó a su casa con su bebé en brazos. Se sentía perdida y le costaba mucho cumplir con ese rol que no había buscado tener.

Habían lapsos, como que yo decía soy yo, esa es mi realidad, como que lo desconocía un poco. Igual, cuando 1 tiene un hijo, como que da, este, paja hormonal y como que 1 igual se pone peor todavía emocionalmente. A me pasaba que yo veía mi cama y no por qué yo me ponía a llorar desconsoladamente, no por qué, pero veía algo, una pieza de ropa y yo lloraba, pero no podía parar de llorar, era mucho, demasiado. Como que yo me acuerdo de esa época y me da mucha pena, de la pena que sentía, me da mucha pena todavía.

Cristóbal seguía viviendo con sus papás e iba 3 veces por semana a cuidarlo y tratar de darle un respiro a Melanie. Pero para ella esta ayuda no era suficiente. Se sentía sobrepasada y, a veces, su hijo no quería estar con nadie más que no fuera ella.

Estaba en mi pieza y Máximo estaba llorando y es como, si yo no quiero esto, yo no lo pedí, yo no quiero estar así, yo no quiero estar triste, quiero dormir tranquila. Yo, quizás, hubiese estado haciendo otra cosa y no estando aquí, así como, pero no es que yo no quiera a mi hijo, como como raro.

Para Cristóbal también todo era un aprendizaje y se agotaba con cada llanto inconsolable de Máxima.

Yo casi lloraba conmigo porque él lloraba, lloraba, lloraba y no sabía cómo calmarlo, porque algunas veces me tocó verlo para que ella descansara un poco. Justo ella no estaba y él como que teta, teta, teta, teta, y yo no no podía y me frustraba.

Así que Cristóbal se enfocó en lo único que sentía que podía hacer para ayudar, trabajar, para apagar los pañales, los biberones, leche de tarro, todo lo que pudieran necesitar. Fueron meses muy duros para ambos, de muchos cambios, gastos y estrés. Como si no fuera poco, cuando Melanie estaba con Máximo por fuera de la casa y se encontraba con alguien, muchas veces se sentía juzgada.

No sé, personas que no veía hace mucho. Tienes un hijo, blablablá, y me dijo, ¿sigue, cómo? Le dije, no, es que estaba tomando unas pastillas y fallaron, no habrá sido que tu tele no las tomaste bien. Entonces, igual 1 de esos es como, ¿pero por qué voy a tener que estar mintiendo con eso? La gente a veces te juzga aunque sepan eso, es tu culpa, ¿para qué tienes relaciones sexuales y vas a quedar embarazada?

De todas formas, todo lo que se hablaba en los medios de este caso, de alguna manera, la benefició a ella y a las demás mujeres. En julio de 2000 veintiuno, la farmacéutica respondió al proceso de mediación y llegaron a un acuerdo confidencial. Melanie no pudo darme ningún detalle, pero me dijo que fue una indemnización económica que, aunque en algo ayudó, para ella no fue suficiente, pero era eso o nada. Por otro lado, la mediación con el estado chileno no llegó a ninguna parte, pues no aceptó cumplir con los pedidos mínimos que mencionamos antes, ni la ayuda psicológica, ni garantías de no repetición, ni la capacitación del personal de salud, como tampoco actualizar el sistema para atrasar a las mujeres que toman determinado lote de pastillas. Así que el siguiente paso para Melanie y las demás mujeres era presentar una demanda civil con la ayuda de los abogados de la corporación 1000.

Después de todo lo que había pasado, lo que más quería Melanie era tener respuestas, que alguien respondiera por todo lo que había tenido que vivir y a lo que había tenido que renunciar.

Que el estado se haga como presente a una ayuda monetaria sería de mucha ayuda, obviamente, pero, por último, que no hagan validar el sentimiento de que que fue error de ellos y que haya un respaldo para que, si vuelve a pasar, sería bueno si las mujeres que tomaron anticonceptivos tuvieran un registro en donde indicar al lote, un documento, que te diga no, si estabas tomando esto, para que no se ponga en duda su relato también.

La demanda tardó un poco más de 2 años en ser redactada, solo hasta mayo del 2024 la presentaron. Cuando estuve en Chile, en julio de ese año, todavía no recibían ninguna respuesta, y cuando contacté al Ministerio de Salud Pública para pedirles una entrevista, me derivaron al Instituto de Salud Pública, pero ahí me la negaron, argumentando que el caso estaba en proceso de judicialización. Los laboratorios tampoco me dieron una entrevista, pues dijeron que no darían más declaraciones sobre el tema. Lo que supe es que el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género había adoptado unas medidas para prepararse en caso de que ocurriera otra vez algo así. En 2023 reclasificaron los medicamentos anticonceptivos como clase 1 para que, si se vuelve a detectar una falla, se emita una alerta pública a las consumidoras y se retiren del mercado.

Además, también implementaron medidas para hacerle seguimiento a 115 anticonceptivos, los más utilizados en el país. Para los miembros de la corporación 1000, estas medidas no son suficientes, pues no son preventivas, y las fallas siguen ocurriendo, como la que mencioné antes, las que ocurrieron en junio de 2023. Eran las pastillas Mary Low distribuidas en farmacias privadas. De hecho, cuando estuve en Chile, hablé con una mujer que quedó embarazada tomando esos anticonceptivos. Su vida, como la de Melanie, cambió drásticamente, pero me dijo algo que me impresionó.

Ella había decidido hacer un esfuerzo económico para poder comprarlas porque no confiaba en las que distribuía el estado de manera gratuita, y aún así le pasó. Por eso, los abogados de la corporación 1000 esperan que la demanda deje un precedente para establecer cambios a largo plazo en todo el país. Además, ellos mismos están trabajando en un proyecto de ley sobre anticonceptivos defectuosos para que, si vuelva a ocurrir algo así, las mujeres puedan acceder a la justicia más rápidamente. Pero para que haya resultados tanto de la demanda como del proyecto de ley, todavía falta. Mientras tanto, las mujeres como Melanie seguirán con su vida, esperando algún tipo de respuesta del estado, encargándose de sus hijos y desconfiando de un sistema de salud que no supo cuidarlas.

Melanie me contó que no ha vuelto a tomar anticonceptivos y, aunque con Cristóbal se cuidan con preservativos, le ha costado retomar su vida sexual con tranquilidad. Eso también se lo quitaron.

Por ejemplo, mi el ciclo es muy regular, entonces, pasan días, 15 metros y llego no, y mi mente entra en no de nuevo, no de nuevo y estoy perseguida, perseguida hasta que vuelve mi período. Y es como eso, que tengo miedo, tengo siempre miedo y que vayan a fallar de nuevo.

Con el paso del tiempo, Melanie se fue sintiendo cada vez más cercana a su hijo. Cuando hacía algún gesto, cuando sonreía, cuando comenzó a girarse por primera vez, a gatear, a caminar, Melanie comenzó a sonreír también, a querer guardar todos esos momentos en fotos. Me mostró varias, una de Cristóbal cargándolo, de un viaje que hicieron los 3 al sur de Chile cuando Máximo todavía era un bebé, de su bautizo y de él haciendo todo tipo de muecas. Fue quizá el primer momento en que le vi sonreír durante nuestra conversación. Es una situación compleja, ¿no?

Iris, como pasada de no quererlo a quererlo.

Sí, es como como que no si, no sé, porque como ahora lo como que no me imagino algo así, como que me culpo por no haberlo querido durante el embarazo y no haber disfrutado eso también.

Cuando terminamos de hablar, fui a conocer a Máximo, que estaba en la casa de la mamá de Melanie, en su antigua habitación. Se pusieron a jugar a la cocinita.

Voy a cortar esa esa esa pepas.

¿Las pepas del pollo?

Sí. ¿No te gusta las semillas?

Algunas son ricas. Cuidado, no te vayas a cortar. ¿Estás listo?

Ajá. Come. Y este primer nieto come.

Ya. ¿Y y el tenedor?

Ahí, en ese mismo lugar donde Melanie había pasado los días más duros de su embarazo y las agotadoras primeras noches con Máximo, ella se reía. De lo que él decía, de la velocidad la que se movía mientras le pasaba los tenedores, los cuchillos, las verduras de plástico, le pregunté cómo se sentía ahora que ya llevaba 4 años con él.

Me cuesta mucho. Todavía siento que, pues, no me siento así como una súper mamá, siento que me faltan muchas cosas, pero igual me siento un poco más cómoda siendo mamá. Igual ahora soy con él, soy más cariñosa, me ha enseñado, creo, mucho eso, como a poder expresarle como mi cariño y todas esas cosas.

Melanie sigue aprendiendo a navegar esa área gris en la que vive, poder disfrutar una maternidad que no buscaba, añorar la vida que pudo haber tenido, pero, a la vez, no poder imaginar un futuro sin su hijo.

En 2024, Melanie comenzó a estudiar enfermería en un instituto privado con un préstamo del gobierno. Cristóbal sigue trabajando, abasteciendo locales de comida y, aunque todavía no viven juntos, siguen teniendo una relación. Aunque el estado chileno no ha comprado más pastillas Anulet CD, continuó licitando otros medicamentos con el laboratorio que las producía. Este episodio fue producido con el apoyo del Howard G. Buffett Fund for Women Journalist de la International Women's Media Foundation.

Gracias a Sebastián Vergara, de la corporación 1000, por su ayuda con este episodio, y a Daniela Díaz por contarnos la historia de su embarazo por la falla de los anticonceptivos Mary Lowe. Y Zed Aervalo es productora senior de Rawambulante y vive en Quito, Ecuador. Este episodio fue editado por Camila Segura y Emilia Erbeta. Bruno Celsa hizo el fact checking, el diseño sonidos de Andrés Aspiri con música de Ana Tuirán. El resto del equipo de round ambulante incluye a Paola Lean, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Anerys Casasus, Diego Corzo, Camilo Jiménez Santofimio, Remy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Melissa Rabanales, Natalia Ramírez, Barba Sohell, David Trujillo, Elsa Liliana huyó, Luis Fernando Vargas y Desiré Yépez.

Carolina Guerrero es la CEO. Rawmblant es un podcast de Rawmblant Studios, se produce y se mezcla en el programa Handenburg Pro. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita Rambulante punto or g slash donar y ayúdanos a seguir narrando la región. Rambulante cuenta las historias de América Latina.

Soy Daniel Alarcón, gracias por escuchar.

Podcast: Radio Ambulante
Episode: Dos líneas azules