El episodio de hoy es un poco más serio que los episodios anteriores, ya sabéis que a mí me gusta variar, a veces me gusta contar historias alegres o divertidas, y a veces me gusta contar historias más serias, incluso dramáticas. En la variedad, en la variedad está el gusto, suele decirse, en la variedad está el gusto, es decir, hay que hacer cosas diferentes y variadas para mantener sexual y amorosa. En la variedad está el gusto, chicos. Bueno, antes de empezar con el episodio de hoy, muchas gracias a todos los que estáis dejando vuestra opinión y le estáis dando cinco estrellas a este en Apple en Apple podcast o en otras plataformas donde me escucháis. Muchas gracias a todos, de verdad, porque eso ayuda a que cada vez más gente conozca español con Juan y me anima me anima a seguir adelante.
Bueno, basta basta de preámbulos. Vamos vamos al grano vamos al grano. Hoy os quería hablar de mis tías, especialmente de una de una de mis tías, la mayor, la más vieja, la mayor de mis tías odiaba odiaba ser la mayor de sus dos hermanas. Le horrorizaba le horrorizaba envejecer. Yo yo entonces, claro, no no no lo entendía bien, yo yo era solo un niño y no no me daba cuenta de esas cosas.
Ahora que yo también voy camino de hacerme viejo, entiendo entiendo mejor lo que le pasaba. Mi tía había sido bastante guapa de joven, era guapa, muy rubia y y con los ojos azules y eso en una España de hombres en una España de hombres feos, bajos y morenos, hizo que creciera rodeada de pretendientes, pretendientes que que la piropeaban dondequiera que fuese. Rubia, ¿dónde vas? Guapa, guapa, qué piernas, qué piernas. Incluso en el hospital, en el hospital donde trabajaba como enfermera, mi tía estaba acostumbrada a que los médicos le dijesen siempre cosas bonitas.
Se sentía especialmente orgullosa de sus piernas y y le encantaba ponerse faldas para para lucirlas. Yo siempre he tenido unas piernas muy bonitas, solía decirle a sus amigas, y todas estaban de acuerdo, ella era la más guapa y con las piernas más bonitas, todas todas los todas lo sabían. Mi tía siempre fue muy coqueta, muy coqueta YYY le gustaba llamar la atención de los hombres y provocar la envidia de otras mujeres. Se compraba vestidos nuevos al principio de cada estación y llevaba zapatos de tacón, aunque aunque le hicieran daño en los pies. Antes de salir a la calle, incluso si era para para para ir a comprar el pan a la tienda de la esquina, se maquillaba, se ponía una falda bonita que que le llegase por encima de la rodilla y se llenaba los brazos de pulseras, las manos de anillos y el cuello de collares.
Hay que ponerse guapa para ir a todas partes y lucir lo que una tiene, decía. El amor el amor puede llegar en cualquier lugar, cuando menos te lo esperas en la cola de la carnicería, en la panadería o mientras compras peras y manzanas en la frutería. Aunque tenía tenía un buen trabajo y y era y era una mujer muy dependiente, ¿no? No había podido cumplir la mayor ilusión de su vida, encontrar marido, casarse. Ella ella quería conocer a un hombre para casarse, sí, pero pero no no a cualquier hombre, tenía que ser un médico, un ingeniero, un farmacéutico, un abogado, no un pobretón, un pobretón no.
Ella ella buscaba lo que se llamaba entonces un buen partido, es decir, un hombre guapo, alto y con un buen trabajo. Para para ello, claro, tenía que tenía que ir a los lugares donde donde donde pudiera encontrar ese tipo de hombres, Por eso prefería tomar una sola copa a la semana en el bar más caro de la ciudad antes antes que irse de tapas con sus amigos en bares de mala muerte, como ella decía, YYY por eso prefería pasar una semana en Marbella, codeándose con gente de postín, antes que estar un mes entero en una playa más modesta rodeada de gente corriente y moliente. Trabajaba toda la semana, de lunes a viernes, pero los sábados los sábados no podía faltar una copa en el bar más caro de la ciudad y el verano tenía que ponerse Morena en las playas de caro de la ciudad y el verano tenía que ponerse Morena en las playas de Marbella y Torremolinos, las playas más caras y más chic de de la Costa del Sol, y no le importaba, no le importaba privarse de algunas cosas si con ello lograba dar la apariencia de una cierta distinción y clase.
En realidad, no le gustaba pasarlo bien. Lo que lo que le gustaba era aparentar, aparentar que se lo pasaba bien y fingir fingir que tenía más dinero del que realmente tenía. Su sus dos hermanas menores no no no podían no podían decirle nada, Al fin y al cabo, era su dinero y tenía derecho a hacer lo que le diera la gana con él. Además que, como hermana mayor que era, ella sabía mejor lo que lo que convenía hacer, ¿no? Mi tía mi tía, la enfermera era la única la única de sus hermanas que trabajaba.
Las otras las otras las otras no se acordaban no se acordaban porque eran muy pequeñas, pero pero ella, la la mayor, contaba que que su padre, cuando cuando ella era aún una niña, tenía una fábrica de madera y y, por lo que decía, había sido educada con un estilo de vida alto, sin privaciones y con una mentalidad bastante burguesa y tradicional, en la que las señoritas las señoritas ni trabajaban ni estudiaban. Lo único que tenían que hacer las mujeres era cuidarse para estar siempre guapas, aprender buenas maneras para comportarse en sociedad, tener un buen ajuar y esperar esperar esperar a que llegara el pretendiente adecuado con quien casarse, eso era todo. El problema es que parece que su padre su padre tuvo problemas económicos, perdió la fábrica y con ella toda su fortuna. En consecuencia, todos los hijos tuvieron que ponerse a trabajar. Los hombres de la familia, sus hermanos, encontraron pronto trabajo de mecánicos, electricistas y camareros, pero para las mujeres no era tan fácil encontrar un trabajo que fuese adecuado para señoritas como secretaria, enfermera o maestra.
Había que tener estudios y diploma y y ninguna de ellas había estudiado nada. Para estar guapas, casarse, cocinar y y tener hijos, no había que estudiar. La única de las hermanas que tuvo un poco de suerte fue mi tía, la mayor. Al estallar la guerra civil, el hospital de Granada no daba abasto con tantos heridos ni enfermos a los que atender, y hacía falta un gran número de enfermeras y todo tipo de personal sanitario. Gracias a a esa gran demanda que se produjo durante la guerra civil en Granada, mi tía pudo entrar a trabajar en el hospital, aunque aunque no tenía una formación académica, aprendió el oficio de enfermera trabajando con los heridos que llegaban al hospital cada día.
Al acabar la guerra, en en la posguerra, las condiciones de de vida de de la ciudad mejoraron un poco, pero no demasiado, No había alimentos y la gente pasaba hambre. Los niños estaban desnutridos, la gente moría de tifus, de tuberculosis, de viruela. De hecho, el hermano mayor de mi tía, al que yo nunca nunca conocí, murió de tuberculosis en los años cuarenta, poco después de terminar la guerra. Tuvieron que ser unos años duros, duros y tristes. Recuerdo algunas de las anécdotas y recuerdos que que que contaba mi tía de la posguerra, el hambre, el extraperlo, las enfermedades y la miseria que vivieron.
Yo aún era muy pequeño y no podía no podía entender todo lo que decían, pero recuerdo que siempre que siempre que dejaba algo en el plato o cuando decía que no me gustaba alguna comida, me decían, a ti a ti te haría falta vivir una guerra. Si hubieras pasado el hambre que pasé yo, no dejarías nada en el plato y te lo comerías todo. Luego, me hablaban del pan negro que compraban de straperlo, del café de cebada que bebían y me repetían una y otra vez que en la guerra pasaban tanta hambre que se comían hasta la piel de las patatas. Si mis pobres tías vivieran todavía, seguramente seguramente se llevarían una sorpresa se llevarían una sorpresa al ver que estos estos son productos muy apreciados hoy hoy en día. Bueno, el caso es que, al acabar la guerra, mi tía, la mayor, se quedó a trabajar como enfermera en el hospital de Granada.
Nunca se casó, nunca se casó, pero no no fue por por falta de oportunidades, como como era tan guapa, tan rubia y tenía los ojos más azules del mundo, tuvo mucho novio a a lo largo de su vida o 0, como se decían, como se decía antes, pretendientes pretendientes, pero ninguno ninguno de ellos le parecían un ca lo bastante bueno para ella y, al final, al final se quedó soltera. A todos los hombres, a todos los hombres que conocía siempre le buscaba una falta, un problema y siempre siempre acababa por dejarlos. A algunos los dejaba porque eran demasiado bajos, a otros porque eran demasiado altos. A veces los dejaba porque eran demasiado serios o porque quizás eran muy pocos serios O otras veces el problema era que no tenían un buen trabajo, que que no sabían vestirse, que eran eran feos, que eran feos, o tal vez poco elegantes o sucios. Una una vez me dijo que cuando ella era muy joven estuvo a punto de casarse con un chico que le gustaba mucho, pero un día de muy joven estuvo a punto de casarse con un chico que le gustaba mucho, pero un día descubrió que el tío no se lavaba los dientes.
Entonces, lo dejó, lo dejó. Prefería quedarse soltera antes que casarse con un hombre con los dientes sucios. Entonces, lo dejó, lo dejó. Prefería quedarse soltera antes que casarse con un hombre con los dientes sucios. Entonces, quedarse soltera antes que casarse con un hombre con los dientes sucios.
En realidad en realidad nunca he sabido si esta historia era cierta o solo me la contó a mí para convencerme de que tenía que lavarme los dientes todos los días después de comer o nunca o nunca le gustaría a una mujer. En cualquier caso, mi tía, cuando cuando se quiso acordar, ya era demasiado tarde y se había convertido en una solterona, una solterona. Se le pasó el arroz, como suele decirse, se le pasó el arroz. Pero pero yo no quería hablar de los novios de mi tía, yo no quería hablar de los novios de mi tía, yo quería yo quería hablaros de otras cosas mucho mucho más interesantes, como cuando descubrí que mi tía era una espía rusa, una comunista infiltrada en el régimen de Franco. Ajá, pero eso eso os lo contaré la próxima semana.
Creo que hoy se ha hecho demasiado tarde y no quiero no quiero no quiero hacer estos episodios demasiado largos porque la gente se aburre y y se queda dormida. Lo dejamos lo dejamos aquí por hoy, chicos, pero prometo que continuaremos la próxima semana. La próxima semana os contaré cosas mucho más interesantes de mi tía, qué hizo para sobrevivir durante la posguerra, qué hizo a la muerte de Franco y os hablaré también de su colaboración. Su colaboración con el partido comunista de España va va a ser un episodio interesante, os lo prometo. Un abrazo a todos y nos vemos.
No, no nos vemos, nos escuchamos, nos escuchamos la próxima semana aquí en Español con Juan. Hasta pronto. Hasta aquí el episodio de hoy, muchísimas gracias por escuchar hasta el final. Si quieres leer la transcripción de este episodio o de los episodios anteriores de nuestro podcast, visita nuestra página web, 1000 an 1 reasons to learn spanish. Allí encontrarás también ejercicios y muchos recursos para aprender español.
Hasta pronto.