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Español con Juan es un podcast en español para aprender español. Si tienes un nivel intermedio o intermedio alto de español, nuestro podcast te puede ayudar a mejorar tu nivel de comprensión y a aprender gramática y vocabulario en contexto, de una forma natural, escuchando los comentarios y las divertidas historias de Juan. Puedes leer la transcripción de cada episodio en nuestra página web, 1001 reasons to learn Spanish. Hola, chicos, ¿qué tal? ¿Qué tal?

¿Cómo va todo? Hace ya algún tiempo que no había publicado ningún nuevo episodio para nuestro podcast, es que el último fue un poco intenso, ¿no? No si os acordáis, pero en el último episodio hablamos con Irina, una seguidora de español con Juan, en Kiev, en Ucrania. Y ese fue un episodio muy especial porque la guerra, la invasión de Ucrania por el ejército ruso acababa de empezar. Estábamos estábamos todos todavía muy impresionados por lo que por lo que estaba ocurriendo.

Ahora, unas semanas después, parece que ya nos hemos acostumbrado un poco que, bueno, sabemos que la guerra existe y y estamos al tanto. Yo, por lo menos, estoy al tanto de lo que sucede allí cada cada día, leyendo leyendo la noticia de los periódicos, viendo la tele o por Internet, pero ya estamos, creo, un poco más acostumbrados al hecho de que tenemos una guerra en Europa, una nueva guerra europea, pero cuando hablé con Irina, pues todavía estábamos muy muy conmocionados por las primeras noticias que que llegaban de la invasión y de los bombardeos que el ejército de Putin estaba llevando a cabo sobre algunas ciudades ucranianas, especialmente Kiev YEE Irpín, Kiev e Irpín, que es donde donde se encontraba una parte de de la familia de Irina. En fin, si no habéis escuchado ese episodio con la entrevista a Irina, yo os aconsejo que lo escuchéis ahora porque creo que es muy interesante. Bueno, es interesante no por lo que digo yo, obviamente, sino por lo que cuenta, por lo que cuenta ella. En el en el episodio de hoy quería continuar hablando un poco de este tema.

Bueno, más que de este tema quería hablar un poco de algunas cosas que me han venido a la memoria estos días a raíz de este episodio con Irina YAA raíz de lo que está pasando en Ucrania. A ver, a ver, a ver si me explico, a ver si me explico. Veréis, veréis, veréis. Lo que pasa es que cuando el ejército de Putin invadió Ucrania, creo que fue, si mal no recuerdo, el veinticuatro de febrero pasado, yo me quedé, la verdad, bastante impresionado, y creo que muchos de vosotros también. Fue algo tan inesperado y tan brutal como como un mal sueño, como una pesadilla.

Era algo que parecía sacado de un de un documental sobre la Segunda Guerra Mundial, o quizás una película, una película hecha durante los años de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba dividido en dos bloques, el bloque comunista y el bloque capitalista, La Europa del este y la y la Europa del oeste. Y y, bueno, yo yo creo que ya a estas alturas, a estas alturas en el año dos mil veintidós, yo creo que ya nadie se esperaba que ocurriera una cosa así en Europa, ¿no? Es como es como una vuelta al pasado, una guerra, una guerra en el año dos mil veintidós. ¿Quién quién podría pensar que iba a tener lugar otra guerra en Europa? A mí, por lo menos, las guerras me parecen algo del pasado, algo que hoy en día no tiene sentido en en un mundo tan interrelacionado donde donde donde todos estamos conectados unos con otros gracias, por ejemplo, a Internet, donde uno uno puede estar en contacto con gente de cualquier país del mundo.

Un mundo un mundo donde los chicos jóvenes pueden estudiar en universidades de otros países y conocer gente de cualquier lugar. Una una guerra una guerra en este contexto, en el mundo de hoy, es algo tan tan incongruente, tan tan del pasado que durante los primeros días la invasión de Ucrania me parecía irreal como como una pesadilla, algo absurdo que que no tenía sentido en un mundo globalizado como el de hoy. No sé, no sé, quizás porque yo mismo viviendo en Londres, una ciudad muy internacional por donde pasan gente de todos los países, de todas las culturas, de todas las nacionalidades, idiomas, razas y religiones, pues es es muy fácil, es muy fácil hacer amigos de cualquier país del mundo. Y esa es una esa es una de las cosas que más me gusta de Londres, que en cuanto sales a la calle tienes el mundo delante de ti. Pasear por las calles de Londres es como hacer un gran viaje por los cinco continentes, es como meterse en el en el transiberiano, ¿no?

Ese tren que hace un viaje larguísimo y va pasando por un montón de lugares y países diferentes. Yo qué sé. El el el camarero del bar, el camarero del bar que te pone las cervezas, por ejemplo, quizás sea italiano. El peluquero que te corta el pelo probablemente sea de la República Checa. El albañil o el fontanero que que que van a tu casa a hacer una reparación tal vez tal vez sea tal polaco o 0 húngaro, el monitor del gimnasio quizás sea brasileño, en fin.

Yo, además además, trabajando en la universidad tantos años, pues, estaba acostumbrado a que a que mis estudiantes fueran de India, Francia, de Turquía, de Rusia, de Kazajistán, de Japón, de China, de Corea. Cuando cuando convives todo el tiempo con personas de de todo el mundo, te das cuenta de que, claro, obviamente, hay diferencias culturales, pero que lo realmente importante es la personalidad, la forma de ser de la gente, eso es lo que realmente importa. Que da igual, da igual de dónde sea una persona, su origen étnico o su nacionalidad. Lo importante es llevarse bien, llevarse bien, estar a gusto, sentirse cómodo el uno con el otro. Y eso no tiene mucho que ver con el lugar de donde somos.

No, eso no tiene mucho que ver con con con el lugar de donde somos, sino con el carácter, con la personalidad. De hecho, una persona de tu propio país te puede caer muy mal y, en cambio, te puedes sentir muy a gusto con una persona de otro país que tenga una cultura muy diferente. Y y es por todo esto que, quizás, me me parecía aún más incongruente la guerra en Ucrania. Yo podría entender, yo podría entender, quizás, una guerra en un mundo como era el mundo de antes, donde cada país vivía encerrado en mismo, ¿no? Donde era muy difícil conocer o estar en contacto con con gente de otros lugares.

Lo que no se conoce no se entiende, y lo que no se conoce ni se entiende puede interpretarse a veces como una amenaza, como un peligro. Eso es lo que pasaba antes, ¿no? En el en el mundo de antes, digamos, cuando no existía la globalización, ni había Internet, ni ni redes sociales, ni se viajaba tanto como ahora, cuando no había ISIL JET ni Reiner y los vuelos costaban un ojo de la cara. Os acordáis, ¿no? Ahora ahora ya nos hemos acostumbrado, pero hace algunos años volar costaba carísimo, era era algo que solo se lo podían permitir algunos, y por eso ir de un país a otro era algo que no se podía hacer tan a menudo con ni con tanta facilidad como ahora.

Pues, bueno, uno uno puede entender que antes, cuando se viajaba poco y cada uno vivía encerrado en el país donde había nacido, sin mucho contacto con personas de otros lugares, pues, bueno, uno uno puede entender que, en fin, que la gente entonces tuviera miedo de otros países, porque en esos países habitaban personas que hablaban otras lenguas, que tenían otro color de piel, que adoraban que adoraban a a otros dioses, que tenían otras costumbres diferentes. Y y, como digo, lo que es desconocido nos da miedo, nos sentimos amenazados y, claro, en ese contexto, yo puedo imaginar yo puedo imaginar que haya que haya guerras, ahora, el mundo ha cambiado. El mundo ha cambiado tanto que, para mí, y creo que para mucha gente, una guerra era algo inimaginable. En un mundo tan globalizado y tan inter relacionado como el mundo de hoy, era difícil imaginar que hubiera de nuevo una guerra en Europa. Por eso, por eso la invasión de de Ucrania me me parecía tan tan incongruente, tan tan fuera de lugar en un mundo como el de hoy.

La la guerra, para mí, era algo del pasado, y por eso hice la entrevista a Irina. Además, también en en un vídeo que publiqué en YouTube puse, al principio del vídeo, la bandera de Ucrania para para expresar mi solidaridad con los ucranianos que que estaban siendo atacados por el ejército ruso. Era un modo, como digo, de expresar mi solidaridad y mi empatía hacia el sufrimiento de esas personas. Lo que pasó lo que pasó después me sorprendió un poco, y es que resulta que, bueno, la mayoría de la gente creo que entendió mi punto de vista y expresó también su dolor, su conmoción por lo que estaba pasando. Sin embargo, hubo algunos comentarios, más de más de lo más de los que yo esperaba, que me pedían que no hablara de política, que hiciera vídeos para enseñar español y nada más.

Que no me metiera en política. Enseña español, enseña español y no te metas en política, decían. También también había otros comentarios del tipo bueno, yo puedo entender las dos posiciones del conflicto, no tengo una opinión clara. Por un lado, me parece mal la guerra. Por otro, creo que Occidente, la OTAN, Europa y Estados Unidos han tratado muy mal a Rusia y, bueno, estas son ahora las consecuencias.

Espero que la guerra termine pronto, espero que haya pronto paz. Este tipo de comentarios del tipo, yo soy neutral, yo veo las dos caras del problema, yo entiendo los argumentos de un bando, pero también los del otro bando, o 0 los del tipo, es mejor no hablar de política, no hables de política, enseña español, no hables de política. Son son, sinceramente, comentarios que a mí, personalmente, me ponen me ponen un poco nervioso. Me ponen de los nervios, como como se dice de forma coloquial. Y voy y voy a voy a intentar voy a intentar explicar por qué.

En América Latina, en América Latina, los años sesenta, los años setenta y los años ochenta fueron muy, muy convulsos, había muchos problemas políticos, económicos, sociales. Las democracias de la mayoría de los países de de Latinoamérica eran muy débiles e inestables, y había numerosas guerras civiles, como en El Salvador o en Nicaragua. Había guerrillas también que intentaban llevar la la revolución cubana a otros países, existían grupos terroristas que cometían atentados muy sangrientos, como por ejemplo las FARC en Colombia o Sendero Luminoso en Perú. En muchos casos, las las crisis que las crisis se resolvían con un golpe de estado, un golpe de estado del ejército que daba lugar a una dictadura militar con la excusa de poner orden y crear estabilidad en país, como como fue el caso de Augusto Pinochet en Chile, que dio un golpe de estado contra el gobierno legítimo de Salvador Allende en mil novecientos setenta y tres. En realidad, detrás de muchas de estas revoluciones y detrás de de estos golpes de estado, estaba la mano de Estados Unidos y la mano de la Unión Soviética, que se disputaban su influencia y su poder en Sudamérica.

Yo era yo era un muy niño mil novecientos setenta y tres cuando Pinochet asaltó el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, y y todo lo que de aquel golpe de estado lo he leído en libros y lo he visto por la tele después. Pero recuerdo muy bien cuando el ejército argentino dio un golpe de estado y tomó el poder por la fuerza. Creo que fue mil novecientos setenta y seis. Yo yo ya era más mayor y veía toda la información que llegaba a España sobre la sobre lo que estaba pasando en el país hermano. España Hispanoamérica tiene muchos lazos en común y obviamente todo lo que pasa allí a nosotros, a los españoles, nos interesa mucho.

A pesar de las diferencias y a pesar de los puntos de vista a veces enfrentados y contradictorios que tenemos sobre tantas cosas, somos somos países hermanos, ¿no? Hablamos el mismo idioma, tenemos una historia en común. En Argentina, como en todos los países donde se produce un golpe de estado, los militares justificaron el golpe diciendo que la situación del país era insostenible, que querían impedir una dictadura comunista y acabar con varios grupos terroristas de extrema izquierda. Los militares dieron el golpe, impusieron una dictadura e iniciaron, entonces, una represión enorme a gran escala, muy cruel y muy sangrienta. Pero no solo de los grupos terroristas.

Las víctimas de la represión fueron también políticos, sindicalistas, profesores, estudiantes, periodistas, artistas, sacerdotes, activistas sociales y cualquier persona, cualquier persona sospechosa de tener una ideología de izquierdas. Para para reprimir a la a la a la parte de la población que no estaba de acuerdo con sus ideas, los militares usaron el terrorismo de estado, la detención y la encarcelación ilegal, la tortura, el asesinato y la desaparición de miles de personas. La idea era crear un estado de terror en una parte de la población. Las las detenciones se producían de forma totalmente ilegal, sin ningún tipo de juicio. Grupos formados por policías y militares llegaban a las casas de un sospechoso, de ser de izquierdas o de ser subversivo, como decían ellos, se lo llevaban detenido de forma ilegal y no se volvía a saber de esa persona nunca más.

Estaba desaparecido. Ni la familia ni nadie tenía acusaba,

nada. Se había evaporado de la faz de la tierra, estaba simplemente desaparecido. Lo que estaba pasando era, sin embargo, un secreto a voces, un secreto a voces, es decir, algo que todo el mundo sabía, aunque no se podía decir abiertamente. Todo el mundo sabía lo que estaba pasando. Esas personas esas personas habían sido detenidas por el ejército o por la policía de forma ilegal, sin sin ningún tipo de pruebas en su contra, simplemente por sospechas o por denuncias anónimas.

¿Dónde estaban? ¿Dónde estaban? ¿Qué qué qué qué qué había pasado con esas personas? De forma oficial, la respuesta de la dictadura era que estaban desaparecidas, no se sabía dónde estaban ni qué había pasado con ellas. Oficialmente, no había constancia del paradero de esas personas, simplemente, se se habían evaporado, se habían evaporado.

Después, poco a poco, se fue sabiendo qué es lo que lo que había pasado. Se se supo se supo que esas personas que habían sido detenidas de forma ilegal fueron sistemáticamente torturadas y después asesinadas. Muchos de los detenidos, a para que no se encontraran sus cuerpos y hacer así desaparecer todas las pruebas que pudieran implicar a los militares. Esto es lo que se conoce como los vuelos de la muerte. Es difícil dar un número exacto, pero hubo miles, miles de muertos, algunos hablan de quince mil, de veinte mil o de treinta mil personas asesinadas durante la dictadura argentina.

Cuando se habla de los horrores de una dictadura, normalmente se da el nombre del dictador o de las personas directamente responsables de los asesinatos y de las torturas cometidas. Se dice, por ejemplo, los nazis mataron a tantas personas. Augusto Pinochet, el dictador chileno, llevó a cabo una represión sangrienta. Stalin, en la Unión Soviética, fue también responsable de la muerte de miles de personas. Pero la verdad, la verdad es que todos todos esos crímenes no se hubieran podido llevar a cabo si esos dictadores no hubieran tenido colaboradores, cómplices, gente que ejecutó sus órdenes.

Los nazis, por ejemplo, pudieron llevar a cabo el genocidio de seis millones de personas en los campos de concentración gracias a todos los militares y funcionarios que trabajaban para el gobierno, médicos, enfermeras, personal administrativo, contables, abogados. También, también, abogados. También también todos aquellos que gritaban Heil Hitler y alzaban el brazo al paso del Führer eran responsables de forma indirecta de lo que estaba pasando. Los los hijos de puta del mundo, los hijos de puta del mundo solo pueden llevar a cabo sus fechorías si cuentan con el apoyo y la complicidad de una parte de la población. Ellos, por solos, no podrían.

Parece una cosa obvia, pero merece la pena recordarlo aunque sea duro de escuchar. En España, por ejemplo, se se habla a menudo de franco como un dictador que se mantuvo en el poder durante cuarenta años. Lo que se suele decir menos es que Franco contó también con el apoyo de muchos españoles que gritaban Franco Franco Franco. Saludaban con el brazo en

alto y lo apoyaron hasta sus últimos días.

Sinceramente, no creo, no creo, no hasta sus últimos días. Sinceramente, no creo, no creo que la dictadura, no creo que la dictadura franquista hubiera durado tanto tiempo si no hubiera contado con el apoyo de una parte de la sociedad.

Pero ahí tampoco

acaba la cosa, ahí tampoco acaba la cosa, Pero ahí tampoco acaba la cosa, ahí tampoco acaba la cosa, ni siquiera el apoyo de una parte de la población, del ejército, de la iglesia, de los jueces bastaría para explicar los crímenes de una dictadura. El miedo, Sí, sí, el miedo, el miedo también explica que los dictadores se sientan impunes para llevar a cabo sus crímenes. Mucha gente se calla y no y no hace nada por miedo. Es es humano, es humano, nadie nadie quiere terminar en una cárcel o en un campo de concentración, nadie desea que lo torturen, que lo fusilen y que lo entierren en una fosa común, o que lo arrojen vivo al mar desde un helicóptero. Es es comprensible tener miedo, es humano.

Pero también hay una actitud de una parte de la población de la que no se habla tanto, y que yo creo que explica muy bien por qué muchas dictaduras pueden durar muchos años y llevar a cabo una represión sangrienta sobre tantas personas. Es la actitud del por algo será, del algo habrán hecho. Esto es algo que se ve a menudo en en muchas dictaduras y también en en zonas donde hay terrorismo, mafia. En general, en cualquier situación en en la que se produce una agresión. Cuando un grupo comete actos de violencia contra otro.

Es decir, hay, obviamente, una parte de la población que colabora directamente con el dictador, con la organización terrorista de qué se trate, o con la mafia, son los que torturan, los que encarcelan, los que matan directamente. Luego, hay otra gente que da su apoyo y colabora con la dictadura, con los terroristas o con la mafia, pero de forma indirecta. Están también los que no hacen nada por miedo, los que callan porque no quieren convertirse en víctimas del miedo, como digo, es un sentimiento humano y merece todo mi respeto. Y luego están los que, cuando ven algo injusto, algo que no está bien, se encogen de hombros, se encogen de hombros y se se encogen de hombros y prefieren mirar para otro lado diciendo, por algo será, algo habrán hecho. Durante la dictadura argentina, esas frases, por algo será y algo habrán hecho, se hicieron muy famosas.

Cuando los grupos de policías y de militares iban a casa de alguien para detenerlo, o quizás lo lo metían en una furgoneta para llevárselo preso de forma ilegal, no lo hacían de forma oculta, no no no lo hacían a escondidas, lo hacían a plena luz del día y delante de todo el mundo. Todos todos sabían lo que estaba pasando, todo el mundo lo veía. Estaba ahí delante de todos. Y y algunos, cuando veían esas escenas, cuando veían que la policía se llevaba detenido, por ejemplo, a un chico o una chica joven en mitad de la calle, o que o que entraba en casa de alguien, un periodista, un profesor, un activista político, para llevárselo preso de forma ilegal, simplemente, se encogían de hombros, mostraban indiferencia y y despreocupación, y decían, por algo será, algo habrán hecho. Los dictadores, los terroristas, los mafiosos y todos los hijos de puta del mundo, lo tendrían mucho más difícil si no hubiera una parte de la población que ante sus crímenes simplemente se encogiera de hombros y mirase para otro lado diciendo que si se llevan preso alguien, por algo será, seguramente algo habrán hecho.

Es una actitud de falsa neutralidad, de no querer saber nada, de cerrar los ojos ante una injusticia, es una actitud de complicidad con el agresor, complicidad pasiva, pero complicidad al fin y al cabo. Recuerdo que en España, los primeros meses después de la muerte de Franco, algunas personas se declaraban appolíticos, appolíticos. Mientras mientras los franquistas y los antifranquistas discutían cuál debería cuál debería ser la forma de gobierno de España en el futuro, monarquía o república, democracia o dictadura. Algunos algunos españoles decían que ellos eran apolíticos, y se negaban a tomar partido por una postura o por la otra, porque podían ver podían ver que las dos partes, las dos posiciones, los que defendían la dictadura de Franco y los que luchaban por la democracia, tenían parte de razón, y se quedaban tan tranquilos, tan tranquilos. Yo yo es que soy apolítico, yo soy apolítico, decían.

O sea, o sea, que para esta gente, para esta gente, para los apolíticos, daba igual si triunfaban los franquistas y España continuaba siendo una dictadura, o si España era una democracia. Ellos ellos, los apolíticos, no se mojaban, no tomaban partido por una posición o por la otra, porque los dos bandos, los dos bandos tenían parte de razón, y ya está, tan tranquilos. Es esta actitud de querer ver los argumentos o las razones de las dos partes de un conflicto es algo que a me pone bastante nervioso. Me me pone de los nervios, como decía antes. Se puede ser neutral, se puede ser neutral o apolítico cuando hay una agresión?

Cuando hay una agresión, se puede decir que las dos partes tienen parte de razón. Cuando hay un ataque terrorista o un crimen mafioso, ¿se puede decir? Yo no nada, yo no nada, yo no he visto nada. Como como digo, durante la dictadura argentina, la actitud de encogerse de hombros y decir, por algo será o algo habrán hecho, se hicieron muy populares. Era era una forma de tranquilizar la conciencia, haciendo que la víctima fuera la responsable de lo que de lo que le estaba pasando.

De esa forma, de esa forma supongo que algunas personas podían dormir por la noche. Es como es como cuando se es como cuando se justifica o se minimiza una violación porque la chica llevaba la falda demasiado corta, o porque iba provocando. Repugnante, absolutamente repugnante. Levantar sospechas. Levantar sospechas sobre el comportamiento de la víctima de una agresión para explicar o justificar de alguna forma la agresión es algo que a mí, personalmente, me parece muy injusto y, sinceramente, me da bastante asco.

El culpable de una agresión es el agresor, no el agredido. Echar la culpa de una agresión a la víctima es injusto y moralmente inaceptable, y es algo que se hace demasiado a menudo, me parece a mí. La dictadura argentina, obviamente, fomentaba esta actitud. A los dictadores, a los torturadores, a los que hacen las guerras, a los que matan, a los que torturan y usan la violencia contra otras personas, les interesa crear esa actitud de duda en la población ante el comportamiento de las víctimas de la represión. Bueno, yo yo no justifico la violencia, yo quiero la paz, quiero la paz, pero pero, claro, hay que ver el otro punto de vista, hay que entender el punto de vista del que mata, el punto de vista del que tortura, el punto de vista del que viola.

¿En serio? ¿En serio? ¿Hay que hay que ver el punto de vista del agresor? ¿Hay que entender el hay que entender al que mata? ¿Hay que entender al que agrede?

¿Al que asesina? ¿En serio? La dictadura argentina fomentaba las dudas sobre las víctimas. Son terroristas, son terroristas, son comunistas, son subversivos, subversivos. Lo que hacemos, lo hacemos por el bien de la Argentina.

Si la respuesta de la sociedad en esas circunstancias es encogerse de hombros y decir, por algo será, por algo será, algo habrán hecho, algo habrán hecho, no estamos siendo neutrales, no. La neutralidad no existe cuando hay una agresión. Esto es algo que tenemos que tener todos muy claro, la neutralidad no existe. Si ante una agresión decimos, yo soy neutral, yo soy neutral, yo veo yo veo los dos puntos de vista, estamos estamos favoreciendo la agresión, estamos de parte del agresor, somos sus cómplices. A los dictadores, a los asesinos, a los torturadores les interesa tener una sociedad pasiva, despreocupada, que les deje hacer, que no se les oponga.

Por eso promueven las dudas sobre las víctimas. A los dictadores les interesa la gente neutral, la gente a los dictadores les interesa la gente neutral, la gente appolítica, la gente que ve la agresión desde los dos puntos de vista, desde el punto de vista de la víctima, pero claro, claro, pero también también desde el punto de vista del agresor, porque muchas veces el agresor el agresor es bueno, el agresor es bueno, pero se ve obligado a cometer la agresión. Pobrecito, pobrecito el agresor que tiene que agredir. Y volviendo volviendo a lo que decía al principio del episodio, todo esto de por por algo será y del algo habrán hecho, que que se decía durante la dictadura argentina, me lo han vuelto a recordar muchos de esos comentarios que me llegaron cuando me expresé en contra de la invasión de Ucrania y entrevisté a Irina aquí en el podcast. Me decían me decían, ay, ay, ay, no hables de política, enseña español y nada más.

Aquí aquí venimos a aprender español. Pues pues lo siento lo siento, lo siento, pero a me parece que la invasión de un país no es política. Los que los que hablan así, los que me piden que no haga política, están en realidad haciendo política ellos mismos. Los que hablan de neutralidad, los que me piden que ignore algo tan grave como la invasión de un país, los que me los que me piden que guarde silencio ante el bombardeando de ciudades, la muerte de civiles y la huida de millones de refugiados, están pidiéndome que sea cómplice de la agresión de un país a otro. Y esto no quiere decir que yo sea un experto en geopolítica ni en historia ni en nada, nada.

Por supuesto que hay muchas cosas, muchos detalles que desconozco de las relaciones entre Rusia y Ucrania, estoy seguro de que hay un montón de cosas que yo no sé. Pero pero lo que tengo muy claro es que cuando hay una agresión, cuando hay una agresión, hay que ponerse de parte del agredido nada más, nada más. Así de simple. Decir, bueno, yo no entiendo de política, yo no todos los detalles de lo que pasa, es un asunto entre ellos, es un conflicto que deben resolver ellos. No, eso yo lo tengo muy claro.

Cuando hay un ataque terrorista, cuando hay un asesinato de la mafia, cuando hay un gobierno, cuando un gobierno usa el terrorismo de estado para torturar a sus oponentes políticos, cuando se viola, cuando se asesina, no se puede ser neutral, así de simple, cuando hay una agresión, pedir la paz y decir que somos neutrales es ponerse a favor del agresor. Eso para está muy claro. En fin, chicos, espero que espero que nos no os haya parecido demasiado pesado el episodio de hoy. El próximo episodio intentaré que sea un poco más ligero, pero hoy tenía ganas de dejar algunas cosas claras. Lo siento si mi actitud os parece demasiado radical o si hay si a algunos no les gusta escuchar lo que digo, pero así soy yo, así soy yo, y en este podcast quiero mostrarme con sinceridad tal y como soy.

Quizá quizá estoy equivocado, no lo sé. Ya ya me decís lo que pensáis en los comentarios. Por el momento, lo vamos a dejar aquí. Un abrazo, un abrazo y nos vemos, no nos vemos, no nos vemos, nos escuchamos la próxima semana aquí en Español con Juan. Prometo prometo hacer algo un poco más divertido y ligero en el próximo episodio.

Hasta pronto. Hasta aquí el episodio de hoy, muchísimas gracias por escuchar hasta el final. Si quieres leer la transcripción de este episodio o de los episodios anteriores de nuestro podcast, visita nuestra página web, 1000 an 1 reasons to learn spanish. Allí encontrarás también ejercicios y muchos recursos para aprender español. Hasta pronto.

Podcast: Español con Juan
Episode: Por algo será…