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De viaje por Latinoamérica. Capítulo 1. Un viaje sin complicaciones. Me llamo Peter y soy de Estados Unidos. Tengo 25 años y hace más de 4 que estudio español.

Soy estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad, y antes de mi graduación y de comenzar a trabajar, decidí hacer mi sueño realidad, viajar por más de seis meses por América Latina para perfeccionar mi español y descubrir la gran variedad de colores y culturas que alberga el sur del continente. Este es mi diario de viaje. Mi familia vive en un pueblo pequeño en el campo. Hay mucho bosque, árboles de frutas y animales por todos lados. Cuando era niño, me gustaba mirar por la ventana e imaginarme que cruzaba todo el campo de maíz con mi bolso al hombro y alcanzaba el océano, tomaba un barco y llegaba a hermosos y lejanos lugares.

Entonces, mi madre me gritaba, «¡Ya, Peter, deja de soñar despierto!» y yo regresaba a mi escritorio a terminar mis tareas. En aquel tiempo, nunca imaginé que años después regresaría a ese mismo escritorio, en el cuarto de mi infancia, a planear un verdadero viaje que me llevaría a atravesar mares, desiertos y selvas. Y mi madre me diría, Peter, nunca cambias. Mi madre es maestra de escuela primaria. Tiene una voz muy dulce, sonríe mucho y cocina muy bien.

Es una persona muy querida en nuestro pueblo. Tiene ojos grandes y azules. Su cabello es color rojizo, ondulado y llega hasta sus hombros. Siempre usa vestidos largos y coloridos. Mi padre es granjero.

Tiene un gran campo de maíz justo detrás de nuestra casa. Además, se hace cargo del establo, en el que hay más de 20 vacas, algunas gallinas y cerdos. Es muy alto, de nariz grande y rasgos duros que contrastan con su carácter cariñoso y amigable. A mi padre le gusta mucho contar historias. Cuando era niño, no lograba dormirme sin antes escuchar uno de sus cuentos.

A mis padres les encanta la vida en el campo, los animales, el aire puro, las plantas y las flores. Nuestro patio está lleno de girasoles, hortensias, narcisos y lirios muy hermosos y de todos los colores. Al inicio del verano, decidí venir a casa de mis padres para planear mi grandioso viaje. El viaje de seis horas en tren, desde mi universidad, al campo, fue el inicio de mi gran aventura. Al llegar a casa, mi madre tenía preparado un gran banquete, como cada vez que la visitaba.

Había pescado del río junto a la casa, carne preparada por mi padre, puré de papas del huerto, una gran ensalada fresca, maíz cocido con mantequilla, pan fresco y, por supuesto, un gran pastel de manzana recién horneado. Cuando nos sentamos en la mesa, Mi madre me miró e inmediatamente dijo, Peter, tienes algo que contarnos, ¿verdad? Como siempre, mamá. sabes leer mi mente. Dinos de qué se trata, hijo.

Adivinen. ¿Regresas a vivir a casa? No, no, no. ¿Ya tienes un trabajo? No, no, no, no.

Ya. Al fin conseguiste novia. Mamá, nada de eso. Esta vez no estuviste nada cerca de adivinar. Me voy de viaje por América Latina.

Pero, ¿cuándo? ¿Cuánto tiempo? ¿Con quién? ¿A qué lugares? Espera, espera.

No tan rápido que ya olvidé las primeras preguntas. Vamos una por una. ¿Cuándo vas a viajar? Me voy en una semana. Estaré aquí en casa planeando todo y viajaré directamente del aeropuerto de la ciudad.

¿Con quién viajas? Pues, yo solo, pero estoy seguro de que haré muchos amigos en el camino. ¿Y qué ciudades o países vas a visitar? Bueno, eso está por definirse. Quiero viajar con mucha libertad y elegir algunas de las ciudades cuando ya esté en camino.

Pero planeo visitar México, América Central, el Caribe, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil. Y bueno, ¿quién sabe si después se me ocurra ir a algún otro lugar. Además de visitarlos, para eso estoy aquí. Tengo un montón de guías de viaje aún por leer. Mi madre se quedó en silencio por unos segundos y después sonrió y dijo, vaya, Siempre supe que tenías un corazón aventurero.

Mi padre se levantó de su silla, me abrazó y dijo, ¡por fin podrás crear tus propias historias! Me sentí contento y emocionado de compartir la alegría de mi próximo viaje con mis padres. Entonces, mi comida de bienvenida a casa se convirtió en un festejo. Llené mi plato con todo lo que había en la mesa. Comí un gran filete de carne, más de tres tomates, un filete de pescado entero, llené mi plato con puré y aún así tuve espacio para una enorme rebanada de pastel de manzana.

Finalmente, mi padre sacó una botella de vino de la alacena y las mejores copas de la vajilla de mamá y brindamos los tres por las aventuras que me esperarían en los meses siguientes. Mientras platicábamos y sonreíamos, llegó Fido, el perrito de mis padres, saltando y moviendo la cola. Parecía que él también festejaba. ¡Pero Fido, ¿dónde habías estado? Al parecer había pasado el día entero corriendo por el campo junto a las vacas y estaba cubierto de tierra.

Fido es un labrador de color café claro. Es un poco gordo, pero atlético. Lo tenemos desde que era un cachorro. Y siempre ha sido muy travieso. Ahora parecía un perrito callejero, con su cola y sus patitas llenas de lodo.

Los cabellos duros y terrosos. Fido. Ahora sí, te toca un baño. A la mañana siguiente, después de una noche de mucha comida y celebración, fue complicado levantarme de la cama. Tenía dolor de cabeza y mi estómago hacía ruidos extraños.

Pero era hora de comenzar mi gran plan. Fui a la cocina para tomar un vaso de agua y me encontré con que mi madre ya había salido a trabajar, pero había dejado una sorpresa para en la mesa. Se trataba de un enorme plato con huevos fritos, tocino, pan tostado, un gran vaso de jugo de naranja y otro con agua y pastillas para el dolor de cabeza. Al lado había una nota que decía, para mi pequeño gran viajero, No más brindes y más trabajo. Es hora de planear tu gran viaje.

No cabe duda, mi madre es un verdadero ángel. Tomé mi delicioso desayuno y los ánimos regresaron a mi cuerpo. Entonces, tomé los más de 10 libros de viaje que cargaba en mi mochila y me puse manos a la obra. Ordené los libros en el escritorio de mi cuarto. Parecía increíble realizar mi gran plan en la misma habitación en la que soñé tantas veces cruzar el mar.

Me detuve a observar por un minuto. Mi cuarto de la infancia tiene una cama pequeña sobre la cual cuelgan todavía muchos recuerdos de mi niñez, afiches de mis películas favoritas, Indiana Jones, Jumanji y por supuesto Jurassic Park, mis preferidas para sentirme todo un aventurero. Justo al lado de la cama hay un buró con todas mis fotografías y trofeos. Está la foto del campamento de verano junto al lago con mis primos. La de mi graduación de la escuela secundaria.

La del torneo de béisbol en la que ganamos 10 a 2 al equipo del pueblo vecino. Y, por supuesto, la de mi primer gran concierto con la banda escolar. Al lado, el trofeo del torneo de béisbol, mi medalla del torneo de ajedrez y mis estrellas de niño explorador. ¡Increíble! Mi infancia entera cabe en un solo buró, pero en el escritorio, junto a la enorme ventana, mi parte favorita del cuarto, están los libros en los que se dibuja mi futuro.

Desde la ventana se ve el campo de maíz y justo al lado de ella está un enorme mapa del mundo que tengo desde los 12 años y que coloré yo mismo. En el Océano Pacífico dibujé una ballena azul y un calamar gigante que viaja desde Alaska hasta las costas de Chile. En el Caribe, un barco pirata que zarpa desde Cuba hasta España, cargando oro y otros tesoros. En el continente americano, dibujé muchas carreteras, todas saliendo desde mi pueblo y llegando hasta el Polo Norte y hasta la Patagonia Argentina. Dibujé una enorme selva que me dijeron estaba en el estómago de América del Sur y muchos pájaros volando.

Espero verlos pronto. Entonces, mientras mi mente fantaseaba con los caminos que estaba por recorrer, sonó el teléfono. Bueno, ¿con quién desea hablar? Pregunté. ¿Está ahí Peter Pecas?

Respondió una chica cuya voz no reconocí. Número equivocado, supongo. No, tonto. Soy yo, Chloe. ¿Qué, no reconoces mi voz?

Pero claro, ¿quién más me llamaría Peter Pecas? Imagino que ya estás en casa. ¿Puedo pasar a verte? Pero claro, aquí te espero. Chloe y yo nos conocimos cuando los dos teníamos cinco años en la escuela maternal.

Yo no lo recuerdo muy bien, Pero ella cuenta que después de que mi madre me dejó en la puerta, yo lloraba tanto que los demás niños de la clase se asustaron. Entonces, ella me regaló una paleta de fresa que tenía guardada en su mochila para la hora del almuerzo. Y, como por arte de magia, dejé de llorar para comer el delicioso dulce. Yo no si la historia es totalmente real, pero ella la cuenta todo el tiempo. Desde entonces, siempre compartimos desde los dulces para el almuerzo, hasta los campamentos de verano y las clases de música.

Mi amiga Chloe tiene los ojos negros, cabello corto y rizado. Es delgada y mide 1, 60. Habla todo el tiempo y le gusta mucho cantar. Ella no fue a la universidad como yo. Su madre tiene una pastelería en el pueblo, de la que ella se hace cargo ahora.

Es, después de mi madre, la mejor cocinera que conozco. Como siempre, Chloe llegó en su bicicleta roja, en la que anda a todos lados. Entró corriendo a mi cuarto y me dio un gran abrazo. Traía bajo el brazo una bolsa de papel. —Pero, ¿qué tienes ahí?

—pregunté. —¡Qué más que tu pastel favorito! Rápidamente desenvolvió el papel y sacó un pequeño pastel de limón con crema batida. Hicimos los libros a un lado y lo comimos en ese instante. Estómago lleno, corazón contento, exclamé.

—Eres demasiado básico para ser un casi graduado universitario, respondió Chloe riendo. —Entonces, ¿listo para contarme tu gran plan? Preguntó emocionada. —Más que contarte, me ayudarás a hacerlo, Le respondí mostrando la pila de libros que tenía junto a mi computadora y bajo el mapa de múltiples colores. Pero, ¡por supuesto!

solo dime, ¿por dónde empezamos? ¿Qué sugieres? Le pregunté. Pues, comencemos por dar un paso para despejar la mente. Pero claro, ¿cómo no se me ocurrió?

Respondí sarcásticamente. Accedí, aunque estaba un poco preocupado por dejar mis libros abandonados sobre la mesa, pero sabía que paseando con Chloe siempre pasaban cosas emocionantes y me podría inspirar. Tomé mi bicicleta y salimos juntos por el camino junto al campo de maíz que llevaba al centro del pueblo. Hacía buen clima, el cielo estaba completamente despejado y el sol brillaba con fuerza. A lo lejos vimos el río y muchos árboles grandes que creaban un hermoso paisaje.

Bajamos una colina a toda velocidad y gritando como cuando éramos niños. Cuando entramos al pueblo me encontré muchas cosas distintas. Tiendas nuevas y restaurantes. ¡Wow! Y hacía solo un año que no visitaba al pueblo.

Repentinamente, Chloe se detuvo frente a un edificio que yo no conocía. ¡Es el destino! Gritó. ¿Qué? Pregunté desconcertado.

No entiendo de qué hablas, Chloe. ¡Mira! Acaban de abrir una nueva tienda de artículos de viaje en el pueblo. Así es como te ayudaré a planear tu viaje. Te ayudaré a elegir todo lo que necesitas porque seguro no tienes nada listo, ¿verdad?

Y Chloe tenía razón. Además de los libros de viaje y mis sueños y fantasías, no tenía nada aún preparado para mi gran aventura. Así que, era el momento perfecto para comenzar. Hagamos una lista mental de lo que necesitas para tu viaje. ¿Estás de acuerdo?

Claro. Bueno, necesito una maleta o una mochila, unas botas por si es necesario caminar, y unas sandalias para cuando esté en la playa, un traje de baño, pero también una chamarra para cuando esté en la montaña, una toalla, una bolsa de dormir, una navaja suiza también me podría ser de utilidad. ¡Guau! que necesitas muchas cosas. Entonces, manos a la obra.

Salimos de la tienda con una bolsa repleta de cosas. Me sentía listo para la playa, la montaña, el desierto, todo lo que se atravesara en mi camino. Entonces Chloe me dijo, tengo un plan. Te gusta la aventura, ¿verdad? Claro, lo sabes, le respondí.

Entonces, que tu viaje sea un viaje de aventura. No leas los libros. Descubre los lugares así, nada más, caminando por las calles, hablando con la gente, como aquí en el pueblo. La idea de Chloe me dejó pensando. Nos despedimos frente a su pastelería y me dio una rebanada de otro de mis pasteles favoritos.

Regresé a casa cansado, pero contento. Comí el pastel mirando por la ventana y pensando en el mar que estaba tan lejos de casa. Y decidí que haría lo que ella dijo. Estaba listo para una aventura y dispuesto a vivirla. Resumen.

Peter es un estudiante universitario que estudia Relaciones Internacionales y Español. Antes de terminar sus estudios, decide realizar un viaje de seis meses por América Latina. Antes de salir de viaje, decide visitar a su familia en el pueblo donde creció. Ahí se encuentra con sus padres y con su mejor amiga de la infancia, con quien realiza un emocionante recorrido por los mismos lugares que visitaban cuando eran niños. Mientras realizan este paseo, se encuentran, por casualidad, con una tienda de productos de viaje.

Ahí, su amiga Chloe lo ayuda a encontrar todo lo que necesita para iniciar su gran aventura. Chloe platica con él y le da una idea que cambia sus planes.

Summary. Peter is a student at university who majors in international relations in Spanish. Before finishing his studies, he decides to make a six-month trip to Latin America. Before heading out on his trip, he decides to visit his family at the town where he grew up. There, he meets up with his parents and his childhood best friend, with whom he goes on

a Latinoamérica. Antes de salir de su viaje, decide visitar a su familia en la ciudad donde creció. Allí, se encuentra con sus

padres y su amigo de mejora de infancia, con quien va en camino a los mismos lugares que visitaban cuando eran niños. Mientras están en este paseo emocionante, encuentran una tienda de equipos de viajes por chance. Allí, su amigo Chloe le ayuda a encontrar todo lo que necesita para empezar su

gran aventura. While they are on this exciting stroll, they find a travel gear store by chance. There, his friend Chloe helps him find everything he needs to start

his great adventure. While talking, Chloe gives him an idea that changes his travel plans.